sábado, 25 de mayo de 2024

Peter Higgs sigue vivo en una canción de Nick Cave

 

El científico detrás del gran descubrimiento en Física es el foco de ‘Higgs Boson Blues’, la canción de Nick Cave que fusiona ciencia, arte y pasiones en un viaje hacia el misterio de la ‘Partícula de Dios’.

El chico del subte B o D sorprende a los pasajeros al pedirles una palabra para comenzar un trap a capella con su parlante portátil y pasar la gorra. Surgen ‘vagón’, ‘risa’, ‘gente’, ‘lluvia’… lo que observan alrededor… si desvían la mirada del celular. Es poco probable que alguien piense en palabras como ‘fermión’, ‘bosón’, ‘partículas elementales‘. O el bosón de Higgs.Y, sin embargo, aunque nadie los aporte para el flow del joven practicante de freestyle, son la base de todo lo que nos rodea.

Nick Cave lo hizo. No importa si sabía que todo lo que nos rodea está formado por partículas elementales, pero el caballero de cabello ala de cuervo negro lo visualizó. Hace unos diez años, en una improvisación junto a su arreglador musical Warren Ellis, compuso la asombrosa y extraña: “Higgs Boson blues”, que forma parte del disco Push the sky away. Es una canción que explora la ‘partícula de Dios’ y el bosón de Higgs, inspirada en la teoría del premio Nobel Peter Higgs, uno de los mayores físicos del siglo XX, quien murió el pasado martes a los 92 años.

El mayor logro del Gran Colisionador de Hadrones fue la detección en 2012, un año antes de la canción, del bosón de Higgs. La partícula fundamental para comprender el origen de la materia que conforma todo lo que percibimos, que da forma a todas las demás partículas del Universo.

Peter Higgs, 

Canciones sobre amor y física cuántica

Hay canciones sobre amor y rupturas, pérdidas, amistad, dolor, crecimiento, familias, desesperación (a menudo parecidas) y escapismo y sobre política. Sin embargo, no es común encontrar letras que aborden ciencias como la astronomía, la química o la física.

El investigador y científico polaco Roald Hoffmann, ganador del Premio Nobel de Química en 1981, escribió un poema sobre los solitones, las ondas que se propagan sin deformarse y que se utilizan en telecomunicaciones. Aunque parezcan temas distantes, la intersección entre el amor, arte y ciencia ofrece perspectivas fascinantes:

Tú eres una onda; en

tus ojos me

hundo de buena gana.

No somos solitones,

no podemos atravesar

inalterados.

(“Tsunami”, de Roald Hoffmann)

Este blues del bosón de Higgs es una road movie musical y de narrativa heterodoxa de casi 8 minutos, inspirada en partículas elementales y física cuántica, que relata el camino hacia el acelerador de partículas de Ginebra, el Gran Colisionador de Hadrones entre corazones delatores, pactos faústicos, visiones del infierno y estrellas de la musica. Arte y ciencia en su expresión más perfecta.

De la partícula de dios al infierno

En una entrevista, Nick Cave compartió que lo que realmente le impactó fue el concepto de la «partícula de Dios’. La teoría de Higgs, por supuesto, no tiene relación con la teología y tanto él como otros científicos consideraban una ‘exageración sensacionalista’ llamarla así. No obstante, lo que logró Higgs fue un acercamiento a cómo se pudo haber formado la materia tras el Big Bang.

La canción comienza como un sueño. El narrador declara, al son de las guitarras que acompañan todo el blues, que «no puede recordar nada». El tono de la voz carga bronca y rencor, creciendo a medida que avanza la melodía. Describe «árboles en llamas al lado de las calles» con un tono apocalíptico, similar al verde apagado y gris glaucoma del comienzo de la novela y película «La carretera» de Cormac McCarthy, también musicalizada por Cave y Ellis.

Y Cave y el narrador repiten y preguntan, «¿Escuchaste hablar del bosón de Higgs?», como si fuera un antiguo blues del delta del sur de Estados Unidos, con llamada y respuesta. Es en este momento cuando comienza el descenso al infierno, la road movie contenida en una canción de un hombre que busca llegar a Ginebra, donde se encuentra el acelerador de partículas que confirmó la teoría de Higgs.

La canción empieza a tranformarse en un Aleph, ese punto que encierra la totalidad de los puntos y que, al igual que en la Cábala, es símbolo de dios. La canción es críptica pero se abre como una ventana hacia este mundo y hacia otros mundos posibles. Un portal.

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El gran Colisionador de Hadrones o  “partícula de dios» , cerca de Ginegra

La canción es un Aleph propio de Cave, donde se entrelazan mitologías modernas (Cave escribió su versión micro de Ulises o la de Orfeo al son del gospel, en el álbum Abbatoir Blues / The Lyre of Orpheus). También encontramos la parada en Memphis como parte de una «Presliada» (la Iliada de Elvis Presley, como la llamó el crítico Greil Marcus al referirse a la relación entre el rock y la música norteamericana): «Todos los relojes se detuvieron en Memphis», canta Nick Cave. Es como un Big Bang de la música moderna.

Cave y Dylan: imágenes del presente, visiones del infierno

El auto, el ritmo, el swing no se detienen: el relato anuncia un infierno circular y  dantesco . Como el Gran colisionador de hadrones: una circunferencia de 26,7 km, a una profundidad que varía de 50 a 175 metros bajo tierra, debajo de la frontera entre Francia y Suiza, cerca de Ginebra. “¿Puedes escuchar el latido de mi corazón?” repite el segundo estribillo, como si acercarse a la partícula de Dios pusiera en riesgo su vida.

Bob Dylan se inspiró en diarios leídos en la hemeroteca para componer su oscura «A Hard Rain’s A-Gonna Fall»: «Vi diez mil oradores con lenguas rotas, vi niños y niñas sosteniendo pistolas y espadas«, una canción interpretada como su reacción a la lluvia ácida y a una posible bomba atómica durante la guerra fría.

Y en un eco oscuro y casual de continuidad, Nick Cave sintoniza con Dylan y con su propio tiempo, el de la partículas elementales y de Dios, al cantar: “Y aquí viene Lucifer, con sus libros de derecho canónico y 100 bebés negros cuelgan y corren bajo su mandíbula genocida”. 

Cave toma los mitos y los subvierte, como la figura de Fausto de Goethe a través de la leyenda de Robert Johnson y su pacto con el diablo en un cruce de caminos. Un cruce de culturas también. Como el Fausto de Estanislao del Campo, con un Cave gauchesco que le da  más crédito al pillo guitarrista de blues que a Lucifer: “Robert Johnson y el diablo / te digo man: no sé quién va a estafar a quién”. 

Lo nuevo y la palabra de Nick Cave

«Higgs bosson blues» es una canción circular y de peregrinaje. Una road movie musical de 8 minutos y 27 kilómetros bajo tierra, entre lo mejor del cancionero de sus útimos discos (junto a «Spinning song», «Distant sky», «Jubillee street» o «White elephant»). Casi al final dice: “que por favor que amanezca el maldito día de una vez / los días lluviosos siempre me ponen triste / Miley Cyrus flota en una piscina en el lago Taluca… Y no recuerdo nada en absoluto… no importa lo que traiga el futuro

Mientras tanto, Nick Cave ya anunció un nuevo álbum, Wild god, que saldrá el 30 de agosto y que cuenta con miembros de Radiohead como invitados. Esta vez eligió una palabra más sencilla, díos. Pero con Cave nunca se sabe: encuentra poesía en la física, revela un universo de significados entre las notas musicales y el orden o el caos del mundo. Entre la ciencia y el arte.

Fuente: Pagina12

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