«La Sierva»: una adaptación teatral que revitaliza los mecanismos de la sumisión

Andrés Rivera lanzó su obra novelística «La Sierva» en el año 1992, centrando la trama en la compleja interacción entre Lucrecia Basualdo, una empleada doméstica, y Saúl Bedoya, magistrado, ambientada en la Argentina de la segunda mitad del siglo XIX. La pieza recibió el reconocimiento de la Fundación El Libro como la mejor creación literaria de autor nacional en el mismo año de su publicación. A comienzos de la década del 2000, la pieza fue trasladada al escenario bajo la dirección de Andrés Bazzalo. En la actualidad, la narrativa vuelve a ser representada bajo la batuta de Daniel Moreno, con un reparto integrado por Rosario Suban, Daniel Troppino y Darío Serantes.
«Las palabras me resultan esquivas» declara la figura de Lucrecia (Rosario Suban) al inicio, y, pese a ello, ella asume la función de narradora, tal vez el único instante en que posee autoridad, pues el eje central de la obra radica en explotar la fragilidad del otro. La acción se desarrolla en una época en la que la condición femenina ya constituía una condena. La protagonista, como sugiere el título, ha prestado servicio a diversos varones a lo largo de su existencia, limitándose a obedecer. Su tarea no se reduce a proveer alimento o aseo, sino también a satisfacer deseos sexuales. No obstante, Lucrecia alberga la fantasía de, algún día, invertir la jerarquía.
«Ser patrona es innato», afirma con altivez Saúl Bedoya (Darío Serantes), actual señorío de la protagonista. A medida que avanza la pieza, Lucrecia procura imponerse sobre su “amo”, recordándole que, en el pasado, eliminó a un hombre (Daniel Troppino) a quien también servía. Sin embargo, cuando Bedoya se halla en su momento más débil, aquejado por una fiebre, Lucrecia se inclina y mantiene la cabeza baja. ¿Resulta posible eludir los papeles asignados o éstos constituyen nuestra condena más profunda?
Una puesta en escena perturbadora
Durante el desarrollo de la representación, los intérpretes adoptan conductas crudas y agresivas, reflejando la deshumanización propia de la época. Este efecto se potencia mediante la escenografía lumínica y sonora. Los episodios de violencia y los encuentros eróticos se envuelven en penumbra y aturden la percepción del público, simbolizando la asfixia que experimenta Lucrecia.
Dirección a cargo de Daniel Moreno, con actuaciones de Rosario Suban, Daniel Troppino y Darío Serantes.
Aunque el escenario cuenta con solo tres artistas, el contexto sociopolítico se impone por sí mismo y colma los vacíos narrativos. Bedoya no se limita a ser un patrón; también ejerce como juez vinculado a círculos de poder. De este modo, la obra dibuja con palabras el clima corrupto y autoritario que azotaba al país, constituyéndose en una pieza histórica que no ha perdido vigencia.
El renacer de «La Sierva» no es fortuito. Incluso en una era de deconstrucción, la pieza conserva su relevancia. La dialéctica entre amo y esclavo atraviesa las épocas como una constante de las relaciones humanas, y, en una perspectiva más amplia, los conflictos de clase –más allá del género– siguen vigentes. A pesar de la distancia temporal, la obra invita a la reflexión, pero sobre todo a la incomodidad.
Datos de producción
Autor: Andrés Rivera. Adaptación y dirección: Daniel Moreno. Reparto: Rosario Suban, Daniel Troppino y Darío Serantes. Iluminación: Roberto Traferri. Vestuario y escenografía: Jorgelina Herrero Pons. Coreografía: Mecha Fernández. Música: Facu Moreno‑Ruggi Grignani. Fotografía: Camilo Moreno. Asistencia de dirección: Clara Lucía Biondo. Producción ejecutiva: Claudia Quinteros. Duración: 70 minutos.
Fuente: Ambito.com




