El regreso de las tres M de Fritz Lang al cine

“Las tres M de Fritz Lang”, bajo ese epígrafe el Instituto Goethe inaugura, a partir de este martes, una serie de proyecciones que transitarán por la Sala Lugones de la Ciudad de Buenos Aires, el Cine York de Olivos y el Lumière de Rosario, presentando tres de los filmes más emblemáticos del director. Con una diferencia mínima respecto a las dos M de Marilyn Monroe, estas tres M aparecen, en orden cronológico, como “Metropolis”, “M, el vampiro negro” y “El testamento del doctor Mabuse”. Es pertinente recordar que, entre 1919 y 1960, y a lo largo de Alemania, Francia y Estados Unidos, Fritz Lang abordó géneros tan dispares como la aventura, la epopeya, el thriller, la ciencia ficción, la denuncia social e incluso alguna comedia romántica de matiz amargo, como “Las tres luces” y “Liliom”, rodadas en París mientras planeaba su silenciosa emigración a Hollywood, dejando atrás los halagos del régimen nazi y a su esposa y guionista Thea von Harbou.
Fue por ella que abandonó años atrás a su primera esposa, Lisa Rosenthal. Por su parte, von Harbou dejó a su marido, el actor Rudolf Klein‑Rogge, pero con la diferencia de que ella impulsó la carrera de Klein‑Rogge, quien se convirtió en el doctor Mabuse, en el rey Etzel de “Los nibelungos” y en el científico desquiciado de “Metropolis”, papeles que le otorgaron fama internacional.
Aún hoy, la película sigue resultando asombrosa. Rodada en 1926 a partir de la novela de von Harbou, adaptada por la propia autora, “Metropolis” proyectaba una visión del mundo un siglo más adelante, anticipando tanto avances tecnológicos como retrocesos sociales. En el ámbito técnico, introdujo conceptos de robótica e inteligencia artificial; en el social, retrató una profunda división de clases y una gestión de masas por parte de la élite capitalista. A este marco se suman la maestría narrativa de Lang y los efectos especiales pioneros de Eugen Schüfftan y su equipo, que siguen sorprendiendo. Con el paso del tiempo, la película fue recortada hasta quedar en versiones muy breves; no fue sino hasta 2008 que Buenos Aires recibió la única copia íntegra que sobrevivía en el planeta, y la posterior restauración alemana completó la obra tal como se exhibe hoy.
Como curiosidad, existe la llamada “versión Moroder” de 83 minutos, estrenada en 1984, que incorporó un tratamiento colorido, modificaciones en el montaje y una banda sonora con la participación de Freddie Mercury, Bonnie Tyler y otros intérpretes populares. También se realizaron versiones musicales, como la del compositor argentino Martín Matalón en 1986, y, sorprendentemente, una adaptación animada conocida como “Metropolis de Osamu Tezuka”, escrita en 1949 y animada por Kintaro en 2001 bajo guion de Katsuhiro Otomo, que sustituyó a la frágil robot femenina de Lang por una adorable criatura mecánica en crisis de identidad.
Otras obras
Varias cintas de Fritz Lang han encendido la imaginación de numerosos creadores posteriores. “M, el vampiro negro”, estrenada en 1931, se inspiró en el caso real de un asesino de niños apodado “el vampiro de Düsseldorf” y, como pieza esencialmente alemana, plantea la cuestión de quién debe defender los intereses del pueblo – un tema candente en la época. La película fue reinterpretada en Estados Unidos bajo el título “M, el maldito”, dirigida por Joseph Losey en 1951; aunque fiel, adoptó un tono algo teatral y profundizó la influencia de la mafia como fuerza paralela que intenta imponer su propia justicia. En 1953, el uruguayo Román Viñoly Barreto realizó una versión argentina ambientada en Buenos Aires, titulada “El vampiro negro”, que enfatiza la angustia moral del propio asesino. El papel de Nathan Pinzón contrasta con la interpretación de Peter Lorre en la versión original. Un dato adicional: en el polémico “Hitler, un film de Alemania” (1977) de Hans‑Jürgen Syberberg, se incluye el escalofriante monólogo del asesino confesando que no controla sus actos, sino que es arrastrado por un impulso criminal; el texto se mantiene idéntico, pero el personaje lleva el uniforme de la SS, ofreciendo una lectura impactante.
Las peripecias del doctor Mabuse, genio del mal, fueron objeto de múltiples lecturas y relecturas desde su aparición. Un personaje escurridizo, manipulador, de moral ambigua y gran inteligencia, interesado en finanzas y en las variadas formas del delito, generó tanto temor como admiración. Sus aventuras resultaron, probablemente, de las más exitosas en taquilla. El personaje apareció por primera vez en “Doctor Mabuse, el jugador” (1922), volvió en “El testamento del doctor Mabuse” (1933) – que hoy revisamos – y reapareció en “Los mil ojos del doctor Mabuse” (1960), la última película dirigida por Lang.
Tras su retiro, el creador observó cómo su creación cobraba vida propia en la interpretación de otros actores y bajo la dirección de diferentes realizadores, incluso el argentino Hugo Fregonese durante su paso por Italia. Mabuse regresó perseguido por Scotland Yard, el FBI, la Sûreté, convirtiéndose en una figura invisible, intocable, adaptada al espíritu de los años 60, 70 y más allá, siempre acompañado de nuevas armas y nuevas compañeras. La última aparición conocida del personaje data de 2018; sin contar los cortometrajes, que ya nos llevan hasta la actualidad, el mal continúa imponiéndose.
Fuente: Ambito.com





