sábado, 25 de mayo de 2024

«Corresponsal», relato de un camino sin salida

 

Tomando elementos de la Historia, en particular los vínculos entre el gobierno militar y el periodismo adicto, el director construye una ficción con aires de pesadilla. 

CORRESPONSAL 7 puntos

(Argentina, 2024)

Dirección: Emiliano Serra.

Guion: Emiliano Serra y Santiago Hadida.

Duración: 75 minutos.

Intérpretes: Gabriel Rosas, Edgardo Moreira, Ximena Banús, Gaby Pastor, Agustín Rittano.

Estreno exclusivamente en Cine Gaumont y espacios Incaa.

Hay dos películas disímiles, pero que comparten la afición por la paranoia, presentes de manera consciente o inconsciente en el ADN de Corresponsal. Por un lado, La conversación, la obra maestra de Francis Ford Coppola, con ese espía encarnado por Gene Hackman atrapado en su propia telaraña sonora; por el otro, la notable adaptación de la novela de Humberto Costantini La larga noche de Francisco Sanctis, dirigida por Andrea Testa y Francisco Márquez. Es que en el nuevo largometraje del montajista y realizador Emiliano Serra, presentado hace algunas semanas en la sección competitiva nacional del Bafici, el protagonista debe moverse con cuidado en la Argentina de 1978, pocos meses antes del inicio del Mundial. Al menos luego de que el relato avance lo suficiente, ya que al comienzo Eduardo Ulrich, periodista al servicio de más de un régimen dictatorial latinoamericano, parece moverse como pez en el agua en esos tiempos convulsos y sangrientos. Aunque más temprano que tarde, como le ocurría a Harry Caul, será asfixiado por su propio oficio, la locura tocando con insistencia la puerta.

Ulrich (Gabriel Rosas) exuda el porte de un hombre opaco, grisáceo, poco afecto a la manifestación de aquello que ocurre en su interior, aunque el reconocimiento de su identidad por parte de una pasajera brasileña durante el regreso al país conjura el nerviosismo. De profesión cronista, sus notas para una revista local están escritas con estilo neutro periodístico, pero su contenido duro es dictado por terceros. Al inicio de Corresponsal, Ulrich, que también toma las fotografías que ilustrarán los textos, dispara la cámara en modo policíaco frente a una serie de libros y panfletos marxistas, armas y otros elementos “de la subversión”, antes de hacer lo propio con una pequeña niña cuyo futuro le depara una segura orfandad. El hombre regresa a la triste habitación de hotel y tipea en su máquina de escribir el próximo artículo, por el cual recibirá un grueso sobre color manila.

Serra construye el relato partiendo de un aparente naturalismo, pero lentamente comienza a enrarecer los ambientes con una creciente sensación de amenaza latente, en principio lejana y sin forma. El casillero cero de ese cambio tiene un origen claro, el pedido de su editor de aceptar un trabajo diferente, por el cual le pagarán, lógicamente, mucho más dinero: hacer las veces de investigador privado y seguir a un médico exiliado del cual se sospecha que puede integrar una célula desestabilizante. El responsable del encargo tiene rostro y Ulrich lo descubre durante la entrega de su primer informe: luego de caminar por pasillos poco iluminados y pasar ante un Falcon color verde, el hombre en cuestión (Jorge Prado, aquí particularmente tenebroso) lo recibe con sequedad y aires sombríos, cabal definición de su cuerpo y alma.

Más allá de alguna imagen fugaz que deja de lado la sugestión, Corresponsal trabaja alrededor de aquello que no se ve (porque es mejor no verlo, podría pensar Ulrich), elaborando un fuera de campo ominoso pero siempre presente, ubicuo a tal punto que comienza a alterar la percepción del protagonista. El sonido de unas palomas que hacen nido en el techo del hotel adquieren un carácter fantasmal, acrecentado por la mezcla de audio expresionista, al tiempo que la relación de Ulrich con dos mujeres –una joven que ayuda en un comedor y a quien también debe investigar; una pareja ocasional de origen paraguayo, o tal vez su esposa, que no duda en pasarse al guaraní cuando descubre sus secretos– signan indirectamente el camino sin salida del protagonista. Tomando elementos de la Historia, en particular los vínculos entre el gobierno militar y el periodismo adicto, Serra construye una ficción con aires de pesadilla. Un engranaje diminuto cuyo horror inherente señala hacia la gran maquinaria de la muerte.

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Fuente: Pagina12

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