jueves, 30 de mayo de 2024

Taty Almeida, la trascendencia de la historia en primera persona

 

El auditorio de la UMET fue escenario de algo más que una proyección: la  propia Taty verbalizó la renovada esperanza por la multitudinaria Marcha Federal Universitaria.

La vida de Taty Almeida es pública por razones trágicas. El 17 de junio de 1975 su hijo Alejandro fue secuestrado por la Triple A y desde entonces está desaparecido. A lo largo de estos años Taty supo convertir ese dolor íntimo y personal en una lucha colectiva. Algo de ese recorrido muestra Taty Almeida. Historia de una Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, documental del docente y realizador Claudio “Pipo” Sautu que se estrenó el miércoles 24 en el auditorio de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET).

La proyección contó con personalidades destacadas como Dora Barrancos, Horacio Pietragalla, Nicolás Trotta, Victoria Montenegro, Jorge Ferraresi, Gabriela Alegre y Nora Lafon, entre otros. Además, la periodista y documentalista Nora Anchart –quien estuvo a cargo de la conducción del evento– leyó algunas adhesiones de quienes no pudieron asistir como Verónica Magario, Imanol Arias, Mercedes Morán, Mirta Busnelli, Pablo Echarri, Julieta Díaz, Eduardo Blanco, Leonardo Sbaraglia, Lito Vitale, Boy Olmi y Axel Kicillof, quien envió unas palabras para Taty.

“Es siempre un honor para mí acompañarte en cada nueva iniciativa que encarás para renovar nuestra lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Más aún en tiempos donde observamos con asombro cómo los discursos negacionistas vuelven con pretensiones de rediscutir y reivindicar las atrocidades cometidas por la última dictadura militar. Un documental que repase tu vida de lucha y militancia es, más que nunca, un faro que ilumina nuestro camino”. El gobernador bonaerense celebró la noticia de futuras proyecciones en La Plata y otras localidades de la provincia “para que Historia de una Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora sea más que un homenaje y se transforme en una huella para la memoria”.

En el pullman de la sala un grupo de jóvenes había colgado una bandera de la Agrupación Estudiantil de Folklore La Taty Almeida y, entre el público, una chica sostenía en alto un cartel en defensa de la educación pública. Un día después de la multitudinaria Marcha Federal Universitaria, se respiraba en el aire la esperanza de esas calles repletas para defender lo construido. Almeida fue una de las que habló en ese acto y su presencia revela no sólo su compromiso con los derechos humanos sino también su preocupación por las generaciones futuras, algo que también deja claro en este documental. Antes de la película, Anchart propuso a la audiencia levantar el pañuelo azul bajo la proclama: “Viva la universidad pública, gratuita y de calidad”.

“Esta no es solo una historia. Son 30 mil”, se anuncia en los minutos iniciales. Lo primero que dice Taty es su nombre completo: Lidia Stella Mercedes Miy Uranga. Casi nadie la llama por estos nombres; desde hace mucho es conocida por todo el país como “Taty”. La producción de Sautu –quien filmó junto a Rodolfo Durán– repasa la vida de la referente desde su infancia hasta su madurez. Almeida habla de la buena convivencia con sus hermanos, recuerda cómo era la vida con un padre militar, las dificultades que suponía tener que empezar de cero en un lugar nuevo con cada pase, su “caída” en la escuela pública, su carrera como docente, la decisión de dedicarse a sus hijos por completo e incluso su separación (“fui una adelantada”, bromea).

Taty no dice “yo tenía un hijo”; habla en presente, dice tengo. La otra parte del documental narra el vínculo con Alejandro, su posicionamiento político en aquella época (“yo era gorila”, confiesa Taty), el día de su desaparición y la lucha que comenzó para encontrarlo, primero en solitario junto a su familia y más tarde junto a sus compañeras en Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. También aparecen los testimonios de sus otros hijos, Fabiana y Jorge, que narran la decepción que se llevaron en el seno de la familia militar al darse cuenta de que quienes consideraban amigos (o al menos conocidos) en verdad eran enemigos. Cuando Alejandro desapareció, su familia descubrió una nueva faceta: su militancia, su compromiso, sus poemas (entre ellos uno muy conmovedor dedicado a Taty que lee ella misma).

(Imagen: Leandro Teysseire)

Del panel post función participaron Sautu junto a Taty, su hija Fabiana y Hugo Soriani (director general de Página/12), con la moderación de Anchart. “Este documental es también la historia de las Madres. Recordamos a Alejandro y en él a los 30 mil. He contado muchas veces mi vida, pero estar sentada y escucharme a mí, a Jorge, a Fabiana… es muy fuerte”, expresó la homenajeada, y compartió su alegría de estar acompañada por sus sobrinas y nietos, integrantes de la Mesa de Organismos de Derechos Humanos, Pascual Spinelli y su compañera de militancia Clara Weinstein, entre otros. También pidió un aplauso especial para la presidenta de la asociación, Enriqueta Maroni.

Soriani dijo que estar al lado de Taty “es siempre una alegría” y aseguró que tanto en el documental como en las charlas con ella “siempre se descubre algo nuevo”. Además, destacó una consigna inventada por Almeida –“militancia y joda”– que revela un espíritu que no renuncia “a la militancia, al compromiso y a la lucha por la memoria, pero tampoco al festejo de cumpleaños y a esa condición que teníamos y queremos conservar quienes luchamos por un país mejor: la alegría”. Por otra parte, destacó la relevancia de una voz como la de Taty y sostuvo: “A veces uno se olvida de que estamos frente a una de las mujeres más importantes de los últimos 50 años de historia argentina. Ayer te veía hablando en esa marcha que nos fundó la esperanza de nuevo y fue una caricia al alma, no todo está perdido. Ojalá sepamos transformar esto en una herramienta política y nos sigas ayudando porque sos de las imprescindibles”.

Cuando Taty veía a las otras madres se preguntaba: “¿Quiénes serán esas señoras? ¿Qué estarán pidiendo?”. Todavía no imaginaba que formaría parte de ese colectivo, que ahí había un lugar para ella. “Me costó mucho aterrizar”, confiesa en la charla, y recuerda que en Marruecos tenía la pulsión de quitar las capuchas de la chilaba a la gente por la calle para ver si debajo estaba Alejandro. “El dolor que causa la pérdida de un hijo es tremendo y es mentira que el tiempo cierra esas heridas”. En el documental ella cuenta que recurrió a militares conocidos y a videntes famosos para saber algo de su hijo. Nadie pudo decirle nada.

En el material de archivo alguien señala que en aquel plan maquiavélico no contaron con el amor. En esa línea, Fabiana sintetizó la experiencia de estas proyecciones en el amor de madre. La hija destacó que Taty “siempre estuvo ahí, como madre, abuela y ahora bisabuela”, y compartió algunas impresiones de la marcha: “Fue bueno saber que en esta sociedad hay límites. Para algunos chicos era la primera vez que veían a una Madre, la tocaban. Todo eso es amor y ella lo transmite”. También recordó que durante la entrevista el director tuvo que cortar varias veces porque su hermano se emocionaba y no podía hablar. «A él le resulta mucho más difícil hablar de esto porque se fue en 1978 (a Europa) y tiene una carga muy fuerte. Fue duro para todos y también para él”, dijo, y remarcó la trascendencia de una historia en primera persona. “Esto es de verdad, esto no es mentira. Nos pasó a todas y a todos”.

Sautu, por su parte, repasó la historia del origen del documental (algo que había adelantado en una entrevista con este diario). “Quiero hacer el documental de tu vida”, le dijo a Taty, y ella inmediatamente accedió. “Tuvimos muchas charlas encantadoras, preparamos un nuevo guión, la seguí por muchas actividades. ¡Hay que seguirla, está en todos lados! Tiene una vida apasionante”, contó. Después de cientos de entrevistas, el director aseguró que esta fue una de las más completas (grabó un total de 80 minutos de los cuales quedaron 35). “Este es mi homenaje para Taty, para todas las Madres que han sido tan maltratadas, para los hijos. Ojalá este negacionismo se empiece a atenuar un poco. Vamos a hacer circular mucho esta película. Estas mujeres son inolvidables”, concluyó. El cierre musical quedó en manos de Ignacio Copani, quien interpretó “Trueque”, “Madres mías” y “Yo nunca me metí en política”.

Fuente: Pagina12

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