sábado, 25 de mayo de 2024

Ulises de la Orden: «Reivindicar a la dictadura debería ser un delito»

 

La monumental tarea de edición realizada para narrar el Juicio a las Juntas resulta ideal para estos tiempos de negacionismo y reivindicación del genocidio. «Es muy triste, pero no quiero quedarme en eso porque la tristeza paraliza», señala el director.

El notable documental El juicio, de tres horas de duración, realizado por el cineasta argentino Ulises de la Orden, a través de un exhaustivo y riguroso trabajo sobre las 530 horas grabadas del Juicio a las Juntas Militares en 1985, está nominado en la categoría “Mejor Documental” para los Premios Platino Xcaret al Cine Iberoamericano, que se entregarán en la gala del sábado 20 de abril en el Teatro Gran Tlachco del mexicano parque Xcaret, en la Riviera Maya. “Ya la nominación es un premio”, asegura el director. «Después si uno se trae la estatuilla o no es medio anecdótico. Yo no hago películas para ganar premios. Para mí, el premio más lindo siempre es el encuentro de la película con el público». 

Pero como los votantes forman parte del mundo iberoamericano del cine, será interesante ver -una vez más- cómo será evaluada la película en el extranjero, tras su paso por la Berlinale y el Festival de Documentales Cinema Du Réel (donde no se quedó con las manos vacías). «También puede ser una tribuna para hablar un poco del ataque que se está haciendo a toda la cultura argentina desde el gobierno argentino. Da para mostrarse también ahí», explica De la Orden.

El Juicio establece un relato coral en base a las grabaciones de aquel hecho fundamental producido en la renaciente democracia argentina, realizado entre abril y diciembre de 1985. El proceso judicial fue grabado por las cámaras de la entonces ATC, que sólo emitía tres minutos diarios y sin sonido. Allí se juzgó a nueve altos jefes militares como responsables de los más aberrantes delitos de lesa humanidad. Basado en el análisis de 709 casos, el proceso judicial terminó con condenas firmes para cinco de los nueve imputados, dos a reclusión perpetua. Habían pasado menos de dos años del retorno de la democracia y las caras de los genocidas en pantalla provocaban el mismo rechazo que sus violaciones a los derechos humanos. 

El trabajo del realizador consistió en armar su propio relato de esas 530 horas, sin recurrir a música ni voz en off, solo dividiendo el film en dos partes y dieciocho capítulos con carteles negros y letras blancas que explican mínimamente lo que se va a ver en cada uno de ellos. Esa estructura que elaboró De la Orden da cuenta de un trabajo tan necesario como angustiante, porque es imposible ver esta película sin sentir tristeza en los testimonios de los sobrevivientes, como tampoco es posible dejar de sentir desprecio por quienes llevaron al país a los tiempos más oscuros de su historia.

El Juicio se estrenó pocos meses después de Argentina, 1985, aunque venías trabajando con este documental desde hace diez años. ¿Creés que había una deuda del cine argentino con ese hecho histórico?

-No sé si lo llamaría deuda. Lo que me motivó a ponerme a trabajar en esto fue tener la sensación de que el tema del Juicio a las Juntas Militares estaba un poco soslayado, fuera de agenda, olvidado. Por ahí habría que ver por qué, pero evidentemente algo nos pasó como sociedad que, de repente, pudimos hablar de este tema y aparecieron dos películas. Había textos previos, pero el cine no lo había trabajado.

-¿Qué recordabas vos del Juicio a las Juntas antes de hacer la película?

-En ese año no vivía en el país y tenía 14 años de edad y lo viví como un hecho sumamente importante, gravitacional para nuestra democracia. Supongo que así lo debo haber vivido en mi casa y tenía la sensación de un evento histórico. Y no mucho más, hasta que me puse a investigarlo y me metí profundamente. Así llegué al tema.

-¿Cuáles fueron las ideas rectoras para darle identidad propia a la película, que no fuera solamente compactar fragmentos?

-Básicamente, cuando nos pusimos a trabajar yo tenía muy en claro que no quería que la película fuera un catálogo de casos. Que perfectamente podíamos vernos abrumados por el material (que era realmente abrumador) y por cada caso que, si bien eran terribles, era muy apasionante para narrar. El material que ofrece el juicio, los testimonios, todo ese archivo es sumamente rico para narrar caso por caso. Pero lo que yo quería era contar la historia del juicio y no la historia de los casos. En todo caso, tendría que haber sido una serie y no una película para producir si fuera caso por caso. Tenía la idea muy clara de que quería hacer una película con la intención de que fuera abordable para públicos no avisados, incluso público juvenil. Mi público ideal son estudiantes de los últimos dos años del colegio secundario. Con esa idea, trabajamos sabiendo que no debíamos dejar fuera ninguno de los hitos que la acusación de la fiscalía tomó para configurar un alegato que fuera lo suficientemente poderoso para que los jueces pudieran condenar.

-Esos hitos tienen que ver con los capítulos, ¿no?

-Sí, la película tiene dieciocho capítulos que van desde cosas iniciales, como si se trató de una guerra o no. La Justicia saldó eso hace casi cuarenta años. No fue una guerra. Y, sin embargo, es un tema que al día de hoy se sigue discutiendo.

-Recién dijiste que hiciste la película para estudiantes de cuarto y quinto año de colegios secundarios. ¿Cómo notaste la recepción de ese público, después del estreno?

-Es el público más difícil de tener el parámetro. Sin embargo, me la pidieron de muchas escuelas, colegios. Pero cuando nosotros estrenamos en el Malba, ahí empezaron a aparecer chicas y chicos de 16, 17 años, acompañados por sus padres, que venían a ver la película. Creo que funciona para ese público como una puerta de entrada. El Juicio no va a saldar la totalidad del conocimiento necesario para interpretar lo que pasó en los ’70, sino que creo que es una gran puerta de entrada para comprender lo que pasó en los ’70 y lo que la sociedad argentina fue capaz de hacer a partir de la democracia, después de 1983. Eso es lo que nos diferencia al resto del mundo. Fuimos capaces de iniciar un camino de justicia muy largo. Ese es el camino de entrada y creo que así les funciona a los estudiantes de 16, 17 años. Estudiantes o jóvenes.

¿Dividirlo en dos partes y 18 capítulos te permitió ordenar el montaje?

-Nos permitió ordenar el montaje y también fuimos dándonos cuenta cuando empezaron a aparecer estas fragmentaciones dentro de la narración para una película tan dura. Incluso, por su contenido, hasta es difícil de escuchar porque se cuentan cosas terribles. Esta cuestión de ofrecerle al espectador objetivos cortos porque los capítulos duran ocho, diez minutos y saldan sobre sí mismos. Esos objetivos cortos le dan a la película una dinámica de visualización que es un poco más amena. No estaba en el guión inicial, sino que fue algo que apareció editando. En algún corte de montaje empezamos a usarlos y, a medida que los fuimos trabajando, nos dimos cuenta de que le daba una visualización más fácil de ver.

-Hablaste de objetivos cortos y los testimonios seleccionados también lo son. ¿Esto tiene que ver con lo que dijiste una vez, que querías recoger el coraje de las víctimas en contar estos hechos en ese momento?

-Sí. Como decía, los capítulos son muy concretos y hay algunas cosas que sobrevuelan toda la película. El coraje de las víctimas sobrevuela toda la película. Los testimonios están fragmentados porque no nos metemos con ningún testimonio particular, sí con los temas de los cuales esos testimonios hablan, e intentamos también generar una voz colectiva porque para narrar una situación, como violencia contra las mujeres, contra los niños, tortura, centros clandestinos, «vuelos de la muerte», etcétera, son muchas las voces que lo van narrando. Como una forma también de contar el plan sistemático que fue hecho en todo el país y con una coordinación internacional. Esa multiplicidad de voces le dan también ese contexto.

-Claro, porque El Juicio aborda temas conocidos como la responsabilidad empresarial y eclesiástica, los secuestros, los “vuelos de la muerte” y el funcionamiento de los centros clandestinos de detención, pero también otros menos conocidos o tal vez menos tratados -al menos masivamente-, como la tortura de niños. ¿Cómo fue introducir ese tema?

-Eramos un equipo de tres personas trabajando cuando visualizamos el material. Fueron casi ocho meses de trabajo. Pensábamos que sabíamos todo. Sin embargo, todos los días el material nos mostraba algo que no sabíamos o que, de alguna manera, no era algo de lo que se hablara. El tema de la tortura de los niños fue terrible para mí. Terrible todo, terrible verlo, catalogarlo, editarlo. Y creo que es uno de los eventos más tenebrosos de la dictadura todo lo que pasó con los niños: los niños muertos, los niños torturados, los niños secuestrados, los niños apropiados. Y esto fue todo dicho en sede judicial en el año 1985.

-¿Qué significado tiene para vos el Juicio a las Juntas, no como cineasta sino como ciudadano?

-Me llena de orgullo ser ciudadano de un país que pudo llevar a sus propios genocidas a un tribunal civil, juzgarlos con un tribunal ordinario, con leyes ordinarias, sin más garantías que las que ofrecía la Constitución que, de alguna manera, es simbólica. No hay que olvidarse que los imputados todavía tenían control sobre tropas y arsenales. Y haberlo hecho de forma pacífica, democrática. Con el tiempo, nos vamos a dar cuenta de que tiene una fuerza similar desde mi punto de vista a lo que significó la Revolución de Mayo. Cambió el destino de nuestra sociedad para siempre. Y abrió un proceso de justicia extraordinario a nivel mundial que todavía continúa.

-¿Creés que, a pesar de haber impulsado Alfonsín un hecho inédito en la historia argentina como ese juicio, de alguna manera su gobierno quedó opacado después en materia de derechos humanos por la sanción de las Leyes de Impunidad?

-Sin duda, sí, sí. Por supuesto. Son avances y retrocesos de un proceso social de justicia que no se sustenta solamente en un poder del Estado, que es el Poder Judicial. Se sustenta en la lucha contínua de los organismos de derechos humanos, de los sobrevivientes y sobre todo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Nada de esto hubiera pasado (me refiero al juicio y al proceso de justicia) si en el medio de la dictadura, las Madres no hubieran empezado a reclamar por la aparición con vida de sus hijas y de sus hijos. Nada de esto hubiera pasado si Alfonsín no tenía la determinación política de que este juicio se llevara adelante. Y posiblemente nada de esto hubiera pasado si no se hacía el Informe del Nunca Más previamente. Son una sumatoria de circunstancias que condujeron a esto. Lo que voy a decir es opinable, pero es posible que Alfonsín ya tuviera en mente la idea de solo juzgar a los comandantes de las Juntas. Y yo creo que ya tenía en mente la idea de la Obediencia Debida y Punto Final. Y en la sentencia hay un punto (no recuerdo el número) en el que los jueces, haciendo caso omiso de la sugerencia de Alfonsín, le ordenan a la Justicia que continúe la investigación en todas las líneas de mando. Y ese punto de la Justicia es lo que permite al día de hoy que se siga investigando, que se sigan llevando adelante juicios y que se siga buscando hacer justicia con cada uno de los responsables en todas las líneas.

-¿Y qué sentís ahora pensando en tu película al ver un gobierno en democracia que reivindica el accionar criminal de la dictadura?

-Siento mucha tristeza, pero quiero dejar de sentir tristeza porque la tristeza paraliza. Creo que hay que pasar -siempre hablando en términos democráticos- a la ofensiva. No es opinable si el gobierno puede o no reivindicar la dictadura. Reivindicar a la dictadura debería ser un delito, como es un delito reivindicar al nazismo en Alemania. No hay que parar hasta que eso sea una ley, por un lado. Por otro lado, nos debemos y nos merecemos una profunda autocrítica porque cómo puede ser que hayamos llegado a esto.

-Tampoco puede dejar de mencionarse el desguace actual de la Secretaría de Derechos Humanos, al menos en cuanto a las políticas de la memoria, y que la actual vicepresidenta dijo cuando era candidata que todo lo que nos contaron en los últimos 40 años es falso. ¿Cómo observás todo esto?

 

-Me resulta tenebroso, pero no hay que olvidarse que así como Alfonsín impuso las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final; Menem, los indultos, y tuvimos dos décadas de impunidad, luego logramos con el gobierno de Kirchner volver a llevar a juicio a los responsables de los delitos de lesa humanidad en los 70. En estos cuarenta años del proceso de justicia en la Argentina hubo enormes avances y gigantescos retrocesos. En este momento estamos ante un retroceso que yo creo que masivamente no lo vimos venir. A cada uno de los retrocesos en el proceso social de hacer justicia, luego vino un avance. Bueno, tenemos que buscar cuál es el avance y empezar a trabajar en pos de un avance. Si la vicepresidenta reivindica el accionar de la dictadura, tenemos que salir a discutir con mucha firmeza todo lo que pasó. Hablan de «memoria completa». Sin tenerle miedo a ninguna verdad, los que tenemos que salir a pedir la memoria completa somos los que estamos de este lado de la vida. Cuando la vicepresidenta reclama «memoria completa» deberíamos exigirle que ella, que tiene fuertes vínculos con la familia militar, busque, obligue a los comandantes actuales de las Fuerzas Armadas a que busquen, encuentren y hagan públicos los archivos de dónde están todas las personas desaparecidas, dónde están esos cuerpos para que puedan ser enterrados por sus familiares, dónde están los niños apropiados, quiénes los apropiaron para que puedan ser restituidos a sus familias. 

-Deudas pendientes.

-Y también qué hicieron los civiles, empresarios y financistas involucrados con el accionar de la dictadura, cuál fue el rol de la Iglesia cuando fue socia de la dictadura. Hay un montón de memoria completa para hacer. Y todos esos archivos están en manos de las Fuerzas Armadas. Eso es lo que deberíamos exigir a la vicepresidenta que entregue. Por otro lado, discuten el número de 30 mil. Y el número de 30 mil es una estimación. Ellos saben cuántos son. Entonces, que larguen los archivos y que demuestren cuántos son. Cuando ellos hablan de «memoria completa» es un gran cinismo, en el fondo. Y ese gran cinismo, que nosotros lo hemos visto antes en otros gobiernos de nuestra democracia, va a terminar. Esto es un retroceso, pero el contragolpe a este retroceso es un fuerte avance. Por eso digo, tenemos que ver cómo vamos a avanzar socialmente y políticamente para salir de esto.

* Actualmente El Juicio está disponible en la plataforma KINOA.TV.

Fuente: Pagina12

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