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El limón de Tucumán concluye su campaña de recuperación pese a los desafíos del barro y la escasez de gas

La campaña de cítricos 2026 concluyó en Tucumán con resultados que el gremio califica como una recuperación, pues se registró un aumento de la producción, precios más favorables y una mayor exportación de limones respecto al año anterior. Sin embargo, la campaña resultó también exigente, marcada por prolongados periodos de lluvia que transformaron los campos en lodazales y por interrupciones en el suministro de gas que amenazaron la operatividad de las plantas de molienda en el pico de la cosecha.

Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino (ACNOA), entrevistado por Ámbito, ofreció una evaluación que combina optimismo y prudencia. Según sus palabras, la campaña presentó contratiempos, pero las compañías consiguieron alcanzar sus metas e incluso superarlas ligeramente. El dirigente estimó que las exportaciones superaron en aproximadamente un 20 % a las de 2025 y que la producción regional sobrepasó con comodidad los 1,9 millones de toneladas. El aumento, puntualizó, se concentró en la fruta fresca, mientras que el volumen destinado a la industria se mantuvo en niveles comparables a los del ejercicio anterior.

Cuánto se produjo y dónde

Las proyecciones técnicas elaboradas por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) en conjunto con las empresas del sector estimaron para Tucumán una producción cercana a 1.731.000 toneladas de limones, a lo que se añaden aproximadamente 250.000 toneladas provenientes de Salta y Jujuy. En conjunto, el NOA alcanzaría alrededor de 1,98 millones de toneladas, lo que representa un incremento de cerca del 12 % respecto al ciclo precedente. De este total, Tucumán representa casi nueve décimos de los limones de la zona.

La superficie productiva de la provincia, no obstante, se redujo respecto a años anteriores. Actualmente, Tucumán cuenta con unas 40.900 hectáreas netas de limoneros con más de dos años de edad, cifra inferior a las cercanas a 50.000 que se registraron antes de la crisis de sobreoferta, cuando se tuvo que eliminar miles de hectáreas y dejar otras sin mantenimiento. El estudio técnico también señala que casi un tercio de las explotaciones albergan plantaciones con más de 20 años y que unas 2.600 hectáreas presentan prácticas de manejo productivo deficientes.

Un otoño bajo el agua

El factor climático dominó la campaña, pues en febrero llovió en 23 de los 28 días, patrón que se repitió en marzo y abril. En junio, una nueva serie de precipitaciones obligó a detener la cosecha en los campos cuando apenas se había alcanzado el 40 % de la fruta; los envíos al exterior se mantuvieron gracias a los inventarios acumulados en los centros de empaquetado.

La persistente nubosidad y la escasez de horas de sol retrasaron el engorde de los frutos, de modo que los tamaños registrados fueron entre un 5 % y un 7 % menores que en el mismo periodo del año anterior, además de presentar menor concentración de jugo y acidez en los primeros cortes. La humedad también intensificó la presión de plagas y enfermedades y dificultó el cumplimiento de los intervalos entre tratamientos fitosanitarios; en algunas áreas, las precipitaciones llegaron a triplicar los valores habituales.

Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Citrícola del Noroeste Argentino.

Para Sánchez Loria, sin embargo, el daño principal no residió en la cantidad de fruta sino en la logística, ya que los caminos internos de las fincas quedaron intransitables, haciendo que la recolección fuera lenta y costosa, con camiones obligados a transportar cargas menores. Aun así, sostuvo que la fruta exportada mantuvo los estándares de calidad exigidos por los mercados internacionales.

El fenómeno de El Niño, que se consolidó en el Pacífico durante el invierno, se perfila ahora como la mayor amenaza para la próxima campaña. Los organismos internacionales pronostican un evento de gran intensidad, con su fase más crítica entre diciembre y marzo, justo cuando la fruta de la siguiente cosecha esté en pleno desarrollo. Las primeras señales ya aparecen: desde principios de septiembre se contabilizaron unos 20 días de lluvia en las principales áreas productoras, cinco veces más que en el mismo período del año pasado. Por el momento, el monitoreo técnico indica que la floración de los limoneros se comporta de forma similar a la de la campaña anterior.

Precios que volvieron a sonreír

En el plano comercial, la campaña resultó la más favorable en varios años. La tonelada de fruta fresca, que cerró 2024 en torno a los US$ 570 millones, inició 2026 por encima de los US$ 800 millones, la cifra más alta desde 2020.Este escenario se explica por la reducción de la oferta proveniente de España y Turquía, la caída de la producción mundial y la escasez de jugo, aceite y cáscara en los mercados internacionales tras años de excesivos inventarios.

Los indicadores del comercio exterior acompañaron la tendencia: en el primer semestre, Tucumán exportó US$ 456,3 millones, un 17,9 % más que en el mismo periodo de 2025, y el complejo del limón y sus derivados representó casi el 59 % de ese total. La provincia proyecta cerrar el año cercano a los US$ 900 millones en exportaciones. Los destinos principales continúan siendo la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia, y recientemente se incorporó Panamá, que podrá ser aprovechado en la próxima temporada. China e India aparecen en el horizonte como mercados complejos que requerirán tiempo para consolidarse. No obstante, la cáscara deshidratada, producto en el que Tucumán produce cerca del 90 % del total nacional, se comercializó a precios entre un 20 % y un 25 % inferiores a los de campañas anteriores.

El cliente que más pesa

Estados Unidos se consolidó como el principal mercado del limón tucumano, pues en el primer cuatrimestre del año encabezó la lista de destinos del complejo de cítricos ácidos, superando a Irlanda, Países Bajos, Rusia e Italia, en un período en que las ventas externas del sector alcanzaron su mejor nivel en dos décadas: US$ 108 millones y algo más de 50.000 toneladas, con incrementos del 36 % en valor y del 50 % en volumen.

Durante el primer semestre, Estados Unidos adquirió cerca del 19 % de todo lo que Tucumán vendió al exterior, unos US$ 85 millones, con un aumento interanual del 4,3 %. En ese país no solo se recibe fruta fresca; también es uno de los mayores compradores de aceite esencial y jugo concentrado provenientes de las plantas tucumanas.

En los envíos de fruta fresca despachados desde la terminal de Zárate, uno de cada cuatro contenedores tuvo como destino Estados Unidos; el resto se dirigió a Europa. Este cambio es notable si se recuerda que el mercado estadounidense estuvo cerrado durante 17 años y solo se reabrió en 2018, con un envío inicial de apenas tres contenedores. En 2024, por primera vez, Tucumán vendió más limones a Estados Unidos que a la Unión Europea.

Ese protagonismo tiene su contrapartida, pues desde abril de 2025 rige un arancel adicional mínimo del 10 % impuesto por el gobierno de Donald Trump a las importaciones argentinas, lo que encareció la fruta y se sumó a los gravámenes ya aplicados al jugo y al aceite. En el caso del jugo, las exportaciones siguen sujetas a un acuerdo con el Departamento de Comercio estadounidense que fija un precio mínimo de referencia para evitar una investigación antidumping. Aún así, el sector compite en mejores condiciones que Sudáfrica, uno de sus principales rivales en ese mercado, que enfrenta un arancel considerablemente más alto.

El gas, el dolor de cabeza

La industria limonera depende del gas natural para moler la fruta y secar la cáscara, y este año el suministro estuvo en duda desde el arranque. Una resolución nacional redujo hasta un 35 % la capacidad de abastecimiento industrial para el NOA respecto a 2025, y con la llegada de la ola polar de junio las plantas llegaron a quedarse sin suministro. La alternativa, el gas natural licuado importado, tiene un costo hasta seis veces mayor.

En su momento, la ACNOA advirtió que una paralización de la industria pondría en riesgo las exportaciones, la entrada de divisas y unos 50.000 empleos directos e indirectos. Con el diario del lunes, Sánchez Loria relativizó el impacto porque la interrupción fue breve, provocada por la caída de las temperaturas, y aseguró que luego las entregas se normalizaron.

Salta y Jujuy, el otro polo

Fuera de Tucumán, la citricultura de Salta y Jujuy aportó alrededor de un cuarto de millón de toneladas de limones y sigue ganando visibilidad. Durante el invierno, el limón jujeño figuró junto al tucumano entre los principales abastecedores del Mercado Central y se destacó por su calidad y presentación. A diferencia de Tucumán, donde el limón es casi un monocultivo cítrico, en ambas provincias la actividad está más diversificada con naranjas, mandarinas y pomelos.

Jujuy, además, atrajo inversión extranjera: la empresa californiana Limoneira, uno de los gigantes del limón en Estados Unidos, se asoció con un grupo argentino e incorporó la Finca Santa Clara, un establecimiento con unas 485 hectáreas de limoneros en esa provincia.

El balance de la ACNOA describe una recuperación lenta pero sostenida, después de varios años de sobreoferta mundial que hundieron precios y obligaron a reducir la superficie. Desde 2025, la entidad sostiene que los stocks industriales se estabilizaron y el negocio intenta normalizarse. La preocupación ahora recae en los costos, ya que los productores advierten que los insumos, los fletes y la logística subieron más rápido que el precio de la fruta, y que la mano de obra es el componente más sensible en cada negociación. Con un Niño que promete un verano muy húmedo, la atención se centrará en su evolución e impacto.

Fuente: Ambito.com

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