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En medio del año 2026, Etiopía conmemoró el inicio del calendario 2019

En medio de septiembre de 2026, mientras gran parte del planeta avanza en su calendario, Etiopía conmemoró este viernes la llegada del año 2019. Esta singularidad se explica porque la nación africana conserva un calendario propio, legado de antiguas tradiciones religiosas y astronómicas, que dispone de forma distinta los meses, los años e incluso las horas del día.

El Año Nuevo etíope recibe el nombre de Enkutatash y se inicia con el primer día de Meskerem, el mes que abre cada nuevo ciclo. La festividad suele coincidir con el 11 de septiembre del calendario gregoriano, aunque en algunos años se traslada al día 12, marcando también el fin de la temporada de lluvias y el arranque de la primavera en esa zona de África.

Este año, la transición del 2018 al 2019 volvió a colocar a Etiopía como una excepción en un mundo mayoritariamente regido por el calendario gregoriano. No obstante, para sus habitantes no se percibe ningún desfase en la vida diaria: simplemente adoptan un sistema diferente, empleado tanto en actos religiosos como en escuelas, administración pública, remuneraciones y gran parte de la actividad social.

Razones del calendario etíope con trece meses

La primera particularidad radica en la distribución de los días. El calendario etíope, también llamado Ge’ez, está compuesto por 12 meses de 30 días exactos, a los que se añade un período mucho más breve llamado Pagume. Ese decimotercer mes cuenta con cinco jornadas en años comunes y seis cuando se incorpora el día adicional del año bisiesto.

De este modo, en lugar de alternar meses de 28, 30 y 31 días como ocurre en el calendario utilizado en Argentina, Etiopía divide casi todo el año en bloques uniformes y agrupa los días restantes al final. Pagume actúa como una transición antes de que comience Meskerem y se inicie un nuevo ciclo.

La discrepancia también afecta al número del año, pues mientras la cronología occidental se basa en el cálculo adoptado por la Iglesia de Roma en el siglo VI, la tradición etíope conservó la estimación de la antigua Iglesia Copta de Alejandría sobre la fecha de la Anunciación y el nacimiento de Jesucristo. La diferencia entre ambos cálculos generó un desfase de siete a ocho años, según el calendario de referencia que se utilice.

Por ello, Etiopía no siempre se sitúa exactamente siete años detrás del calendario gregoriano. La brecha puede ampliarse temporalmente a ocho años porque su Año Nuevo comienza en septiembre, varios meses después del 1 de enero que marca el inicio del ciclo en gran parte del planeta.

Enkutatash, una festividad vinculada a la primavera

El arranque del año no implica únicamente un cambio de fecha. El Enkutatash coincide con el término de las lluvias intensas y con el momento en que los campos se visten de flores amarillas conocidas como Adey Abeba, que con el paso del tiempo se han convertido en uno de los símbolos más representativos de la celebración.

Las festividades reúnen a las familias alrededor de diversas costumbres tradicionales. Muchas personas visten atuendos blancos, participan en la ceremonia del café y comparten platos típicos, entre los que destaca el injera, un pan plano y esponjoso que ocupa un lugar central en la gastronomía etíope y suele acompañar distintas carnes, verduras y salsas.

Los niños también desempeñan un papel destacado: recorren las calles cantando y entregan flores o dibujos a cambio de bendiciones y pequeños obsequios. El propio nombre Enkutatash suele traducirse como “regalo de joyas”, una expresión vinculada a antiguas leyendas y tradiciones del país.

Aunque el calendario gregoriano se emplea en áreas conectadas con el exterior, como la aviación, el comercio internacional y las relaciones diplomáticas, el sistema etíope está lejos de ser una reliquia. Continúa regulando gran parte de la vida cotidiana y representa, además, un elemento central de la identidad cultural y religiosa de la nación.

Además, la forma etíope de medir el tiempo no se limita al calendario, ya que el reloj tradicional comienza a contar las horas desde la salida del sol y no desde la medianoche, una lógica relacionada con la ubicación del país cerca del ecuador, donde los horarios del amanecer y el atardecer se mantienen relativamente estables a lo largo del año.

Así, cuando el reloj occidental marca las 6 de la mañana, para el sistema etíope comienza el día y son las 12. Una hora después, a las 7, se considera que es la primera hora de la jornada. El mismo procedimiento se repite al caer el sol: las 6 de la tarde vuelven a ser las 12 y, a partir de ese momento, se inicia un nuevo conteo nocturno.

Fuente: Ambito.com

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