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Advertencia sobre la campaña de maíz en el NOA: riesgos elevados, rendimientos variables y márgenes de rentabilidad críticos

La campaña maicera 2025/2026 en el Noroeste presentó un panorama complejo, caracterizado por una marcada disparidad en la producción y una ecuación financiera delicada, según informó la Asociación de Productores Agrícolas y Ganaderos del Norte (APRONOR). Aunque el rendimiento total se mantuvo cercano al promedio regional, la entidad subrayó que los resultados de los distintos lotes fueron extremadamente dispares, influidos por factores sanitarios, climáticos y estructurales que afectaron de forma desigual a los agricultores de la zona.

El estudio de la organización, que aglutina a los productores locales, señaló a *Dalbulus maidis* y al complejo de achaparramiento del maíz como los principales obstáculos del ciclo, a lo que se sumaron la presión de *Spodoptera frugiperda* y la aparente pérdida de efectividad de la tecnología BT (cultivos genéticamente modificados).

El escenario sanitario se vio agravado por condiciones climáticas adversas, con jornadas nubladas y escasa radiación durante marzo –mes crítico para el cultivo–, y vientos intensos al final del ciclo que provocaron la caída de plantas y mazorcas. Ante este contexto, los agricultores tuvieron que optar por híbridos más tolerantes, reajustar las fechas de siembra y mantener una vigilancia constante para no sacrificar el potencial de rendimiento.

El verdadero talón de Aquiles

No obstante, según APRONOR, el desafío más grave no fue sanitario sino económico. El alza sostenida de los costos de producción, impulsada principalmente por el incremento del precio del gasoil, encareció tanto la cosecha como el transporte, convirtiéndose en el factor que más erosiona la rentabilidad de la región. “El flete se volvió crítico porque el 33 % de la carga total de cada camión se destina exclusivamente al traslado hasta los puertos, obligando al productor a cubrir el resto de los insumos de mayor valor con el 66 % restante”, declaró a Ámbito Javier Martínez, secretario de APRONOR.

Esta distorsión estructural provocó que, incluso en parcelas con buenos rendimientos, la rentabilidad resultara baja o incluso negativa, sobre todo bajo la modalidad de arrendamiento, convirtiéndose en el principal punto de atención para la próxima campaña.

La salida de la cosecha también se topó con obstáculos operativos concretos: las lluvias intensas evidenciaron la falta de inversión y el deficiente mantenimiento de la infraestructura vial, dificultando el tránsito de camiones desde los campos. A esto se sumaron problemas de recepción y almacenamiento en los acopios locales –agravados por la alta humedad del grano al momento de la cosecha– y tarifas logísticas elevadas que redujeron la competitividad de toda la zona.

Para APRONOR, el maíz sigue siendo insustituible dentro del modelo productivo del NOA.

La mirada de la Bolsa de Comercio de Rosario

El diagnóstico de APRONOR no es una excepción regional, pues coincide con lo que ha señalado la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) en su Guía Estratégica para el Agro (GEA). Según sus últimas proyecciones, a las que tuvo acceso este medio, el maíz 2025/26 alcanzaría un nuevo récord nacional, rondando los 70,5 millones de toneladas sobre una superficie sembrada de 11 millones de hectáreas. Sin embargo, esa cifra quedó por debajo de lo esperado inicialmente debido al impacto combinado de la chicharrita y el spiroplasma asociado al achaparramiento, que habría restado al país cerca de 2 millones de toneladas en el ciclo.

El propio informe de la BCR resume la gravedad del problema económico según los técnicos consultados. Desde Chaco se destacó que la rentabilidad del maíz es la más baja de la última década. Allí calculan que mantener un esquema de cinco aplicaciones para controlar la chicharrita implica un gasto de US 55 por hectárea, un costo que hace apenas dos años era manejable desde el punto de vista técnico, pero que hoy, sumado al resto de los gastos, empuja al cultivo al límite de la rentabilidad.

Esta combinación de plaga y flete ya se refleja en las decisiones de siembra. Para la campaña 2026/27, la BCR proyectó una caída interanual del área maicera del 7,3 %, equivalente a 600 000 hectáreas menos a nivel nacional, con el norte del país –NOA y NEA– entre las regiones donde el ajuste resulta más pronunciado. Aun así, con unas 10,4 millones de hectáreas previstas, seguiría siendo la segunda mayor superficie sembrada de maíz en la historia argentina, muy por debajo del récord de la campaña que está concluyendo.

El retroceso del maíz también tiene una contracara: una parte importante de esas hectáreas migraría hacia la soja, cultivo que, según las mismas proyecciones de la BCR, ganaría alrededor de 600 000 hectáreas y volvería a crecer después de varias campañas a la baja, señal de que los crecientes costos logísticos y sanitarios están reconfigurando el mapa productivo del norte.

Desde la Bolsa de Cereales de Buenos Aires

El relevamiento de precampaña de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) ofrece una visión algo más moderada a nivel nacional, pero confirma el mismo fenómeno regional. La entidad porteña estimó preliminarmente que el área destinada a sembrar maíz –sin considerar el consumo propio– sería de 8,40 millones de hectáreas para la campaña 2026/27, prácticamente sin variaciones respecto del ciclo anterior e igualando la superficie del ciclo 2023/24.

Esa estabilidad, sin embargo, oculta un fuerte reacomodamiento regional: mientras algunas zonas núcleo ganan hectáreas, el norte vuelve a registrar una contracción. “En el norte del área agrícola, tanto en el NOA como en el NEA, se proyecta una reducción del área destinada a maíz respecto de la campaña 2025/26, siendo más marcada en el NEA”, indica el informe de la BCBA.

El propio relevamiento porteño identificó al gasoil como uno de los factores más determinantes de esa retracción, pues, según su informe, el combustible fue el insumo que más se encareció, con un aumento interanual del 48,7 %. Este alza golpeó directamente la competitividad de la producción en el NOA y el NEA, regiones más alejadas de los puertos y, por tanto, más expuestas al costo del flete.

Un cultivo estratégico

Para APRONOR, el maíz sigue siendo irremplazable en el esquema productivo del NOA porque el aporte de rastrojo bajo siembra directa protege los suelos de la erosión hídrica, incrementa la materia orgánica, mejora la infiltración de agua y funciona como herramienta clave de rotación para controlar plagas como el picudo negro de la soja.

De cara al ciclo 2026/2027 y bajo la influencia del fenómeno de El Niño –que en la región reduce las probabilidades de un año seco–, el sector apuesta a estrategias de mínima labranza para evitar la degradación de los suelos. No obstante, las perspectivas advierten sobre un escenario de alto riesgo, ante la previsión de una primavera húmeda y una presión de chicharrita que no da tregua.

“Cada año que pasa quedan menos productores en pie. Producir a más de 900 kilómetros de los puertos, con condiciones climáticas adversas, una presión fiscal asfixiante, sin líneas de crédito accesibles y con costos logísticos confiscatorios, transforma al norte en una picadora de capital de trabajo.

Advertimos que el negocio maicero hoy carece de rentabilidad y pone en riesgo la rotación indispensable para nuestros suelos. Necesitamos previsibilidad, normas claras y políticas estructurales urgentes si queremos seguir apostando al desarrollo productivo del norte argentino”, señaló Macarena Ramos, vicepresidenta de APRONOR.

El planteamiento de APRONOR y los datos de la BCR y la BCBA describen el mismo diagnóstico: un cultivo que a nivel nacional alcanza récords o mantiene estable la superficie, pero que en el norte pierde terreno campaña tras campaña, impulsado por los fletes, la chicharrita y una ecuación de costos cada vez más difícil de equilibrar.

Fuente: Ambito.com

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