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Alejandro Dolina recibe el doctorado honoris causa de la UBA y aboga por la universidad pública

La Universidad de Buenos Aires (UBA) otorgó a Alejandro Dolina el doctorado honoris causa, la máxima distinción que la casa de estudios concede. El acto tuvo lugar en el auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales, ante una audiencia de más de setecientas personas que lo aclamaron de pie.

Tras la entrega del diploma y la medalla, Dolina dedicó gran parte de su alocución a subrayar el valor de la universidad pública como escenario de educación, diálogo y creación conjunta.

“Por eso nos encontramos en una universidad pública, pues aquí se recibe, pero también se entrega”, manifestó. El orador añadió que esos espacios favorecen la generación de instantes de “reflexión”, “cariño” y “comunión”, frente a una existencia que describió como mayormente solitaria.

Manteniéndose fiel a su carácter, entrelazó la defensa con su humor y admitió sentirse “un tanto farsante” e “impostor” al no provenir del ámbito académico. Rechazó, además, ser catalogado como egresado de la “universidad de la calle”.

“Los aprendizajes de la esquina no siempre resultan académicamente relevantes”, ironizó. En esa dirección, sostuvo que quien aspire a estudiar, formarse y participar en un entorno de intercambio y reflexión debe dirigirse “a la universidad y no al club de la esquina”.

Dolina concluyó esa sección con una observación crítica a los poderes públicos: “Quienes administran los Estados nacionales deberían comprender que, en materia educativa, es preferible impulsar la creación de universidades y colegios antes que la de parrilladas”.

Ricardo Gelpi se sumó a Dolina junto a distintas autoridades de la UBA durante el acto.

El reconocimiento de la comunidad académica

La condecoración reconoció la carrera intelectual y creativa de Dolina, así como su posición como una de las personalidades más destacadas de la cultura argentina. El discurso de apertura fue proferido por el vicedecano de Ciencias Sociales, Diego de Charras, quien subrayó la huella del galardonado en la educación de múltiples generaciones estudiantiles.

“Este galardón representa la mayor distinción de nuestra casa de estudios y pretende honrar saberes que no siempre se forjan dentro del aula”, afirmó De Charras. Asimismo, resaltó que la producción de Dolina recorre la historia de la Facultad y sus investigaciones sobre la cultura popular.

La directora de la carrera de Comunicación, Larisa Kejval, ofreció el reconocimiento académico y revisó la obra y el legado del autor. En su intervención, sostuvo que el nombre del homenajeado se convirtió en “adjetivo, verbo, una herramienta retórica” y generó expresiones como “doliniano” o “dolinesco”.

Kejval también rememoró que una plaza del barrio porteño de Flores lleva el nombre del Ángel Gris, uno de sus personajes más célebres. “Esto evidencia que la ficción puede trascender la página y afectar la realidad”, sostuvo.

“Agradezco haber edificado durante décadas un espacio al que millones hemos podido acceder, donde aún residen la imaginación, el humor, la música, la literatura, el amor, la melancolía y, por supuesto, las palabras”, finalizó.

Una ceremonia con autoridades, familiares y amigos

Entre los asistentes al homenaje se encontraban el rector de la UBA, Ricardo Gelpi; el director del Ciclo Básico Común, Felipe Vega Terra; y el director de la carrera de Ciencia Política, Miguel De Luca, junto a otras autoridades universitarias, docentes, personal no docente, estudiantes, familiares y amistades.

Dolina también meditó sobre la alegría, la melancolía y la condición humana. “Las alegrías que aparecen con la madurez vienen acompañadas de una melancolía apetitosa y de una tristeza digna”, afirmó frente al público.

La jornada concluyó con un diálogo entre el recién nombrado doctor honoris causa y Gabriel Rolón, quien lo acompañó al cerrar el tributo.

Fuente: Ambito.com

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