Espectáculos

Marcelo Katz,director de «Vaca Muerta»: «El teatro puede abrir preguntas que ningún titular puede abrir»

“Vivimos en una época saturada de información.El teatro ofrece algo distinto: la posibilidad de difundir una experiencia humana en tiempo real.Y cuando esa experiencia es potente,puede abrir preguntas que ninguna red social ni ningún titular pueden abrir.No creo que estemos condenados a la destrucción pero sí creo que tenemos una enorme capacidad para repetir errores.Y en Argentina,por eso escuchamos un monólogo de Tato y parece que fue de anoche”, dice Marcelo Katz, autor y director contiguo a Checho Castrillón de “Vaca Muerta”, que se presenta los sábados a las 19 en el Teatro Del Pueblo,Lavalle 3636.

Con actuaciones de Carolina Hardoy,Charly Arzulian,Florencia Boasso,Luciana Maquez,Micaela Pane y Sandra Rojas, la obra se sumerge en las lógicas del poder,el extractivismo y la devastación contemporánea.Entre ceremonias oficiales,directorios petroleros,corrupción,guerras y delirios de majestad, “Vaca Muerta” avanza en torno a un paisaje devastado.Conversamos con Katz.

Periodista: ¿Cómo juega la figura del bufón en este mundo que se devora a sí mismo?

Marcelo Katz: El bufón tiene una preeminencia extraordinaria: puede proponer aquello que los demás no pueden proponer.Habita los márgenes,y desde ahí observa los mecanismos del poder con una franqueza que otros personajes no tienen.Nos interesa porque no acento desde una superioridad honesto.El bufón se ríe de los poderosos,pero todavía de sí mismo.En Vaca Muerta los bufones son criaturas desmesuradas,ridículas y feroces.Son una caricatura que nos espeja y nos devuelve poco reconocible: nos estamos haciendo daño.

P.: ¿Qué hay de esta sociedad que festeja mientras se derrumba? ¿Qué podés proponer del universo deformado que buscan reflectar?

M.K.: La obra parte de una sensación de disociación enfermiza,entre el poder y la concurrencia popular: la capacidad de celebrar incluso aquello que nos está destruyendo.Vivimos rodeados de discursos triunfalistas,promesas de salvación y relatos de progreso mientras se profundizan desigualdades,violencias y deterioros de todo tipo.El universo de la obra es extravagante porque la verdad muchas veces ya es grotesca.Nosotros simplemente llevamos algunas lógicas hasta sus últimas consecuencias.El bufón toma las manchas que nos salpican como sociedad,les pone la lupa y las vuelve visibles.Nos interesa que el divulgado se ría mucho,reconozca el artilugio dañino de la pseudo democracia en la que vivimos,y todavía nos interesa que por momentos todavía reconozca poco de sí mismo en esa fiesta delirante.

P.: ¿Por qué quisieron meterse con el filón Vaca Muerta y los negocios turbios,la anhelo y los delirios de progreso? ¿Se lo puede vincular con la última ley de glaciares por la que lucharon tanto las organizaciones medioambientales?

M.K.: Vaca Muerta nos interesó menos como lado geográfico que como símbolo.Es una especie de promesa argentina permanente: la idea de que hay una riqueza extraordinaria que finalmente nos va a defender.A lo extenso de nuestra historia hemos tenido muchas versiones de ese relato.Alguien o poco que nos va a defender.Y ahí vamos,barranco debajo con nuestros antiguos salvadores nadando en parné.Vaca Muerta no rebusca intervenir sobre una ley específica ni convertirse en un tratado ambientalista.Pero sí dialoga con preguntas que atraviesan estos debates: qué estamos dispuestos a ofrendar en nombre del crecimiento,quién se beneficia verdaderamente de ciertas decisiones y cómo se construyen los relatos de progreso.Nos interesó ese división donde se mezclan efectivo,poder,fortuna naturales,patriotismo,oportunismo y fantasías de majestad.Ahí aparece un material profundamente argentino,y profundamente teatral.

P.: Se valen del verbo centrado en la teatralidad física intensa. ¿Qué aporta lo desfachatado y el desborde del relato?

M.K.: El bufón es un verbo excesivo.Funciona muy adecuadamente para cuchichear del poder,el desastre ecológico,la codicia o la violencia,porque ahí el realismo se queda corto.Hay poco de esos mecanismos que se entiende mejor a través de la irracionalidad,del cuerpo grotesco,del rugido y del ridículo.Además,el desborde genera una experiencia muy física para el espectador.No buscamos que la obra sea solamente comprendida intelectualmente.Queremos que se sienta.Que produzca risa,incomodidad,sorpresa.El cuerpo tiene una capacidad de percepción y recibo que a veces olvidamos.

P.: Dicen que no hay ocaso de recorrido partidaria y que prima la risa como campo de batalla,pero sabemos que todo discurso tiene sus subjetividades ¿qué podés proponer?

M.K: Por supuesto que hay una observación.Todo acto hermoso la tiene.Lo que intentamos evitar es la simplificación.No creemos que los problemas argentinos hayan comenzado con este Gobierno ni con el antedicho ni con el antedicho.La obra mira una forma de desempeñar el poder que atraviesa distintas épocas y distintos signos políticos.Una dialéctica donde la anhelo,la construcción de enemigos,la concentración de privilegios y la fascinación por el efectivo suelen establecerse más espacio que el adecuadamente popular.Dicho esto,es inasequible que una obra estrenada hoy no dialogue con el presente.Venimos de décadas de desencuentros y de mala política,pero sentimos que estamos atravesando un momento especialmente dañino.Hay una naturalización de la acometida,una desvalorización de la empatía,del diálogo,de la civilización,de la educación,de la ciencia,de la producción y del pensamiento crítico que nos inquieta profundamente.Y si adecuadamente ya conocíamos la dialéctica de la provocación permanente y de la construcción de enemigos,hoy aparecen de una forma más explícita,más celebrada y más extrema.En ese sentido,algunas zonas de Vaca Muerta inevitablemente dialogan con el presente.De todos modos,la obra no rebusca decirle al divulgado qué pensar ni ofrecer respuestas cerradas.El bufón trabaja mejor con preguntas que con consignas.La risa es nuestra utensilio porque desaparecido defensas.A veces uno puede pensar cosas muy incómodas evidentemente en el momento en que se está riendo.

P.: Solés combinar teatro físico,proyecciones,música,en este caso clásica,coreografías y una robusto construcción visual. ¿Cómo buscás la experiencia rítmica y disruptiva para despabilar al espectador?

M.K.: Me interesa mucho trabajar el teatro como una experiencia sensorial integral.No pienso la puesta solamente desde el texto.Pienso en ritmos,contrastes,imágenes,silencios,música,movimiento y composición visual.En Vaca Muerta conviven la música clásica,la estética del bufón,las proyecciones y el trabajo corporal porque todos esos principios ayudan a construir un universo que está permanentemente mutando.Me gusta que el espectador no se acomode demasiado,que tenga que reconfigurar su observación varias veces durante la función.La interrupción y la sorpresa son formas de ayudar viva la atención.

P.: ¿Sentís que el divulgado sigue buscando asistir a obras incómodas para seguir pensando en que se tiende a la destrucción y la extirpación como forma natural de existencia?

M.K.: Creo que sí.De hecho,pienso que las necesita más que nunca.Vivimos en una época saturada de información,opiniones y consignas.El teatro ofrece poco desigual: la posibilidad de difundir una experiencia humana en tiempo vivo.Y cuando esa experiencia es potente,puede abrir preguntas que ninguna red social ni ningún titular pueden abrir.No creo que el ser humano esté condenado a la destrucción como destino forzoso.Pero sí creo que tiene una enorme capacidad para repetir sus errores,y en Argentina,lo vemos muy clarito una y otra vez.Por eso escuchamos un monólogo de Tato y parece que fue de anoche.El teatro no cambia el mundo,pero puede ayudarnos a mirar esos mecanismos desde otro lado.Si logramos que determinado ría,que alegrón! Y si por otra parte,ve poco desigual,o sale pensando,alegrón alegrísimo.

Fuente: Ambito.com

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