Cuatro películas de la Alemania Oriental sobre astronautas,utopías espaciales y el futuro comunista

No solo en EEUU se hacen novelas y películas de ciencia ficción.Las cuatro películas de Alemania Oriental que vieron este fin de semana en Sala Lugones, expectativas del archivo de la extinguida casa productora estatal DEFA,son casi nada la punta del cohete de una vasta producción cumplida durante los abriles del imperio soviético,claro que con características propias.Por nacer,no se usaba el término ciencia ficción,ni aún menos se escribía Sci-Fi,eso se consideraba una contaminación norteamericana.Allá se usaba la expresión “fantasía científica”, y “relato de anticipación” en las obras que imaginaban un mundo totalmente comunista donde ya no existirían fronteras nacionales ni conflictos sociales ni penuria ni combate.Como eso no ocurría en el presente,se pateaba para más delante.
Irónicamente,el socialista Werner Illing,autor de la novelística “Utopolis”, definida como “una utopía proletaria”, cuando llegó el momento se quedó en el flanco occidental,donde,entre otras cosas,escribió el relación “El hombre de otra estrella”, sobre un extraterrestre que se detiene en nuestro planeta y al ver cómo somos prefiere seguir alucinación.Ese relación fue llevado al cine en 1948 y sería interesante verlo de nuevo.
Cuándo la ciencia ficción soñaba con un mundo comunista
Ahora correctamente, ¿quiénes hicieron las cuatro películas que ahora vimos? La más ideologizada es “La estrella silenciosa”, además conocida como “Un viaje a Venus”, 1960,donde la Federación Mundial para la Exploración del Espacio envía una nave rusa integrada por científicos de varias razas y naciones (al desenlace de la entrevista información en primicia diremos poco risueño sobre una de sus actrices). Producción germano-polaca trascendente para su época, “La estrella silenciosa” es una traducción vacío de la novelística “Astronautas”, de Stanislav Lem,que rechazó la acomodo,demasiado cambiada para su estilo.Kurt Maetzig,su director,era miembro del Partido Comunista,autor de obras como “El consejo de los dioses”, que imagina una clara complicidad entre empresas nazis y norteamericanas durante la combate,y el extenso biopic “Ernst Thalman,hijo de la clase obrera”, entre otras películas de propaganda.Murió en 2012,vigésimo abriles largos posteriormente de la caída del Muro.
Muy desigual era Gottfried Kolditz,que hizo comedias,cuentos infantiles, ¡westerns con peleas de apaches y tejanos,todos germanos!, y,como junto a esperar,además hizo aventuras en el espacio.La primera fue “Señales.Una aventura espacial”, 1970,sobre novelística de Carlos Rasch,un autor popular nacido en Brasil y criado en Alemania,donde publicó casi toda su obra.Historia de una nave que rebusca a otra supuestamente perdida, “Señales” quería ser tan espectacular como “2001.Odisea del espacio”. Cámaras de 70 mm., bienes especiales muy correctamente aplicados por Kurt Marks y Stanislaw Dulz (más conocido por los dibujos de Bolek y Lolek para niños), todo eso.Más delante,Kolditz hizo una extravagancia al linde de lo entonces permitido, “En el polvo de las estrellas”, 1976,donde los tripulantes de una nave se encuentran con alienígenas muy amables y fiesteras,iguales a las chicas terrestres y todas en bikini.Pero la amabilidad esconde otra cara conveniente espantosa (más confiables eran Beba Bidart y Ethel Rojo como las venusianas que Los Grandes del Buen Humor se traen a la Tierra en “El satélite chiflado” -y a la envés casi chocan con el Obelisco).
Entre medio está “Eolomea”, 1972,donde ocho naves y una fase orbital pierden contacto con la Tierra y la directora del Consejo Espacial entra en conflicto con un verificado sospechoso de ocultar datos sobre un esquema nunca apto.Enorme coproducción germano-ruso-búlgara en 70 mm., se basamento en una novelística de Angel Wagenstein,búlgaro de ascendencia sefaradí que luchó contra los nazis,escapó de una prisión,a última hora se salvó del fusilamiento en otra,posteriormente se dedicó a escribir guiones y novelas,lo que se dice una vida barragana.En cuanto al director de “Eolomea”, Hermann Zschoche,era casi nada un irreflexivo durante la combate,y posteriormente pasó casi toda su vida interiormente de los estudios de cine.El hizo romances adolescentes y juveniles,comedias musicales,aventuras,y un drama existencial que fue prohibido y recién pudo hallarse cuando cayó el régimen: “Karla”, 1965,elogio de una profesora pesimista respecto al futuro de la sociedad.Más tarde le prohibieron otra película,pero no porque dijera poco contra el régimen,sino porque su protagonista escapó a Occidente amoldonado en la semana de apertura en pantalla.Cuando al fin se estrenaron Zschoche ya estaba dedicado a las series televisivas.Su posterior trabajo fue un capítulo de la serie austríaca “Comisario Rex”, la del perro de policía que,según cuentan,era lo único que veía el Papa Benedicto XVI al desenlace de sus jornadas.
Volviendo a “La estrella silenciosa”, la tripulación debía ser internacional,así que hubo actores de distintos países.Representando al Japón estaba Yoko Tani,que venía de filmar con Dirk Bogarde “El viento no sabe leer”. Menudita,carita dulce,Yoko nació en Paris,hija de un diplomático,creció en Tokio,y casi nada jovencita volvió a Francia para estudiar,pero en vez de entrar a la Sorbona entró a un cabaret y se hizo stripper.Talentosa,pronto pasó a hacer teatro,cine y televisión.Filmó con Fernandel,Jean Gabin,Fresnay,Anthony Quinn (“Salvajes inocentes”), Gordon Scott,Yves Montand,Dean Martin,comedias picarescas,dramas pasionales,cintas de espionaje,peplums,además dos dramas japoneses sobre el tormento de los primeros cristianos en el Japón,y tres del argentino Hugo Fregonese: “Marco Polo” (es la hija del patrón mongol), “FBI Operación Baalbek” y “El secreto del doctor Mabuse”. Esta que ahora vemos,donde hace de cosmonauta,es una de las pocas películas donde aparece siempre vestida.





