Despedida inolvidable: Die Toten Hosen concluye su romance argentino con un concierto emblemático en Buenos Aires

“Sos buchón, sos buchón”. Dave Campino se desplaza ágilmente de un extremo a otro del escenario, mientras Mosca Velázquez, histórico vocalista de 2′, le brinda su acompañamiento. Se escucha uno de los himnos anti‑policía más emblemáticos. Son las once de la noche en el Movistar Arena y la atmósfera sugiere que ninguno desea que la velada concluya, ni los intérpretes ni el público.
¿De qué modo cinco descendientes de una nación industrial y metódica lograron cautivar a una población del hemisferio sur que se rige por ritmos opuestos? ¿Qué alquimia transforma a miles de espectadores en portadores de estribillos en una lengua que desconocen y que, en ocasiones, resulta incluso chocante? A la inversa: ¿qué posee esta latitud austral y periférica para erigirse en la tierra prometida de un conjunto germano que apenas logra difundir su idioma local? Tres palabras resumen la hazaña: Die Toten Hosen.
El romance argentino
Transcurrieron 34 años desde que los Hosen pisaron por primera vez la ciudad de Buenos Aires. El calendario marcaba 1992. Su presentación inaugural tuvo lugar en la discoteca Halley (ya desaparecida), como parte de los acompañantes de Pilsen, la incipiente agrupación que Enrique “Pil” Chalar había constituido tras la disolución de Los Violadores. Amor a primera vista. Desde aquel momento, los pantalones desgastados, tal como su nombre traducido, construyeron un vínculo que los llevó a regresar en más de quince oportunidades, con momentos de gran intensidad, como el concierto compartido con Iggy Pop y los Ramones en 1996 y la actuación en pleno San Telmo en 2015.
Ese archivo de presentaciones memorables, improvisaciones en la calle, apariciones inesperadas en locales y, sobre todo, fútbol, asado y vino, culminó este sábado nocturno, en una gala que sirvió tanto para despedir a los amigos alemanes como para rendir homenaje al punk rock argentino. Durante casi dos horas de espectáculo, subieron al escenario Ciro Pertussi y Luciano Scaglione de Attaque 77; Sergio Gramática de Violadores, y el mencionado Mosca.
Se interpretaron Donde las águilas se atreven, 1,2, ultraviolento, Represión y Ya no sos igual, dentro de un setlist de 33 piezas que incluyó dos bis. La conclusión es inequívoca: Die Toten Hosen se retira en la plenitud de su prime, como afirman los jóvenes. La formación mantiene una configuración compacta: dos guitarras al frente, una sección rítmica contundente que impide cualquier vacilación, y, como guinda del pastel, la figura de Campino, showman de la vieja escuela, demostrando que la humanidad aún conserva cartas por jugar en su cruzada contra la mecanización.
Strom, Altes Fieber, Kokane in my brain, Liebeslied y una enérgica versión de Should I Stay or Should I Go trazan la hoja de ruta salvaje. Bonnie & Clyde y Hier Kommt Alex, dos momentos icónicos de la noche, permiten al grupo desplegar su faceta más desenfrenada. Reisefieber, joya de su álbum debut, también se inserta entre los puntos álgidos de la velada en Villa Crespo.
En esta ocasión, la gira alemana incluyó presentaciones en Tandil y Rosario, además del cierre inevitable en la capital, con entradas completamente agotadas. Cuando el público argentino se adueña de una obra, la sigue hasta el último acorde. Lo saben bien bandas como los Rolling Stones, Guns N’ Roses y los extintos Ramones, quizá los máximos exponentes de profetas lejos de su tierra. Fue precisamente el colapso de los cuatro chicos de Queens lo que abrió la senda para que Die Toten Hosen ocuparan el vacío del público punk autóctono.
You’ll never walk alone clausuró la noche, una catarsis colosal y colectiva, futbolera, de abrazos, cerveza y sudor. Campino derrama lágrimas. La travesía ha llegado a su fin. Quizá quede tiempo este fin de semana para alguna travesura adicional, una de esas que formaron parte esencial del relato argentino del grupo.
El desenlace resultó amargo. Despedir a compañeros punks, leales y rebeldes, en un mundo que avanza inexorablemente hacia su propia destrucción, constituye una pérdida considerable. Cuando la orfandad ramonera impactó al rock and roll argentino, emergieron los Die Toten Hosen.
Sin embargo, ellos tampoco permanecen.
¿Y ahora qué ocurre?
Fuente: Ambito.com





