Alerta en Kenia ante una misteriosa enfermedad letal que está diezmando la población de elefantes

Gengis Khan, un juvenil elefante macho de apenas once años, yace desplomado sobre el suelo intentando sin éxito incorporarse. A pesar de los intentos de los veterinarios por suministrarle glucosa para reanimarlo, su respiración entrecortada y sus ojos enrojecidos presagian un desenlace fatal. Este caso no es aislado: la misma escena se repite en las reservas comunitarias cercanas al monte Kilimanjaro, transformando aquel emblemático tramo de sabana en un escenario de incertidumbre y dolor.
Desde finales de junio, al menos veinte ejemplares —principalmente hembras y crías— han sucumbido a una serie de signos idénticos. Los individuos afectados presentan una marcada agitación, problemas respiratorios y una parálisis parcial que les imposibilita sostener su propio peso, obligándolos a languidecer en el suelo durante varios días.
Un misterio sanitario que confronta a la comunidad científica y a las autoridades
Aunque el Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS) señaló inicialmente que las muertes podrían deberse a la ingestión de cianuro o pesticidas provenientes de cultivos colindantes, dicha hipótesis ha sido categóricamente desestimada por expertos y dirigentes locales.
Ausencia de carroñeros afectados: Si la causa fuera un tóxico potente, aves carroñeras y depredadores como hienas o buitres habrían fallecido tras consumir los restos, lo cual no ha ocurrido.
Sin repercusión en el ganado: Tampoco se han registrado muertes entre los animales de pastoreo de las comunidades vecinas, descartando así la ingestión de forrajes contaminados.
Perfil de las víctimas: Los machos adultos, que habitualmente se aventuran en las plantaciones agrícolas, aparecen casi inmune a la enfermedad.
Los animales comprometidos manifiestan una intensa agitación, dificultades al respirar y una parálisis parcial que les impide mantenerse en pie, dejándolos en estado de agonía durante varios días.
«Se trata de una dolencia que únicamente afecta a los elefantes. Si ningún carroñero ha muerto tras alimentarse de ellos, es imposible atribuirlo a un producto químico», afirman los especialistas locales en el terreno.
A pesar de la gravedad del escenario y del temor de que esta afección se extienda a Tanzania o incluso a la salud humana, las autoridades han descartado, por el momento, la posibilidad de un agente contagioso. Mientras las organizaciones medioambientales exigen investigaciones exhaustivas, la incertidumbre persiste en una zona cuya economía y biodiversidad dependen profundamente del bienestar de su fauna silvestre.
Fuente: Ambito.com

