EEUU y China: la influencia decisiva de los semiconductores en la contienda tecnológica

El advenimiento de la inteligencia artificial ha desencadenado una nueva contienda tecnológica entre Estados Unidos y China, las dos naciones más influyentes en la creación de estas soluciones. No obstante, el conflicto ya no se circunscribe únicamente a la capacidad de los modelos ni a sus precios; se extiende a los centros de producción, a los equipos indispensables para fabricar los circuitos más sofisticados y, sobre todo, se libra en un ámbito menos visible pero cada vez más estratégico: la salvaguarda de los diseños y del saber que posibilita el desarrollo de semiconductores. En este marco, China ha actualizado la legislación que protege los esquemas de disposición de circuitos integrados.
Esta nueva confrontación se produce tras años en los que Washington impuso restricciones al acceso de software e infraestructura esencial a empresas chinas. Actualmente, Pekín procura asegurar el valor de la propiedad intelectual generada dentro de sus fronteras, en un contexto en el que el mercado empieza a notar el ascenso de firmas como Alibaba, DeepSeek, Moonshot, entre otras.
La reciente iniciativa del gobierno de Xi Jinping, una reforma firmada por el primer ministro Li Qiang el pasado 23 de julio y posteriormente detallada por el Ministerio de Justicia y la Administración Nacional de Propiedad Intelectual, entrará en vigor el próximo 15 de octubre y tiene como objetivo robustecer el marco jurídico que protege un componente esencial del desarrollo de los semiconductores.
China moviliza la pieza y procura resguardar el diseño de sus microchips
La reforma no se centra en el chip finalizado, sino en el diseño interno que determina la distribución de sus elementos. Ese trabajo de ingeniería constituye uno de los activos más preciados del sector y, en numerosos casos, pertenece a compañías que conceptualizan los circuitos, pero no los fabrican.
El mercado comienza a observar el crecimiento de compañías como Alibaba, DeepSeek, Moonshot y más.
Las disposiciones recién aprobadas pretenden complicar la copia de dichos diseños por parte de terceros o la apropiación indebida mediante registros irregulares. Para ello, los solicitantes de protección deberán acreditar la originalidad de su obra, presentar declaraciones que lo respalden e identificar con exactitud los componentes creados por ellos.
El propósito es elevar los requisitos para obtener derechos sobre esos diseños y disminuir las solicitudes consideradas débiles, dudosas o de mala fe. La actualización también endurece las sanciones para quienes vulneren esos derechos. Los daños podrán calcularse en función de las pérdidas sufridas por el titular o de las ganancias obtenidas por quien utilizó el diseño sin autorización. Asimismo, los tribunales estarán facultados para imponer indemnizaciones punitivas en los casos más graves.
Paralelamente, la reforma establece mecanismos más claros para impugnar registros que no debieron haber sido concedidos.
Otro de los cambios facilita la explotación comercial de estos derechos. La normativa detalla cómo podrán licenciarse, transferirse o emplearse como garantía, consolidando los diseños de circuitos integrados como activos susceptibles de formar parte de operaciones empresariales.
Adicionalmente, las entidades responsables de estos desarrollos deberán reconocer una compensación justa al personal que haya contribuido a su creación.
La reforma no introduce nuevos controles de exportación ni constituye una respuesta equiparable a las restricciones impuestas por Estados Unidos. En cambio, el énfasis recae en reforzar la protección legal del conocimiento generado por las empresas chinas.
Tras años de limitaciones estadounidenses al acceso a software avanzado de diseño y equipos de fabricación, Pekín procura consolidar un marco jurídico que preserve la tecnología desarrollada internamente y disminuya el riesgo de apropiación por terceros.
Fuente: Ambito.com





