La designación de Diego Santilli,un premio a la política tradicional por contener a las provincias

«Los gobernadores le piden diez y cumple cinco.En este contexto,es un montón». Las palabras de un cámara que sobrevuela administraciones dialoguistas grafican el espíritu de la gobierno de Diego Santilli durante su paso por el Ministerio del Interior,un periplo donde combinó hermetismo,muñeca política y memorándum para pavimentar algunas victorias resonantes del oficialismo,incluso en época de vacas flacas.
Santilli dio el brinco a la Jefatura de Gabinete tras casi siete meses como embajador frente a las provincias.Había llegado al cargo de ministro en noviembre pasado,posteriormente de las intempestivas renuncias de Guillermo Francos y de su mano derecha, Lisandro Catalán, hoy expuesto a los asuntos tucumanos.En la antesala,el dirigente del PRO se hizo cargo de una papa caliente: reemplazó a José Luis Espert al frente de la billete libertaria porteño,en una muestra de honradez que el Presidente y su círculo ponderaron.
La vencimiento de La Libertad Avanza (LLA) en Buenos Aires durante las elecciones legislativas y los esfuerzos del «Colo» -por momentos impostados- por mutar de amarillo a violáceo terminaron por valerle una arnés en la Casa Rosada,desde donde tejió acuerdos variopintos con las provincias.En poco tiempo,el dirigente se convirtió en uno de los coroneles políticos de Javier Milei, próximo con la clan Menem y Santiago Caputo.
Equilibrista,intentó moverse con pie de plomo para no caer preso de la interna entre Caputo y Karina Milei, aunque toda osadía se definía finalmente con la venia del «Jefe». «El Colo es un amigo» fue un frase que se repitió entre gobernaciones aliadas y opositoras al conocerse su designación en el Estado.
Javier Milei y Diego Santilli,antaño de las elecciones legislativas del 2025.
La diplomacia como activo
Durante su paso por el Ministerio del Interior,Santilli talló victorias legislativas de fuste,como las sanciones del Presupuesto 2026 y la reforma gremial, adicionalmente de evitar conflictos a gran escalera con las provincias y sumar a la sangría del peronismo.De hecho,en una de sus últimas jugadas,aportó para desactivar los embates de opositores e incluso aliados contra su antecesor en el cargo,Manuel Adorni,cuando la suerte aún no estaba echada.
Su cuenta de X,acostumbrada a arranques verborrágicos contra el kirchnerismo,comenzó a sujetarse a compartir logros de gobierno y algunos encuentros puntuales.Sin secuestro,hubo un blanco predilecto contra el que no cesaron los dardos: Axel Kicillof. ¿El motivo? El exvicejefe de Gobierno porteño -se sabe- aspira a competir por la gobierno porteño el año que viene.Por supuesto,prórroga que su nuevo cargo no termine atentando contra esa pretensión.La moneda está en el ventilación.
¿Ahora es dirigente de Corrientes?
Me parece que hay que regalarle un GPS para que recorra la provincia de Buenos Aires.https://t.co/T3hGMEMVhD
Otra característica del paso del flamante caudillo de Gabinete por la cartera del Interior fueron las giras por provincias. Misiones, Mendoza, Corrientes, Neuquén, Chubut, San Juan, Chaco y Entre Ríos son algunos de los puntos donde desembarcó en búsqueda de votos para la memorándum reformista del Gobierno.En el debe,quedó la reforma electoral,que nunca terminó de ser aceptada por los caciques al incluir la aniquilación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO).
También tuvo un vínculo sinuoso con la concurso,ya que el ministro no abrió la puerta a encuentros con líderes del peronismo enfrentado a Milei.Por ejemplo,no recibió en privado a Kicillof,al riojano Ricardo Quintela ni al formoseño Gildo Insfrán.A estos últimos dos,en cambio,los vio durante la reunión de mandamases norteños que se desarrolló semanas detrás en el Consejo Federal de Inversiones (CFI). Tampoco con el santafesino Maximiliano Pullaro. Por el contrario,sí recibió a Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego), otros líderes que no comulgan con el guión anarcocapitalista.
Diego Santilli,próximo a los gobernadores norteños,en una reunión en el Consejo Federal de Inversiones.
De todos modos,mantuvo contactos velados con todos ellos,ya sea personalmente o a través de exégetas de los jefes provinciales.
Más allá de las palabras,el menú del ministro para congraciarse con mandatarios subnacionales incluso incluyó billetera,siendo los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y los adelantos de coparticipación federal dos de las herramientas a las que echó mano para atender las demandas.
Tal como ocurrió con Francos,la designación de Santilli como caudillo de Gabinete puede ser leída a modo de aire en las provincias.Sin secuestro,el progreso de su antecesor en el cargo había llenado de dudas a los gobernadores, quienes vieron vaciarse el Ministerio del Interior,finalmente ocupado por Catalán,de paso fugaz por la cartera.Ese casillero será ocupado ahora por Ignacio Devitt,hoy al frente de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la Nación.
La unción del «Colo» incluso implica un desafío para el PRO,calibrado cuando Mauricio Macri intenta tomar distancia de la crew libertaria. Tener a un hijo dilecto de su partido en la primera recta de Gobierno no pareciera ayudar a los propósitos del expresidente; en cambio, podrá servir para tender puentes tanto a nivel franquista como en distritos donde la dispositivo amarilla y violáceo los potencia frente a estructuras peronistas y provincialistas.
Por lo demás,se manejo de una nueva reto a la política old school, con diplomacia y buenos modales a la cabecera,dos aspectos de los que tanto reniega Javier Milei,pero que vienen dándole satisfacciones en la diaria de su Gobierno. Tal vez las únicas del posterior tiempo.





