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«La hermanastra fea»: reversión de La Cenicienta en clave extrema y sangrienta

A mitad de camino entre el cuento de hadas y el retrato de la violencia y mutilación corporal en pos de un ideal inalcanzable de belleza, se convierte en un nuevo ejemplar de terror elevado.

LA HERMANASTRA FEA 6 puntos

(Den stygge stesøsteren; Noruega/Dinamarca/Rumania/Polonia/Suecia, 2025)

Dirección y guion: Emilie Blichfeldt.

Duración: 109 minutos.

Intérpretes: Lea Myren, Thea Sofie Loch Naess, Ane Dahl Torp, Flo Fagerli.

Estreno en salas de cine.

Ahora que el body horror –término para entendidos devenido en lengua franca– está de moda, ya no es necesario citar orígenes, evoluciones y grandes practicantes del subgénero. Va de suyo, asimismo, que varias de las películas recientes que se acercan al terreno lo hacen aplicando sus mecanismos a las transformaciones físicas del cuerpo femenino, convirtiendo conceptos metafóricos en sangrantes y muy literales laceraciones. A la lista de producciones recientes de alto perfil, que no puede excluir títulos como La sustancia y Titane, de las francesas Coralie Fargeat y Julia Ducournau respectivamente, se suma la noruega La hermanastra fea, ópera prima de Emilie Blichfeldt que tuvo este año un estreno casi simultáneo en los festivales de Sundance y Berlín. Su fondo y forma, a mitad de camino entre el cuento de hadas y el retrato de la violencia y mutilación corporal en pos de un ideal inalcanzable de belleza, la convierten en un nuevo ejemplar de terror elevado, aunque con un pie apoyado en la relectura de cierto cine exploitation europeo.

Así lo señala claramente la secuencia de títulos de apertura: más allá de que el relato parece transcurrir en algún momento del siglo XIX, cuando los usos y costumbres sociales permanecían marcados por la etiqueta de la nobleza y la aristocracia, el uso de la imagen difuminada y la música electrónico-anacrónica rememoran sin fisuras el cine crasamente comercial de los 70, cuando el erotismo softcore solía darle la mano al horror, como si se trataran de un ente indisoluble. La historia es sencilla y la fuente original más que evidente. Reversión de La Cenicienta en clave extrema y sangrienta, la protagonista de La hermanastra fea es la adolescente Elvira, la hija mayor de Rebekka, una mujer que, a poco de desposar a un anciano adinerado, enviuda por segunda vez. Sólo que el dinero no era más que una fantasía, obligando a la nueva dueña de casa a hacerse cargo de su hijastra, la bellísima Agnes, la envidia inmediata de Elvira y futura Cenicienta de ocasión.

Con esas coordenadas como punto de partida y una obsesión por la perfección física transmitida de madre a hija, Elvira se somete a una primitiva cirugía para “corregir” su nariz. El primer paso de una transformación física que incluirá otras alteraciones aún más radicales y dolorosas, cuyo destinatario no es otro que el príncipe de la comarca, y su intención última ser la joven más atractiva del baile anual que tiene lugar en el castillo. Emilie Blichfeldt, directora y guionista, va de menor a mayor, elevando el nivel de shock a medida que transcurren los minutos. En el proceso se da el lujo de homenajear a Busby Berkeley, utilizar dobles de cuerpo para alguna escena de sexo explícita, sumar a la ecuación una insaciable lombriz solitaria y subir aún más la apuesta durante los minutos finales, cuando entra en juego el famoso zapato perdido antes de subir al carruaje. En el fondo, La hermanastra fea no es otra cosa que una crítica nada velada a los patriarcados pretéritos y presentes y a la obsesión por los cuerpos y rostros perfectos, aunque disfrazada de cuento de hadas oscuro con el pedal del sarcasmo pisado al límite.

Fuente: Pagina12

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