jueves, 25 de julio de 2024
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«Crítica Miranda, de viernes a lunes»: crónica de un terremoto interior

 

La protagonista de la película es una docente en un colegio cuya rutina educativa estalla por los aires a raíz de la denuncia de abuso de una estudiante.

6 – MIRANDA, DE VIERNES A LUNES
(Argentina/2024)
Dirección y guion: María Victoria Menis
Duración: 86 minutos
Intérpretes: Inés Estévez, Ricardo Merkin, Elvira Oneto, Luciana Grasso, Laura Grandinetti y Diego de Paula
Estreno en salas

No todas las transformaciones son iguales. Algunas se manifiestan con claridad hacia el exterior y otras sólo corren por andariveles internos. Están las que tienen un punto de comienzo definido y las que son fruto de una extensa decantación. Unas florecen para marcar el comienzo de una etapa más venturosa; otras, para clausurar una con varios sinsabores. La que atraviesa Miranda tiene un poco de todo. La protagonista del regreso a los largometrajes de ficción de la directora María Victoria Menis (El cielito, La cámara oscura, María y el Araña) luego de una excursión por el documental (Mi hist(e)ria en el cine) tiene 48 años y es docente de Literatura en un colegio cuya rutina educativa estalla por los aires a raíz de la denuncia de abuso de una estudiante. Detalle nada menor: corre el año 2016 y la ola verde recién comienza tomar fuerza.

La fecha resulta clave para entender la actitud de Miranda ante esa situación y de los posteriores movimientos de sus variables emotivas. Es por eso que responde al silencio de las autoridades haciendo lo que no sus colegas, esto es, apoyando abiertamente a la joven, lo que le depara un irse a casa envuelta en aplausos del alumnado. A partir de esa apertura, Miranda, de viernes a lunes encapsulará sus vivencias durante el periodo temporal del título. Un par de días igual a tantos a otros, sino fuera porque serán pródigos en cambios “sin espectacularidad, pero con sustancia», como definió con precisión la actriz Inés Estévez ante el periodista Oscar Ranzni durante la entrevistada publicada en estas páginas el domingo.

Mientras recibe llamadas de sus colegas recomendándole que recule en chancletas para salvaguardar el laburo, le pone el pecho a una dinámica familiar muy particular. Tiene dos hijas adolescentes, una con problemas madurativos (justísima Luciana Grasso) y otra (Laura Grandinetti) lista para desplegar las alas e iniciar su vida adulta, un padre italiano con demencia (Ricardo Merkin por momentos en plan comic relief) que vive en un geriátrico y lleva a su casa durante unos días, y una madre (Elvira Oneto) que le enseñó a fumar a los diez años para que no “tuviera que fumar sola”. Se suma un novio fascinado con Villa Gesell –lugar que ella odia– del que solo conoceremos su voz en el teléfono y su ex y padre de las hijas (Diego de Paula) con el que se lleva muy bien. Tanto bien se llevan, que el muchacho vuelve a la carga para intentar recomponer el romance. Miranda, como casi todas las mujeres, es hija, madre, trabajadora y novia a la vez.

Por si fuera poco, Miranda anda con ganas de volver a cantar, una pasión que dejó por razones que no se especifican, pero que muy probablemente tuvieron ligazón con su maternidad. No es descabellado leer en aquella situación –una materia pendiente que la película ilustra apelando a un realismo mágico– el germen de su actitud en el colegio. A Miranda le pasa de todo, por dentro y por fuera. De lo primero Estévez entrega pequeños indicios, porque su actuación es de estilo contenido, implosivo antes que explosivo. Lo segundo le corresponde a Menis, que la filma con devoción, pero sin asfixiarla pegándole la cámara ni bombardeándola con primeros planos. Lo suyo es más bien un comportamiento observacional íntimo y pudoroso, a distancia justa. Buena manera de visibilizar un terremoto imposible de capturar con un sismógrafo. 

Fuente: Pagina12

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