jueves, 13 de junio de 2024

Nicolás Gil Lavedra: «Al ver todas las piezas juntas se hace más duro»

 

Antes de la première mundial del documental, el cineasta explica el sentido de un film que desenrolla la madeja de impunidad sobre los «vuelos de la muerte». Traslados reúne testimonios de ex detenidos, familiares, testigos y especialistas, complementados con un valioso material de archivo, y recreaciones. 

Este lunes a las 13.30 de Francia, en la Sala H del Palais des Festivals de Cannes se llevará a cabo un encuentro que tendrá carácter histórico. En el marco del programa «Cine Argentino Presente» dentro del Marché Du Film de la 77º edición del Festival de Cine de Cannes, los espectadores que allí concurran saldrán conmovidos. Es que la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina organizó este encuentro para la première mundial del notable documental Traslados, dirigido por Nicolás Gil Lavedra. Basado en una idea original de la actriz y guionista Zoe Hochbaum, con producción de OrcaFilms, producción general de Milagros Hadad, y con apoyo del Grupo Octubre, el film desenrolla la madeja de impunidad sobre los «vuelos de la muerte» para relatar uno de los métodos de exterminio más aberrantes de la dictadura  cívico-miliitar argentiina. Acompañarán la presentación del film, Hernán Findling y Sabrina Farji, presidente y vice de la Academia, y Zoe Hochbaum.

Y los espectadores saldrán conmovidos porque el largometraje del director de Verdades verdaderas (la biopic de Estela de Carlotto) puso el foco ahora en ese siniestro método de exterminio consistente en arrojar a personas al mar desde aviones, que utilizó la dictadura con el fin de asesinar a los detenidos desaparecidos y eliminar las pruebas del terrorismo de Estado. Los responsables de delitos de lesa humanidad le decían eufemísticamente «traslado» al método. El nombre servía para engañar a los detenidos desaparecidos, a quienes se les decía que serían trasladados a una cárcel. Las víctimas eran inyectadas con pentotal para ser adormecidas y arrojadas vivas, semidesnudas, desde aeronaves militares en vuelo sobre el mar o el Río de la Plata, con el fin de hacer desaparecer los cadáveres y las pruebas de los crímenes (algunas personas también fueron asesinadas antes de que las subieran a los aviones). Las corrientes hicieron que algunos de los cuerpos de las víctimas aparecieran en las costas argentinas y uruguayas y el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) pudo identificarlas varios años después. Entre ellos, se encuentran los cadáveres de las tres mujeres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Eugenia Ponce de Bianco, cuyos cuerpos aparecieron en las costas bonaerenses en 1977, pero recién en el año 2005 pudieron ser identificadas.

Con testimonios de ex detenidos, familiares, testigos y especialistas, complementados con un valioso material de archivo, y recreaciones, Traslados resuelve el rompecabezas de los testigos, la ciencia y las casualidades que prueban la existencia de la más cruel y efectiva metodología de asesinato y desaparición de personas ejecutada por la última dictadura. La primera parte de la película traza los acontecimientos más importantes de la dictadura y también de la democracia que tienen vinculación: desde el Mundial 78 a la Guerra de Malvinas y la asunción de Alfonsín; del Juicio a las Juntas a la sanción de las leyes de impunidad; de los indultos de Carlos Menem a los juicios por la Verdad, y la nueva época que se abrió en la Argentina desde el gobierno de Néstor Kirchner con las políticas de Memoria, Verdad y Justicia. Pero si en la primera parte del documental se narra brevemente el tema de los «vuelos de la muerte», en la segunda es donde el documental se mete de lleno en la investigación con entrevistas muy jugosas que permiten conocer con detalle la siniestra metodología hasta en su aspecto cotidiano. Y es allí donde la película alcanza el pico de su espesor dramático.

Gil Lavedra estaba terminando la edición de Como el mar -que se estrenó en marzo de este año- y Zoe Hochbaum, que fue la coprotagonista, no entendía cómo en la Argentina podía haber sucedido algo así. Cuando terminaron Como el mar, Hochbaum le habló del proyecto al cineasta. «Automáticamente sentí que me interesaba sumarme. Obviamente era difícil al principio, pero mientras se llevaba a cabo la investigación, yo me iba sumando. Y ahí empezamos a hacer un primer listado de entrevistas, que era lo más importante porque hasta que no tenés las entrevistas cuesta armar un relato, por más que sabíamos qué podía contar cada uno», cuenta Gil Lavedra en diálogo con Página/12. Luego hubo otra tanda de entrevistas, y búsqueda de material de archivo. A partiir de ahí, se trabajó con el relato del documental.

-Si bien hay muchas películas nacionales sobre la dictadura y distintas vetas de lo que se cuenta, ¿creés que había una deuda del cine argentino con el relato del procedimiento siniestro de los “vuelos de la muerte”?

-No es por deuda. Me parece que lo que hay es poca información o muy dispersa. Y hay mucha información que fue surgiendo también en los últimos años. La condena del juicio de Campo de Mayo fue recién en 2021, en pandemia. Es más: nosotros tenemos un archivo donde se puede ver que el juicio fue con Zoom. El cine lo fue relatando a medida que podía. Por ejemplo, Garage Olimpo, que tiene una escena donde ves un avión Hércules sobrevolando y que lleva a la gente. Después, hubo películas que mostraron un poquito. Sin ir más lejos, la americana Los dos papas, que también muestra un minuto y medio unos «vuelos de la muerte»  de los que supuestamente Bergoglio se había enterado. Se fue mostrando. Lo que tiene de interesante este documental, y más al ser de investigación, es que te reúne todas las piezas juntas. Y termina siendo dos veces más terrible porque verlo todo junto te revuelve mucho más las tripas y hace entender que eso nos pasó a nosotros. Y la deuda que todavía tenemos con ese tema porque así como se explica en el documental, como era un mecanismo que se fue perfeccionando, lamentablemente son pocos los cuerpos que aparecieron y que pueden comprobar el delito. Pero al verlo todo junto hace que sea mucho más duro.

-¿La idea fue armar el puzzle que combina la ciencia, los testigos y las casualidades que prueban la existencia de ese atroz procedimiento?

-Totalmente. Con Zoe venimos trabajando mucho. Entonces, tenemos un nivel de complicidad al trabajar. Y a medida que iba avanzado la investigación, yo iba hablando con ella a ver cuál era la mejor manera de contarlo. Primero fue hablar del contexto, después de lo que ellos sabían estando secuestrados. Después, las primeras voces que hablaban sobre los «vuelos de la muerte», que a fines de los 70 y principios de los 80 todavía no estábamos dispuestos a escuchar. Esto también está en el documental: «Con vida los queremos». Y a medida que eso fue avanzando, hasta la llegada de Scilingo, donde había mucha impunidad en la Argentina, por los indultos y por las leyes de Obediencia Debida, hay que ver de qué manera se siguió con la justicia y con los juicios por la verdad. A medida que iba avanzando la investigación, con Zoe y con el guionista Gustavo Gersberg, íbamos pensando cómo podíamos darle cuerpo a los relatos de los entrevistados.

-O sea que las recreaciones no fueron por falta de material de archivo sino para darle espesor dramático a los relatos.

-Así es, porque archivos tenemos un montón y fuimos eligiendo, con un gran trabajo de Laura Mattarollo. Todos los días subía material para que nosotros pudiéramos ver de qué manera mostrar lo mejor. Las recreaciones tuvieron que ver más que nada con poder mostrar el horror de la manera más respetuosamente posible.

-No se puede contar la película sobre los “vuelos de la muerte” sin el relato de los primeros cuarenta y cinco minutos donde trazás los principales hechos de la dictadura y la democracia que tienen relación. En ese sentido, ¿ese comienzo es para que los espectadores asocien cómo se llegó hasta lo que Ingmar Bergman denominó “El huevo de la serpiente”?

-Sí, porque si uno no entiende lo que fue la dictadura, y, por ejemplo no va contando el Mundial 78, Malvinas, la vuelta a la democracia con el Juicio a las Juntas, la Ley de Obediencia Debida, es muy difícil llegar a 1994/1995 con Scilingo confesando que existían los «vuelos de la muerte», cuando ya no había justicia posible. Y también sería muy difícil entender cómo Miriam Lewin, por una investigación que intentaba descubrir dónde estaban esos aviones, termina dando con unas planillas, que derivan en condenas para quienes habían sido los pilotos del «vuelo de la muerte» que arrojó a las aguas a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo y a las monjas francesas. Me parece que si uno no hace una revisión de lo que nos había pasado, de lo que se sabía en determinados momentos que tienen que ver con el contexto, nos costaría llegar a entender cómo puede ser que haya habido justicia cuarenta años después. 

-Ese comienzo de la película sirve también para espectadores extranjeros y para las nuevas generaciones, ¿no?

-Claro. Me siento una persona altamente política. Por más que todos lo somos, pero soy consciente de eso y me siento informado. El libro de investigación Skyvan, de Miriam Lewin, ya lo había leído. Y por ahí hay mucha gente que no. Entonces, poder contar el contexto y avanzar e ir mostrando lo que se sabe y lo que se pudo lograr en términos de justicia me parece importante.

-Y hablando de El huevo de la serpiente, que mostró el germen del nazismo, ¿es importante para comprender lo que pasó aquí que los métodos del nazismo tuvieran un correlato con los de los genocidas argentinos?

-Sí, porque venimos de esos métodos. También de los métodos de la guerra de Argelia, de la Escuela Francesa. Eran métodos de exterminio. Que hayan aparecido setenta y pico de cuerpos, habla de que ese método fue muy efectivo. Estamos hablando de  vuelos semanales en ESMA y Campo de Mayo. ¡Semanales! En aviones donde entran de quince a veinte personas. Estamos hablando de números muchos más altos de los que nos imaginamos de gente que fue arrojada al río. Y por suerte del destino, hubo cuerpos que pudieron aparecer para que podamos entender qué pasó. Pero son pocos los cuerpos que aparecieron si uno se pone a pensar frente a 30 mil desaparecidos. Ahora, nosotros, las generaciones que seguimos, tenemos que poder seguir contando lo que nos pasó para que no nos vuelva a pasar. Y pidiendo justicia: otras planillas de otros aviones, otros juicios. Está el tema de la demora en los juicios. Yo hacía las entrevistas en el documental y pude hablar con Daniel Rafecas y Pablo Llonto de la demora que hay en obtener justicia en estos temas. Vivenciar todo eso va a ayudar a nuestra memoria.

-Es una película difícil de digerir, pero necesaria. ¿Cómo te afectaron algunos testimonios muy fuertes donde se relatan las rutinas de los “vuelos de la muerte”?

-Como yo formaba parte de las entrevistas atrás de cámara preguntando, eran momentos sumamente emotivos y tensos. Escuchar a las hijas de las desaparecidas…Pienso en Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga. Escuchar a Cecilia y Ana María contando lo que les pasó, cómo lo fueron viviendo y cómo su familia se desmembró, fue tremendo. Y en el set era un silencio y un respeto por el relato de lo que estaban contando. Cuando trabajás con estos temas cuesta mucho al principio y, a medida que vas avanzando en la edición o mismo en las desgrabaciones, te armás como una coraza, pero no deja de dolerte que en tu país haya pasado una cosa así. Pienso en los tiempos actuales. Empecé a hablar de esta película con Zoe en febrero del año pasado y hoy hay algunos discursos negacionistas. Pienso en los que tanto lucharon por la verdad que tengan que estar escuchando atrocidades desde el Estado.

-¿Qué fue lo que más te impactó al investigar la cruel metodología de asesinato y desaparición de personas llevada a cabo a través de los “vuelos de la muerte”?

-Descubrir o entender mucho más lo importante que fue la ciencia con el Equipo Argentino de Antropología Forense a la cabeza, que yo ya lo conocía un poco por el tema de los reconocimientos de los bebés apropiados. Pero fue poder entender mucho más a fondo lo clave que fueron en el reconocimiento de los cuerpos. Que aparecieron cuarenta y pico de años atrás en una playa. Exhumaron esos cuerpos, les pudieron sacar el ADN, cotejarlo con el de los familiares vivos. Y el reconocimiento para que esas familias pudieran llorar en paz a una persona que estaba desaparecida. Eso me impactó mucho más que nada con la entrevista con Maco Somigliana y cuando lo fuimos armando en ese capítulo del docu. Y después, mirar para atrás lo que fueron los 90 y el retroceso que tuvimos en materia de Memoria, Verdad y Justicia y en el esclarecimiento de los hechos. Oportunidades de esclarecimiento que se perdieron, más allá de las órdenes de los militares antes de dejar el poder en 1983 con respecto a la destrucción de documentación. Se pudo haber hecho mucho más, pero yo creo que hay una gran parte de la sociedad que no quiere saber lo que pasó y que no siente que haga falta.

-¿Qué sentís cuando hoy distintos organismos de derechos humanos advierten que está en riesgo nada menos que el Banco Nacional de Datos Genéticos?

-Me da mucha tristeza, impotencia, me genera mucho dolor más que nada porque hay grandes organismos que han luchado por esos lugares, que han luchado por el Banco Nacional de Datos Genéticos y que hoy por una Ley Bases hecha por estudios de abogados o por gente a la que no le interesa la Patria, me genera mucho dolor.

-¿Cómo analizás las políticas de de destrucción de memoria desde que Milei llegó al gobierno?

-Una barbaridad, porque después nos va a costar mucho más restablecer esas políticas. Es el gran dolor que provoca este tipo de gobiernos negacionistas. O el Ir atrás con cosas que son clave, como investigar qué pasó adentro del Ejército, que fue algo que se detuvo hace dos meses. Hay que ver qué va a pasar con la Ex ESMA. Hoy están yendo en contra de los Espacios de memoria, que tanto nos costó recuperar, y que son espacios que puedan ser disfrutados por toda la sociedad. Es mentira que sea solamente para un sector. Me pasa cuando voy al Parque de la Memoria, un lugar que puedo disfrutar solo, con amigos, ver arte. Y es de todos. Si no entendemos que eso es importante para nuestra historia, estamos medio locos.     

Fuente: Pagina12

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