sábado, 25 de mayo de 2024

La Feria del Libro en cuadritos de comic

 

En la depresión de la economía de Milei, las historietas ofrecen el bálsamo de aún poder conseguir algo satisfactorio sin lagrimear. Aquí, un recorrido guiado por lo mejor de las estanterías. 

El mundillo de la historieta argentina no es ajeno a los avatares de la economía en general ni de la industria editorial en particular, pero la 48 ª Feria del Libro exhibe con claridad sus virtudes y dificultades específicas. Por lejos, una de esas virtudes es su accesibilidad. La historieta es –en términos relativos- barata y en la Feria, además, está ahí. Buena parte del maltrecho sector está en esas bateas, al alcance de la mano interesada y de los bolsillos menos pudientes. 

Para comparar, si una novedad literaria de los grandes sellos no baja de los 25.000 pesos, una historieta nacional recién salida de imprenta se puede conseguir por diez mil, o incluso por la irrisoria cifra de 5500 pesos. La contracara de estos precios bajos (que se explican por una histórica cultura del circuito especializado, algo que por momentos pone en riesgo la sustentabilidad del mercado) son los tomos importados, que pueden alcanzar sin problemas los 50.000 pesos, cuando no superarlos por mucho.

Por otro lado, si antes la Feria era un punto focal para los lanzamientos editoriales, esta vez el volumen de novedades refleja la retracción del sector. Desde hace una década los sellos con aspiraciones a expandirse más allá del circuito especializado apuntan sus dardos a la Feria. Pero esta vez las apuestas son mucho más modestas. Tres títulos por editorial en el mejor de los casos, y a confiar en el público ajeno al circuito especializado vea como nuevo todo el catálogo. En contraposición crecieron los espacios en los grandes grupos editoriales. Grupo Planeta (Pabellón Verde, #917) en particular tiene un batea doble bien visible y dominada por su línea de manga. Una notable mejora respecto para la exposición de las viñetas del grupo.

Un detalle interesante es que ahora hay historieta en stands que antes eran impensados. Salvo sellos especializados en rubros que nada tienen que ver con las viñetas dispuestas en secuencias, prácticamente en todos los stands hay al menos un cómic. Quien más, quien menos, editores locales de distinta índole le pusieron alguna fichita al noveno arte en el último tiempo. Así, por ejemplo, aparecen títulos llamativos, como Historietas reunidas de Jorge Varlotta (el alter ego de Mario Levrero) en el stand colectivo del que participa Criatura Editora (Pabellón Amarillo, #1920). O Angola Janga, del brasileño Marcelo D’Salete, título que ganó un Premio Eisner en 2018, disponible en el stand de Plaza Regional de Libros (Amarillo, #1705) junto con otros títulos de Flow Press y Outsider.

¿Pero cómo recorrer la sucesión de viñetas de la Feria, entonces? Para el cómic vernáculo el recorrido empieza, como todos los años, en el Pabellón Azul. Lo primero que llama la atención del ojo atento es que crecieron los stands de comiquerías (a celebrar aquí la incorporación de Crumb, nodo de enorme actividad en La Plata). En contraposición, se perdieron o son más modestos los stands de los sellos propiamente dichos. Muchas editoriales que tenían orgullosamente su nombre en las calles de este pabellón ahora refugian sus títulos en los stands de sellos compañeros (Comic.ar, por ejemplo, acoge a varios) o en espacios colectivos, como el del Gobierno de la ciudad.

Desde hace algunos años Hotel de las Ideas (Azul, #429) se convirtió en uno de los sellos más prolíficos y prolijos del circuito. Para esta ocasión, además de los lanzamientos del último año, llegan a la Feria con tres novedades frescas: La rebelión (una novela gráfica coral sobre el Cordobazo, de Ian Debiase), Azul, de Nicolás Schuff y Martina Trach (que inaugura una suerte de línea adolescente para la editorial) y Sistema de la historieta, un texto teórico que también refuerza otra faceta de su catálogo. 

En Comic.ar (Azul, #217) se pueden encontrar no sólo novedades de ese sello, sino también de otros, como los de la prolífica LocoRabia. Aquí están los lanzamientos de la colección “Cortos”, que se consiguen por los mentados $5.500.-. En ese mismo pabellón está el espacio compartido por Comiks Debris y Primavera Revolver (#227) que tiene novedades de historieta infantil y lanzamientos recientes de la popular aventura de Dago y de Quique Alcatena. También para lectores jóvenes llegó a Editorial Común el cierre de la saga Amuleto. El noveno volumen se consigue por $23.000.- en el stand #314.

Si de novedades internacionales se trata, la fija es visitar Panini (#522) en busca de importados españoles, OvniPress (#310) por las ediciones locales de superhéroes de Marvel y DC Comics, prácticamente todo Asterix (incluyendo el último) en Del Zorzal (#420) o babear con el catálogo de Astiberri en la isla de la importadora Waldhutter (#410). Ahí se destacan desde un suculento volumen de Versiones de Alberto Breccia, Juan Sasturain y Carlos Trillo, hasta El fuego, de David Rubín, y Se busca, de Miguel Brieva. 

Con algo de manga y un stand “creativo”, que asemeja a un food truck (lo cual sugiere una metáfora inquietante) el stand de La Revistería (#535) refleja la omnipresente costumbre de las comiquerías de ofrecer, además de libros, merchandising. A diferencia de años anteriores, en la Revistería se echan en falta los pilones de ofertones que tentaban a las billeteras.

Los Pabellones Verde y Amarillo registran menos cambios respecto a ediciones pasadas. Además de la mencionada mejora en la exposición de sus títulos por parte de Grupo Planeta –fruto de la mayor atención que brinda a su línea de manga y licencias de Star Wars-, siempre conviene darse una vuelta por V&R (Verde, #1022) que tiene lo suyo, incluyendo un sector de selfies inspirado en el hit Heartstopper, Latinbooks (Amarillo, #1410) que sostiene su colección de adaptaciones literarias, y Ediciones de la Flor (Amarillo, #1509), que es otra suerte de termómetro. En este sentido, el sello capitaneado por Kuki Miller tiene el cartelito de “Novedad” en sólo tres títulos, entre los que destaca una adaptación de Tacuara mansión, de Horacio Quiroga, a cargo de Tatúm.

Si uno revisa los párrafos anteriores descubrirá, con cierta alegría, que el sector sostiene su producción y tiene una oferta variada en estéticas y temáticas. ¿Cuánto más podría hacer en mejores condiciones? Una respuesta para la que primero habrá que dar vuelta la página.

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Fuente: Pagina12

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