martes, 28 de mayo de 2024

«The Greatest Hits», enredados en el tiempo

 

La idea de los saltos temporales podría haber sido mejor aprovechada en una película que termina pareciendo una serie de postales con filtro de Instagram.

The Greatest Hits – 4 puntos 

Estados Unidos, 2024 

Dirección y guion: Ned Benson 

Duración: 94 minutos 

Intérpretes: Lucy Boynton, Justin H. Min, David Corenswet, Austin Crute, Andie Ju, Retta. 

Disponible en Star+

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El juego de los saltos temporales es un recurso del que se alimentaron un puñado de buenas películas, como la tierna y entretenida Cuestión de tiempo (Richard Curtis, 2013). Pero también otras, que nunca consiguieron llevar al dispositivo más allá de la cuestión formal. A ese grupo se suma The Greatest Hits, que en el intento por encontrarle al asunto una vuelta de tuerca termina por falsear la rosca.

A diferencia de los bucles temporales, donde los protagonistas se ven forzados a regresar innumerables veces a la misma secuencia cerrada de acciones, en el dispositivo de los saltos en el tiempo pueden moverse a través del mismo con cierta libertad. Eso les da el poder de intervenir sobre la cronología de esas acciones y con ello, alterarlas en busca de un beneficio. Interés que en The Greatest Hits, como en Cuestión de tiempo, tiene que ver con el destino de un vínculo amoroso.

Todo empieza con una tragedia, cuando Harriet pierde a su novio en un accidente. Luego de atravesar ella misma un coma, despierta con la involuntaria capacidad de regresar a diferentes momentos de la pareja con solo escuchar la canción que sonaba entonces. La idea es atractiva, porque aprovecha el don natural de la música de quedar asociada a momentos clave de la vida de las personas. The Greatest Hits transforma en literal ese poder evocativo, que acaba convertido en un castigo para la joven, quien se obsesiona con alterar las situaciones vividas a fin de salvar la historia de amor.

Pero esa literalidad se convierte también en una prisión cuando la película se enreda en idas y vueltas que, lejos de aportarle contenido al conflicto, solo cargan con un valor cosmético. Queda claro que la parejita vivió momentos de felicidad que parecen sacados de una publicidad dirigida al público ABC1 y de los que solo se percibe la superficie. En ningún caso consiguen poner de manifiesto el motivo que convierte al vínculo en especial, ni justifican la obsesión por salvarlo. Los viajes en el tiempo apenas redundan en una serie de postales con filtros de Instagram, pero sin ninguna profundidad. Más bien, lo que Harriet necesitaría es cruzarse en la biblioteca donde trabaja con algún librito de Elisabeth Kübler-Ross.

La aparición de un nuevo interés amoroso pone a la protagonista en el dilema obvio de elegir entre pasado y presente. La cosa se resolverá con el manual de las paradojas temporales, eligiendo la opción más obvia. La labor del elenco tampoco logra ahondar en los personajes, ofreciendo trabajos más cercanos a la pose que a la actuación. En el camino, The Greatest Hits pierde otra gran oportunidad: la de ofrecer una banda sonora memorable, a partir de la premisa que literalmente le otorga a las canciones esa capacidad. Pero no: apenas un rejunte de canciones. Algunas muy buenas; otras perfectamente olvidables.

Fuente: Pagina12

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