sábado, 13 de abril de 2024

Escenas con una cadencia cuyana

 

El duelo, el humor y la identidad sanjuanina se funden en esta puesta que se puede ver los viernes en Timbre 4. «Es un momento para estar juntos y pensar de qué manera resistir con inteligencia», señala Sánchez Mestre sobre la coyuntura. 

En Lo tejió la Juana, obra escrita, dirigida y protagonizada por Ignacio Sánchez Mestre, aparece el paisaje sanjuanino: cuatro personajes son interpretados por actores de San Juan (María Pilar Mestre, Juan Francisco López Bubica, Federico Buso y el autor) entonces se oye ese acento, se detectan latiguillos típicos y se siente una cadencia bastante diferente de la ansiedad porteña. «Cuando empezó a gestarse el proyecto acababa de ser papá en plena pandemia –mi primer hijo nació el 29 de marzo de 2020– así que estábamos encerrados y me dieron muchas ganas de estar en San Juan. En ese tiempo fui acumulando material y hablé con mi prima, Pilar Mestre, para empezar a hacer unas bitácoras», cuenta el autor en diálogo con Página/12.

Su prima se había mudado con la abuela de 85 años y él acababa de ser padre, entonces aparecía el día a día de la convivencia con un adulto mayor y con un bebé. «Armamos ese registro y fue apareciendo el mundo de los adultos y el de los bebés, pero también San Juan: por extrañar la provincia y por mi prima que vive allá surgieron recuerdos y personajes sanjuaninos. Cuando armé el elenco no tenía ganas de explicar lo que es ser de San Juan. Había algo de esa identidad y de esa manera de entender el tiempo que ya lo tenían que tener los actores», dice.

El Negro (Sánchez Mestre) y el Cabezón (López Bubica) acaban de perder a su madre y deben decidir qué hacer con la casa heredada pero no es fácil, cada uno tiene sus ideas. Entonces llega la Gringa (Mestre), una prima de San Juan que ahora vive en Buenos Aires. Ella viaja para ayudarlos con el duelo y la sucesión, pero está embarazada y ni siquiera es capaz de decírselo a su madre, así que no se sabe bien quién debe ayudar a quién. Además de los protagonistas aparecen otros personajes importantes: una amiga de la madre (Maitina De Marco), una agente inmobiliaria cordobesa (Paula Trucchi) y un maestro mayor de obras del pueblo (Federico Buso).

Cuando buscaba una actriz cordobesa, alguien le escribió por Instagram: “Tenés que conocer a Paula Trucchi”. Se juntaron en un café, se cayeron bien y la convocó para el papel. Sobre De Marco, dice: «Maitina es una actriz que me gusta mucho, siempre quise trabajar con ella así que se lo propuse directamente. Fue muy gracioso porque sólo leyó las escenas en las que actuaba y dijo: ‘Me encanta’. Después de la primera pasada, confesó: ‘No sabía que era tan larga’. Un poco se arrepentía y otro poco quería hacerla, entonces esa energía hizo que su personaje empezara a meterse más en la obra».

–¿Qué valor le das al humor? Acá se mezcla con lo trágico de un duelo. 

–A mí me encanta. Es muy sano
reírse, incluso en esas situaciones. En los velorios el humor aparece un montón y de algún modo descomprime. El objetivo principal no es hacer reír todo el tiempo sino que los espectadores puedan entrar en lo que
estamos contando. Cuando elijo
actores también pienso en eso. A Maitina la había visto en otras obras y sabía que podía aportarle al personaje algo de eso porque ya lo trae a escena.

–En algún sentido esta obra es más personal que otras. ¿Es más difícil escribir, actuar y dirigir desde esa intimidad?

Cuando uno escribe siempre se cuela lo personal. Acá está más mezclado porque me tocó estar en los tres roles. Creo que en la actuación se filtra algo que tiene que ver con las emociones, pero eso hace que el trabajo actoral sea más interesante (al menos para mí). Hay cuestiones muy íntimas como los audios, que fueron grabados por mi familia: escuchar esas voces ya me coloca en un lugar particular. Hay una tía que se murió hace poco y en el audio habla de otra muerte. Es íntimo, pero también hay un montón de recuerdos ficcionalizados. A mí no se me murió mi mamá, no pasé por eso, pero mi abuela se llamaba Juana y tejía. Está puesto al servicio de una ficción que toca temas que todos atravesamos: la pérdida de un ser querido, la llegada de alguien.

En la obra los recuerdos aparecen en la temática pero también en la estructura. «Tenía ganas de que la obra operara con el mismo mecanismo que operan en nosotros los recuerdos, que a veces son de una manera y a veces de otra. Uno se cuenta una historia porque le conviene, aunque no sea tan real; son casi ficciones porque ya no hay manera de acceder a la supuesta verdad. Es muy frágil representarlos, pero en el reestreno sentí que las piezas de la manta estaban mejor acomodadas».

–La obra juega con la metateatralidad y es divertida. ¿Cómo apareció esto?

–Creo que era una manera de hacerme cargo de los tres roles. Soy el Negro, me toca actuar, pero también soy el autor y el director. La puesta lo pedía y empezamos a descubrirlo en los ensayos. Laura Copertino (escenógrafa) propuso armar el “teatrito del Negro”, un lugar donde él montara sus recuerdos con estos personajes que entran y salen de la escena. Cuando escuché eso se configuró algo más sólido para la puesta. Por momentos el director está ahí mirando lo que se armó, entra, sale, chequea cosas en el cuaderno como si ahí estuviesen las claves de la obra.

Lo colectivo forma parte de la génesis. El artista nombra a algunos colegas que lo ayudaron –su compañera Pilar Gamboa, Martín Flores Cárdenas, Lorena Vega–, actores que veían desde afuera alguna escena en la que no participaban, su asistente de dirección (Nina Horowitz) o la vestuarista (Lara Sol Gaudini) y escenógrafa, quienes propusieron pedir cuadraditos de 20×20 cm a familiares, amigues y conocides que supieran tejer. «La manta es una expresión de lo colectivo, está hecha por todos y es un símbolo de la obra», afirma el dramaturgo que integra Paraíso, un club de artes escénicas creado por una comunidad de artistas que ofrecen estrenos, desmontajes, talleres y encuentros bajo la modalidad de suscripción. Cuando se le pregunta por esa experiencia, dice: «En este contexto no queda otra más que
confiar en lo colectivo
. Paraíso nació en pandemia porque nuestra actividad estaba paralizada. Cynthia Edul nos convocó y a todos nos resonó esta idea porque estábamos buscando nuevas formas de producción. El año pasado, además de la ayuda de Paraíso pudimos acceder a otras. Este año no. Como artistas debemos resistir, insistir, crear y defender estos espacios. El panorama es desesperanzador porque están arrasando con todo en todas las áreas; es un momento para estar juntos y pensar de qué manera resistir con inteligencia. Hay que tener cuidado porque quieren que uno salga al choque, todo lo que hacen hoy es para Twitter».

*Lo tejió la Juana puede verse los viernes a las 21 en Timbre 4 (México 3554) y las entradas están disponibles por Alternativa Teatral.

Fuente: Pagina12

También podría interesarte

Comentarios de Facebook

Noticias Relacionadas