lunes, 22 de abril de 2024

«Kung Fu Panda 4», un oso de peluche sobreexplotado

 

5 puntos – KUNG FU PANDA 4
(Estados Unidos, 2024)
Dirección: Mike Mitchell y Stephanie Stine
Guion: Jonathan Aibel y Glenn Berger
Duración: 94 minutos
Con las voces originales de Jack Black, Awkwafina, Viola Davis y Dustin Hoffman
Estreno en salas

Fue en vísperas de las vacaciones de invierno de 2008, hace ya casi quince años, que llegó a las salas argentinas una película animada acerca de un oso panda que empezaba trabajando en el restaurant de sopas de su padre-ganso y terminaba como salvador de su comunidad a fuerza de aplicar con proverbial destreza física las artes marciales del título. Si bien replicaba la muy gastada fórmula de utilizar animales que caminan en dos patas como vehículo para vociferar grandes enseñanzas de vida, algunas ráfagas de desprejuicio y un personaje con partes iguales de defectos y virtudes (Jack Black en el doblaje original) y mucho más entregado a los placeres –gastronómicos, desde ya– que sus más encorsetados colegas de Pixar, hicieron que Kung Fu Panda aportara una dosis de frescura. La misma que fue perdiéndose a medida que Hollywood avanzó con un operativo de sobreexplotación muy similar al que hizo con Shrek, quizás la criatura más emblemática del estudio DreamWorks.

Con un par de series a sus espaldas y la promesa de otros dos largometrajes hasta llegar a un total de seis, ese osito de peluche gigante que es Po –que le reportó a DreamWorks más de 1.800 millones de dólares– vuelve a las piñas y patadas en esta nueva secuela, que presenta un punto de partida tirado de los pelos: si ya habían indagado en los pliegues de su pasado, ahora es turno de diagramar el futuro. Es así que el maestro de Po le dice que vaya pensando quién heredará el rótulo de Guerrero Dragón que tiene desde la primera película, porque es hora de que se convierta en el líder espiritual del Valle de la Paz. Dado que el panda sabe mucho de kung fu y muy poco sobre los secretos del alma, enfrenta el doble desafío de perfeccionarse para su nuevo rol mientras intenta dar con alguien capaz de sucederlo.

Ese desafío será triple al entrar en escena La camaleona, una reptil que recuerda a la lagartija anciana de la muy recomendable Sing, ven y canta. Si ella tenía una pelotita de ping pong reemplazando a su ojo, ésta puede convertirse en cualquier criatura y tiene ganas de arrebatarle el Bastón de la sabiduría, con el cual podría rescatar del reino de los espíritus a los mismos villanos a los que Po supo vencer. A ellos, y con una pequeña zorra como ocasional aliada, volverá a enfrentarse durante el clímax de un relato que omite varias de las costumbres del cine de animación contemporáneo.

La metadiscursividad, por ejemplo, dado que no hay guiños ni referencias a otros universos; las aspiraciones multitarget, en tanto tiene los cañones humorísticos apuntados hacia los sub-10, como demuestran los múltiples (y mayormente fallidos) gags físicos y el diseño de los personajes; y las canchereadas, porque se trata de una película transparente, que no esconde nada y cuyas intenciones están a la vista. El problema es que todo eso no tapa el automatismo ni la sensación de que nadie se esforzó demasiado por sobrepasar la medianía generalizada ni por sentirse cerca del osito y sus secuaces. Eso explica la ausencia de gracia y ritmo, dos ingredientes fundamentales para que toda comedia funcione. No estaría siendo el caso. 

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Fuente: Pagina12

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