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La consciencia, en peligro de extinción

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Aunque no siempre lo pensemos, es importante enterarse a qué se le claridad consciencia y qué nos permite hacer en nuestro día a día

En la película de Adam Sandler, Click, Dios le regala un control remoto para que avance su vida en los momentos desagradables o le baje el bombeo a la voz de las personas para no escuchar cuando estas le gritan. El control remoto de Sandler tiene un poder y es el de seguir ciertos patrones. Cuando varias veces avanza su vida en momentos que a el no le gusta, ese control lo termina haciendo por sí solo. Toma las decisiones que ayer Adam alrededor de. Es un control con memoria.

Nuestro cerebro funciona de la misma forma. Desde pequeños se nos enseña a pensar, a planificar, a recapacitar, a memorizar. Un día nos levantamos y nos damos cuenta que no podemos frenar nuestros pensamientos. Esto no es falta raro. Sería como ir al campo desde pequeños y un día mirarnos al espejo a los 40 primaveras de años y darnos cuenta que tenemos músculos. Lo veríamos corriente. Si entrenamos una parte de nuestro cuerpo o la desatendemos, esto va a tener consecuencias, agradables o desagradables.

Suena el despertador a la mañana y los pensamientos arrancan sin detener, vamos caminando al baño pensando en vaya uno a enterarse qué. Desayuno, trabajo, piscolabis, tarde y llega la perplejidad. Posiblemente hayamos pasado casi todo el día sin darnos cuenta lo que hacíamos en cada momento. ¿Ya nos lavamos la cabecera? ¿cómo llegamos a la oficina? ¿cuándo terminé el café? Y llegamos a la cama y apoyamos la cabecera y comenzamos el repaso del día. Si tuvimos peleas o discusiones volvemos a tenerlas. Empezamos a evaluar las charlas del día y qué podríamos deber dicho y qué vamos a asegurar si se repite la situación. Básicamente nuestro cerebro es una computadora encendida 24hs procesando datos y cada tanto nos sentamos delante de esa computadora a ver qué está sucediendo y unos segundos posteriormente seguimos.

En esta columna quisiera explicarte que llamamos consciencia a la capacidad que tenemos de darnos cuenta de lo que estamos haciendo, sintiendo o pensando. Cuando eso sucede nace en nosotros la capacidad de designar cómo ejecutar frente a las situaciones. Esta consciencia es entrenable y están comprobados sus múltiples beneficios a nivel físico y psíquico.

Cuando nacemos nuestro cerebro comienza a confesar las cosas, olores, aromas, a reparar. Nos sorprende todo, desde el arcoiris hasta la aparición de mamá o papá a la casa. Cuando nos hacemos más grandes comienza el entrenamiento del automatismo. ¿Cuál es el río más desprendido del mundo? ¿ Cuáles son las capitales de los países? Comenzamos a recapacitar y a memorizar todo. Mientras tanto nuestro antiguo cerebro sigue teniendo emociones que llegan a nuestro cuerpo pero nadie nos enseña qué hacer con ellas así que hacemos lo que podemos y generamos patrones de comportamiento frente a estas situaciones. Y de pronto un día nos despertamos sin entender a dónde se fue el tiempo o que nos pasa.

¿Podemos entrenar la mente para pensar menos?

Lo que podemos hacer definitivamente es entrenar la mente para no seguir a los pensamientos incondicionalmente. Lo que no podemos hacer es dejar de pensar o designar que cosa no quiero pensar más. Los pensamientos aparecen y somos nosotros (si es que nos damos cuenta que estamos pensando) si quiero o no seguirle la corriente a ese pensamiento.

Veamos unos ejercicios de observación de pensamientos (siempre con fanales cerrados):

  • Contar los pensamientos de 1 a 10 (ya sea por tema o porque se acaba uno y comienza otro).
  • Tratar de observar los espacios que hay entre cada pensamiento. Sería poco asi como mirar los espacios entre cada palabra de esta oración.
  • Etiquetar los pensamientos. Por ejemplo: juicios, planificaciones, memorias, futuro, etc. Si no sabemos que fórmula poner en uno le ponemos pensamientos.
  • Simular que escribimos los pensamientos en el vendaval y observar como al hacerlo a veces comienzan a aparecer espacios de silencio mental.

La idea de esta ejercicio es entrenar la observación de los pensamientos con la coherente popularidad de estos y así no rechazarlos ni subirnos a ellos con la posibilidad de terminar en un pasado que no queremos estar o en un futuro que nunca llegó.

Yo ya estoy consciente

Muchas veces en las clases se plantea esta creencia de la consciencia y la verdad es que si, todos estamos conscientes pero generalmente esta consciencia es de todo lo que pasa exterior nuestro. Vemos a la clan y opinamos, Vemos la tele y opinamos. Vemos el clima y opinamos. Pero cuando tomamos una ducha en vez de percibir lo que estamos haciendo en ese momento, en división de ser conscientes de lo que sucede, seguimos pensando, opinando, recordando y proyectando nuestra vida sin darnos cuenta lo que hacemos. Somos los últimos en la tierra en enterarse que estamos ahí, porque estamos en otro costado, futuro o pasado y muy rara vez en el presente.

La propuesta es: no le hagamos caso a todo lo que pensamos. No siempre tienen razón nuestros pensamientos.

La consciencia nos permite transitar la vida desde un costado más amable y armonioso sin tantos altibajos. Si cedemos toda nuestra vida a los pensamientos vamos a estar condenados a una vida de automatismo sin la capacidad de designar ya que estos (los pensamientos) se forman por toda nuestras experiencias tenidas y como tales ya fueron vividas. Cuando vivimos con mente de principiante, como si fuera la primera vez que lo hacemos, podemos ver como siempre es dispar ya que aunque las cosas se parezcan no son lo mismo. Así nuestra vida pierde ese tono monótono monótono y surge una nueva forma de ser, popularidad y osadía.

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Fuente de la noticia: iprofesional.com

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