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Objetivo Alfaro: del «mejor equipo argentino» a la obsesión por ganar la Copa Libertadores

Objetivo Alfaro: del "mejor equipo argentino" a la obsesión por ganar la Copa Libertadores

Fuente: Archivo

Diagramar la pretemporada, establecer su metodología de trabajo, la idea de juego y los nombres para imponerla en cada uno de los compromisos que deberá afrontar son parte de las premisas con las que Gustavo Alfaro asumió en Boca. El entrenador marca las pautas, pero no desconoce que hay otras que se imponen por el lugar que ocupa. Y las asume. Hay una competencia que desde hace tiempo marca el pulso de la institución: la Copa Libertadores. Esa obsesión que se transformó en el patrón del éxito en Brandsen 805. Lograr un bicampeonato doméstico (algo que nadie conseguía desde que el propio Boca lo había hecho en 2005-2006) y estar frente a la posibilidad de conquistar el primer tricampeonato en la historia xeneize parecería no ser suficiente. En el último año de su presidencia, Daniel Angelici buscará con el técnico que ya había estado cerca de la Ribera en al menos dos oportunidades cumplir con aquella lejana promesa.

"Voy a poner todo lo humanamente posible en pos de armar un equipo para lograr la Copa Libertadores", asegura Alfaro, en una extensa entrevista con LA NACION. Y lo hace sin estridencia, lejos de ceder presa de un impulso. Porque mide el impacto de cada una de sus frases. El anhelo de Boca es también el suyo. Fue campeón de la Copa Sudamericana (2007), de primera división (2012), de la Supercopa Argentina (2012) y de la Copa Argentina (2013), siempre con Arsenal. Pero todo ese brillo quedará detrás si logra el destello mayor. "Ganar la Copa Libertadores es lo único que le falta a mi carrera", había asegurado en su presentación.

"Ningún técnico de los que estuvieron antes en Boca dijo previo al inicio de la competencia que quería hacer una buena campaña en la Copa Libertadores", repasa para aceptar que levantar el trofeo es el objetivo impuesto e ineludible. "Estuvieron los monstruos Toto Lorenzo y Carlos Bianchi, y los que vinimos detrás seremos los simples mortales que moriremos bajo la sombra de ellos. Nos cabe la crueldad de las circunstancias". Miguel Ángel Russo también consiguió estar a la luz del éxito más perseguido en 2007. Desde entonces, Alfio Basile en su segundo ciclo, Bianchi en el tercero, Carlos Ischia, Claudio Borghi, Julio César Falcioni, Rodolfo Arruabarrena y los Barros Schelotto no lograron la coronación internacional.

Para Alfaro, una gestión exitosa es la que consigue elevar la vara en relación a lo inmediatamente anterior. En el vigente campeón del fútbol argentino y finalista del torneo sudamericano más prestigioso, la exigencia para ir más allá es enorme. "Está alto el techo. Las cosas no se consiguen de la noche a la mañana. Este es el mejor equipo argentino, se lo discuto a cualquiera. Yo lo padecí a Boca, a las estadísticas me remito. Le dije a Guillermo que era un orgullo y una responsabilidad sucederlo. Obviamente, desde los resultados es difícil mejorar lo hecho, pero no imposible. Se puede mejorar una estructura. El desafío es estar a la altura".

"Ese nivel de exigencia va a ser permanente, quiera o no. Está implícito. No porque venís de perder una final, sino porque desde hace más de 10 años que Boca no puede ganar una Copa Libertadores. La historia lo obliga a Boca, porque hubo momentos gloriosos".

El 3 de marzo ante Wilstermann, en Cochabamba, Boca emprenderá otra vez ese camino que conoce bien, en el que seis veces arribó al destino que se había trazado. Ahora guiado por Alfaro, intentará que las últimas frustraciones queden atrás para colocar una chapa más en la base de la copa que lo enamora y lo obsesiona.ß

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