Miwa Nishikawa: El desafío de preservar la memoria de un conflicto bélico

“Nos compete conocer los conflictos bélicos que atravesó nuestra nación.” Sin embargo, he constatado que esos testimonios pueden resultar tan angustiosos y duros que, en ocasiones, obligan a los niños a cerrar sus sentidos. Difundir la memoria de la guerra representa un desafío de gran complejidad”, manifestó a Ámbito la directora Miwa Nishikawa poco antes de exhibir en Mar del Plata su cinta “Children Untold”, una obra sobria, sin excesos ni artificios, que narra la travesía de una niña que, al concluir la contienda, se percata de su soledad y busca subsistir junto a otros huérfanos (la trama transcurre entre marzo y noviembre de 1945, iniciándose con una pieza de Debussy y cerrando con un tema de Chopin).
Periodista: “Entiendo que ‘Children Untold’ se estrenó en Japón el pasado 16 de octubre. ¿Cuál fue la acogida?”
Miwa Nishikawa: He recibido numerosos comentarios de espectadores sorprendidos por la escasa información que poseían acerca de los huérfanos y las mujeres de aquella época. Muchos alumnos de primaria y secundaria desconocían la realidad de la posguerra, pensando que, una vez finalizada la contienda, la vida se tornó inmediata y próspera. Uno me confesó: “Sentí con profundidad que la guerra no concluye en la cotidianidad de la gente”. Asimismo, varios padres me indicaron que desean compartir esta película con sus hijos. En un mundo donde confluyen conflictos armados y el futuro se muestra incierto, percibo una profunda sensibilidad entre los japoneses ante la situación actual. El público parece reflexionar sobre las lecciones que podemos extraer de aquel periodo y sobre los pasos a seguir.
P: “¿Resulta relevante para los niños de hoy conocer el sufrimiento de Japón en aquel momento?”
M.N.: En términos generales, las nuevas generaciones japonesas disponen de escasas oportunidades para aproximarse a la guerra pasada, más allá de los breves pasajes de los manuales escolares. Los niños que participaron en la película procedían de Tokio y apenas tenían noción de la contienda, ni siquiera del bombardeo de Tokio del 9 de marzo de 1945, que provocó alrededor de 100 000 fallecimientos y desaparecidos en una sola noche. Los progenitores, aunque rechazan la guerra y abogan por la paz, a menudo no saben cómo transmitir a sus hijos una historia que ellos mismos desconocen en profundidad. Muchos vacilan en exponer a sus hijos a representaciones tan crudas como las del Museo Memorial de la Paz en Hiroshima, el manga “Gen el descalzo” de Keiji Nakazawa, o la película animada “La tumba de las luciérnagas”. Los docentes también manifiestan reservas al presentar estas obras, cuya fuerza realista resulta impactante.
La directora Miwa Nishikawa presentó su cinta “Children Untold” en Mar del Plata.
P: “Y usted, a los 12 años, ¿qué conocimientos tenía sobre la guerra y, en especial, la posguerra? (supongo que bastantes, al haber nacido en Hiroshima)”.
M.N.: En mi caso, mi padre y mis abuelos fueron testigos del bombardeo de Hiroshima, por lo que desde pequeña escuché repetidamente sus relatos. En la escuela también asistía a ceremonias conmemorativas y recibía información sobre los estragos de la radiación. Tuve múltiples oportunidades de acercarme a la historia de la contienda y las armas nucleares. No obstante, desde la perspectiva infantil, esos momentos resultaban profundamente opresivos y terroríficos, una carga emocional que debía revivir una y otra vez. Esa experiencia forjó en mí una firme postura antibelígera y antinuclear, así como una crítica al gobierno de la época. Simultáneamente, surgió en mí el deseo de evadir esas narrativas y preguntarme por qué debía escuchar historias tan atroces. El legado de una guerra, tanto desde la óptica de sus perpetradores como de sus víctimas, genera en las generaciones posteriores una sensación de impotencia que puede paralizarlas. Por eso, por un lado, mantengo la convicción de que quienes nacimos después tenemos el deber de aprender sobre los conflictos de nuestro país; por otro, reconozco que esos testimonios pueden resultar tan dolorosos que, en ocasiones, provocan que los niños cierren sus sentidos. Transmitir la memoria de una guerra constituye una labor sumamente complicada.
P: “¿De dónde surgió la idea de relatar esta historia?”
M.N.: El relato se origina a partir de recuerdos infantiles que me compartió un ex‑yakuza. Cuando era niño, al concluir la guerra, su madre, soltera, lo dejó en un orfanato y desapareció. Posteriormente, él tuvo que sobrevivir en las calles como los innumerables huérfanos de la contienda, lo que lo llevó a una vida marcada por delitos y reclusiones. Parte de su experiencia sirvió de base para “Under the Open Sky”, la película del hombre que sale envejecido de la cárcel. En esta ocasión, me inspiré en su niñez y en la de tres ancianas que accedieron a relatarme sus memorias. Siempre me ha fascinado la dureza y la extraordinaria vitalidad de esos niños que, organizados en grupos, luchaban por subsistir en ciudades arrasadas. Al investigar, descubrí la existencia de niñas que quedaron huérfanas tras los bombardeos aéreos. Muchas fueron entregadas de un pariente a otro, sufriendo discriminación dentro de sus propias familias, por lo que guardaron silencio y evitaron exponer sus recuerdos públicamente. En 2021 logré entrevistar a tres de esas mujeres, ya de edad avanzada; dos de ellas han fallecido.
“Esta historia nace de recuerdos de infancia que me contó un yakuza retirado”, afirmó la directora.
P: “Usted guió a los niños de su película para que reprodujeran esas vivencias. ¿Cómo lo logró? ¿Se inspiró en Hirokazu Kore‑eda?”
N.M.: He colaborado con Kore‑eda, pero cuando él rodó “Nadie sabe” con un elenco infantil excepcional yo aún estaba en mis primeros largometrajes y no tuve la oportunidad de observar su método. Entiendo que él no entrega el guion a los niños; en su lugar, les comunica los diálogos oralmente durante la filmación, el mismo día del rodaje. Ese enfoque funciona porque el director es una persona afable, generando confianza en los niños, y cuenta con un presupuesto suficiente que le permite filmar sin la presión constante del tiempo o los costos. Intenté aplicar esa técnica al inicio de mi proyecto, pero no resultó; los pequeños se mostraron inseguros al no conocer sus partes con antelación. Además, para escenas que requerían enojo o llanto, no podía dar indicaciones en el momento, pues no eran actores profesionales. Por ello, a mitad del rodaje cambié de estrategia, introduciendo extensos ensayos y proporcionando a los niños el tiempo necesario para atravesar sin trauma esas situaciones difíciles. Hoy comprendo que la dirección de menores debe adaptarse con flexibilidad, según la narrativa que se persigue, el tipo de actuación requerida y la personalidad de cada niño. Los niños de “Children Untold” no habían experimentado lo que sus personajes vivieron; su forma de hablar y su entorno son totalmente diferentes. Nunca pasaron hambre ni caminaron descalzos o con sandalias de madera. Por eso, desde seis meses antes del inicio de la producción nos fuimos familiarizando, como equipo, con la guerra y los bombardeos aéreos. Realizamos ensayos cada fin de semana, incorporando juegos y actividades para que se interiorizaran en los diálogos y el contexto. Las palabras y actitudes que aparecen en la película difieren de su cotidianidad; por ello, día a día probamos distintas técnicas para que resultaran naturales. Además, me impuse un reto personal: no quería que Kore‑eda se riera del resultado.
P: “¿Por qué decidió integrar piezas de Chopin y Debussy en momentos clave?”
M.N.: Mientras redactaba el guion, escuchaba todo el repertorio clásico para piano que pude encontrar, buscando obras que se ajustaran a la atmósfera sin estar demasiado asociadas a otras películas. Se comenta que Debussy compuso “El rincón de los niños” para su hija; me pareció una pieza vigorosa, llena de energía, que captura la picardía y espontaneidad propias de la infancia. Además, sentí que su melodía podía simbolizar la esencia de la protagonista. Para el cierre de la película, busqué una composición de Chopin que, sin ser excesivamente compleja, en tonalidad menor transmitiera una sutil sensación de alegría, como un tenue rayo de luz que se cuela en la oscuridad. Ese matiz me resultó sumamente atractivo.
P: “Última pregunta, cambiando de tema. Hace dos años nos ofreció una charla sobre las mujeres en el cine japonés contemporáneo. ¿Qué puede comentarnos acerca de las cuatro actrices históricas incluidas en el ciclo de la Embajada de Japón en este Festival: Hideko Takamine, Setsuko Hara, Kioko Kagawa y Kinuyo Tanaka?”
M.N.: En una industria cinematográfica predominantemente masculina, estas intérpretes lograron proyectar una presencia más contundente que la de sus colegas masculinos. El hecho de que sus películas continúen siendo exhibidas hoy resulta verdaderamente notable. De las cuatro, mi favorita es Hideko Takamine, protagonista de “Carmen vuelve a casa” de Keisuke Kinoshita. En lugar de encarnar los papeles tradicionales que solían ajustarse a las expectativas masculinas—la joven pura e inocente o la esposa y madre ideal—ella interpretó con frecuencia personajes mucho más humanos, con defectos, fracasos y contradicciones. Sus roles poseían una fuerza y una rebeldía que no buscaban complacer a los demás, algo adelantado a su tiempo. Aun así, jamás perdía su elegancia y distinción, rasgos que también destacan como una de sus características más sobresalientes.
Fuente: Ambito.com





