Tres joyas del cine argentino que desentrañan la moral, la infancia y el arte

Por fin se exhibe “La casa”, protagonizada por Diego Peretti y César Troncoso, una de las obras argentinas más destacadas del reciente Festival de Mar del Plata y, según nuestras observaciones, una de las más sobresalientes del presente año. Simultáneamente se lanza “El tren fluvial”, de Lorenzo Ferro y el desafortunado Lucas Vignale, y “Annemarie”, homenaje a la magistral fotógrafa Annemarie Heinrich a través de su bisnieta Mariana Sanguinetti.
Acerca de “La casa”. Una compañía local es adquirida por intereses chinos; como consecuencia, un empleado de nivel medio, de 57 años, pierde su puesto. Ante la imposibilidad de hallar otro trabajo, decide enajenar su hogar, pero evita las inmobiliarias. Un conocido fuera de la ciudad le sugiere un contacto que opera en el negocio de una anciana que vende milanesas caseras. Ese punto de encuentro es solo la antesala; sin entrar en pormenores, la trama avanza con una oferta enigmática y perturbadora por parte del posible comprador, y una inquietante interrogación del vendedor: “¿Cómo podré estar seguro de que no me matarán después de firmar?”.
La oferta se materializa, desencadenando una inesperada vuelta de tuerca que plantea una oportunidad de salvación a costa de un riesgo considerable, seguida de otro giro aún más sombrío que pone a prueba la moralidad de cualquier individuo. ¿Hasta dónde llegará un hombre para proteger su vida y su bien más valioso? El desenlace, cargado de ironía, se comunica sin palabras. La película, a su vez, habla por sí misma, sin necesidad de discursos extensos. Apenas se oye una frase enigmática de un personaje cuya lealtad aún desconocemos: “En este mundo cada quien libra su propia guerra secreta”. Y una advertencia de la anciana de las milanesas que conviene atender.
Esa fue la última aparición de la octogenaria Marta Lubos, actriz de gran trayectoria que falleció recientemente y que quizás sea recordada por las nuevas generaciones por obras como “El día trajo la oscuridad”, “Maternal” o “Bienvenidos al infierno”. “La casa” constituye la nueva producción de Gustavo Triviño; su anterior film, sorprendentemente, data de hace trece años: “De martes a martes”, con Pablo Pinto y Alejandro Awada. En esa cinta, un hombre corpulento presencia una violación y, en lugar de socorrer a la víctima, opta por chantajear al agresor. Ambas obras comparten rasgos comunes: manejo preciso de la tensión, narrativa sin rodeos ni excesos, tratamiento singular de conflictos reales y un elenco que encaja perfectamente en papeles creíbles cuyas penurias económicas comprendemos y cuyas decisiones, aunque perturbadoras, seguimos percibiendo.
El niño y la fotógrafa
En un momento entrañable de “El tren fluvial”, la película de Ferro y Vignale, se recita, por el propio autor, el poema de Francisco Madariaga “Viaje estival con Lucio”, que evoca “el sueño del viejo tren casi fluvial”, “el tren marrón que se niega a morir”. En la memoria del poeta y de muchos litoraleños, aquel tren casi fluvial era el que abordaba el ferry‑boat para cruzar el río desde Puerto Ibicuy hasta Zárate. El último ferrobarco, el “Tabaré”, construido en los Astilleros Argentinos Río de la Plata en 1965, fue retirado tras la inauguración del imponente puente Zárate‑Brazo Largo en 1978. Nos hemos extendido en estos antecedentes solo para esclarecer el origen del título.
Ese título resulta acertado, atrayente, y prepara al espectador para una experiencia singular donde la fantasía se insinúa entre la cruda realidad. En el caso concreto, la fantasía de un niño de pueblo que, un día, se escapa hacia la gran ciudad, lejos del padre que le impone una disciplina artística y de la madre con su guiso cotidiano. Asimismo, la fantasía de los realizadores, que protegen al pequeño de peligros mayores mediante personajes que parecen sacados de un cuento: un hombre que, aunque yace dormido contra una pared, le brinda consejos a través de sus auriculares; otro individuo vestido con kimono de artes marciales y su joven acompañante, que le ofrecen refugio sin exigir nada a cambio; y una joven que lo elige para un casting y lo perdona cuando comete una equivocación.
No obstante, esos guardianes no están siempre presentes. Otros chicos pueden agredirlo, las calles se alargan, la soledad se hace palpable. No solo Madariaga, sino también Leonardo Favio y Pasolini parecen resonar en esta narración, que resulta dispareja, imperfecta, curiosa y, al final, tierna.
Posdata: la escena en la que aparecen Carlos Monzón y Nora Cullen frente a un televisor, como una madre eterna, pertenece a “Soñar, soñar”. El hombre que yace dormido es Diego Puente, quien de niño protagonizó “Crónica de un niño solo”. Ambas producciones son de Favio. El baile del protagonista en casa ajena, semejante a un malambo, constituye en realidad una fulía venezolana, lo cual supera nuestra comprensión.
Annemarie Heinrich, nacida en Berlín y radicada en Argentina desde la infancia, se introdujo en la fotografía porque su padre no le permitía seguir la carrera de bailarina ni de escenógrafa. El hombre desconfiaba del entorno artístico. Irónicamente, su hija pasó años rodeada de artistas. Ella misma se convirtió en una creadora que realizó retratos perfectos y penetrantes de personalidades conocidas, así como fotografías experimentales, desnudos femeninos con calidad escultórica, imágenes de niños en su estudio y capturas de gente corriente en la calle, o algo similar a instantáneas.
En “Annemarie”, obra de su bisnieta Mariana Sanguinetti, la recuerdan Graciela Borges y Mirtha Legrand, sus colegas y ocasionales discípulos como Aldo Sessa, Juan Travnik, Eduardo Comesaña, Julie Weitz, y especialmente varios miembros de su familia, desde su hermana menor Úrsula hacia abajo. Resulta particularmente interesante lo que menciona Úrsula, quien rememora a una Eva Duarte muy simpática, “la quería mucho a Annie, porque Annie era una mujer que se hizo sola”. Más relevante aún es el consejo que Annemarie extrae de un archivo, pronunciado por el inmigrante de prensa gráfica Anatole Saderman: “A la gente hay que quererla”. Según sus colegas, ella verdaderamente amaba a la gente, lo que quizá explique por qué sus retratos parecen revelar el alma de sus sujetos.
Es una pena que este documental tenga apenas 74 minutos; deja ganas de continuar explorándolo.
“Annemarie” (Argentina, 2026); Dir.: Mariana Sanguinetti; documental.
“El tren fluvial” (Argentina, 2026); Dir.: Lorenzo Ferro y Lucas Vignale; Int.: Mariano Barria, Milo Barria, Rita Pauls, Fabian Casas, Lucrecia Pazos.
“La casa” (Argentina, 2025); Dir.: Gustavo Triviño; Int.: Diego Peretti, César Troncoso, Fabián Arenillas, Marta Lubos, Mariano Argento, Mario Alarcón.
Fuente: Ambito.com





