Alemania y Francia instan a la UE a reforzar su política comercial frente a China

En el extenso catálogo de cuestiones en las que los gobiernos francés y alemán tienden a discrepar, las directrices financieras y comerciales aparecen como prioridad. No obstante, este lunes ambas naciones remitieron una notable misiva a la Comisión Europea, ofreciendo propuestas de gran envergadura para contrarrestar el crecimiento de las exportaciones chinas, sin aludir directamente al país. Dicha carta pretende influir en las negociaciones de último minuto entre el comisario de Comercio de la UE y sus homólogos chinos. La próxima semana, una cumbre de dirigentes europeos decidirá si se mantiene la iniciativa franco‑alemana. Con la reciente firmeza de Alemania frente a Pekín, la Unión podría encaminarse hacia una postura evidentemente más proteccionista.
Europa acumula una serie extensa de reclamaciones. Las firmas chinas ponen en jaque al sector europeo al ofrecer productos de mayor calidad a precios reducidos. Desde la perspectiva europea, ello se debe en parte a subvenciones desleales y a una divisa artificialmente subvaluada. China también muestra reticencia a transferir tecnología cuando invierte en territorio europeo. A esto se suma su control estratégico sobre recursos críticos, como los elementos de tierras raras, indispensables para industrias, incluida la defensa. Además, el apoyo chino al conflicto ruso‑ucraniano genera descontento entre los Estados miembros.
Durante años, Alemania se mostró reacia a un refuerzo notable de la posición comunitaria. Si bien ciertos sectores alemanes han adoptado una postura más crítica recientemente, las autoridades permanecieron durante mucho tiempo escépticas ante la idea de un enfrentamiento. Incluso adoptaron una actitud prudente con Pekín, como cuando Alemania se opuso a los impuestos de la UE sobre los automóviles eléctricos chinos, pese a que el bloque los aprobó en 2024. Sin embargo, ante el ascenso de las exportaciones chinas que superan a la industria de maquinaria alemana, este año se observó un viraje radical. “Existe ahora un consenso amplio de que la situación no puede perpetuarse”, afirma Oliver Richtberg, de la VDMA, asociación alemana de fabricantes de equipos.
La misiva lo evidencia. De concretarse mediante la maquinaria legislativa europea, supondría un cambio sustancial en la manera en que el bloque confronta a China. La innovación principal es una instrumentación de respuesta expedita, según la definición de Sander Tordoir, del Centre for European Reform. El presidente francés y el líder alemán pretenden conferir a Bruselas la capacidad de actuar con celeridad ante naciones que adopten medidas de represalia cuando la UE imponga sanciones comerciales por presunta competencia desleal. No obstante, la amplitud de la iniciativa equivale a una advertencia vaga de contramedida frente a cualquier acción que Europa juzgue injusta.
“Se trata de una señal institucional para demostrar a Pekín que Europa, y en particular Alemania, están decididos”, comenta un alto funcionario alemán. Algunos podrían interpretar que el bloque se encuentra en un estado de alerta extremo. La carta alude a un “impacto industrial masivo… que compromete la estructura productiva de las sociedades europeas”. Este fenómeno crea dependencias económicas que amenazan la “soberanía de la UE como entidad independiente”. Para contrarrestarlas, Francia y Alemania solicitan que la UE garantice una competencia leal y amplíe la variedad de las cadenas de suministro.
Una segunda iniciativa propone un esquema de diversificación. Los pormenores son escuetos, pero la intención es disminuir la dependencia de las redes de aprovisionamiento de las empresas europeas y prevenir la aparición de nuevas vulnerabilidades. La UE reconoció recientemente que los intentos anteriores de fomentar la diversificación fracasaron. Sin embargo, la carta omite cualquier referencia al intercambio de información confidencial entre Estados miembros, aspecto que muchos consideran esencial para una diversificación eficaz. En consonancia con los recientes acuerdos comerciales de la UE, algunos de los cuales fueron rechazados por Francia, el documento solicita cooperación con naciones terceras para reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro y mitigar la dependencia de la República Popular.
Las demás propuestas de la misiva son conocidas. Francia y Alemania piden a la UE que emplee de forma más enérgica los instrumentos vigentes de defensa comercial. Las normas actuales para imponer aranceles ante subsidios desleales resultan engorrosas y su alcance es limitado. La carta exige acelerar el procedimiento reforzando el personal de las áreas comerciales de la UE y, de manera crucial, extender la normativa para que abarque sectores completos en lugar de empresas aisladas.
Asimismo, la carta menciona una reforma de las medidas de salvaguardia: contramedidas arancelarias que pueden aplicarse a todos los países cuando se produce un aumento desmesurado de importaciones. Algunos analistas de la UE sugieren dirigirlas exclusivamente a los países de origen del alza —léase: China—. Además, se solicita un mayor control del cumplimiento normativo en la frontera y, ante infracciones reiteradas, sanciones más severas, como la exclusión del mercado comunitario.
Francia y Alemania también promueven una estrategia industrial europea, aunque difieren en cuanto a su alcance. La carta sostiene que la UE debería ampliar la producción en sectores “clave” e introducir cláusulas de preferencia continental. No obstante, permanece imprecisa sobre cuáles serían esos sectores y si los socios económicos más estrechos de Europa estarían incluidos.
Todo ello provocará la irritación de los dirigentes en Pekín. En la carta, Francia y Alemania afirman que anticipan medidas de represalia. Incluso antes de su publicación, el Ministerio de Comercio chino advirtió que una demostración de fuerza contra China mientras las negociaciones están en curso erosionaría la confianza y alteraría el proceso. China interpreta claramente la misiva como una táctica negociadora para reforzar la posición de la UE en las conversaciones de esta semana. El sábado, lanzó otro mensaje al iniciar una investigación antidumping sobre productos químicos europeos, tras la apertura, la semana anterior, de tres investigaciones similares contra China.
La Comisión Europea describió la carta como una “aportación significativa” que se alinea con su “postura definida en materia de competitividad y enfoque hacia los socios comerciales, incluida la República Popular”. No obstante, aún no se sabe si este impulso franco‑alemán para elevar la apuesta obligará a China a mostrarse más flexible. La economía europea ha demostrado una mayor resiliencia ante el reciente shock energético de lo que muchos anticipaban, lo que debería robustecer su posición en las negociaciones. Por su parte, China ha decidido lanzar otro colosal programa de infraestructuras para reactivar su economía en dificultades. La esperanza europea es que el liderazgo chino se abstenga de nuevas represalias para no avivar a los sectores más vulnerables de Europa, justo cuando Alemania se une a ese bloque.
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Fuente: Ambito.com





