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El STF, bajo presión, busca detener el proceso de destitución de sus ministros

El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil entró en estado de vigilancia luego del progreso de las fuerzas conservadoras en las votaciones legislativas, iniciando la elaboración de tácticas destinadas a impedir procedimientos de destitución de sus magistrados a partir de 2027. La inquietud se intensificó al constatar que la nueva Cámara Alta contará con al menos 49 senadores propensos a solicitar la remoción de jueces, cifra que se sitúa a tan solo cinco votos menos de los 54 requeridos.

En el seno del máximo órgano judicial, dos magistrados estiman indispensable establecer vías de conversación con los grupos más “moderados” del Partido Liberal (PL), los cuales no comparten necesariamente las posturas más extremas de la corriente liderada por Flávio Bolsonaro. La intención es limitar eventuales ataques cuando el nuevo Congreso tome posesión.

El STF intenta frenar el progreso del nuevo Senado

La alarma se concentra sobre la Cámara Alta, dado que su presidente posee la autoridad para autorizar o impedir las solicitudes de juicio político contra miembros del Supremo. Con 49 senadores que abogan por la remoción de jueces, los promotores de dichos procesos precisarán únicamente cinco apoyos adicionales.

El futuro presidente de Brasil dispondrá de la prerrogativa de alterar la integración del STF.

Esta situación también supondrá un reto institucional para Edson Fachin, presidente del STF, quien desde el inicio del presente año ha visto intensificarse los cuestionamientos relacionados con la crisis del Banco Master.

Los integrantes de la Corte estiman que la controversia persistirá sin importar quién resulte vencedor en la segunda vuelta presidencial entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Según su análisis, el Supremo mantendrá una posición clave en el conflicto político, frente al fortalecimiento de una supuesta “bancada anti‑STF” en el Parlamento.

Ese grupo podría impulsar proyectos orientados a disminuir las competencias del Tribunal, incluyendo propuestas que restrinjan las resoluciones individuales de sus miembros y reformas que simplifiquen la presentación de solicitudes de juicio político.

Febrero, un momento crítico para los magistrados del Supremo

Uno de los primeros hitos decisivos se producirá en febrero de 2027, cuando el Congreso comience sus labores con la nueva conformación y el Senado elija a sus dirigentes. La determinación de quién encabezará la Cámara Alta será observada con especial atención por el STF, dado el impacto que ejercerá sobre las solicitudes de juicio político.

La inquietud se focaliza especialmente en el círculo de Alexandre de Moraes, pues se teme que la reconfiguración de fuerzas impida su asunción como presidente del Supremo en septiembre de 2027, fecha prevista para suceder a Fachin.

Alexandre de Moraes figura entre los jueces que más presión reciben.

Asimismo, se perciben temores respecto a Flávio Dino. Sus contactos estiman que podría convertirse en uno de los primeros objetivos de un Congreso dominado por legisladores alineados al bolsonarismo.

La futura Presidencia también podrá transformar el STF

La futura configuración del tribunal introduce un nuevo factor en la contienda. En el próximo periodo presidencial, se prevé la jubilación de Luiz Fux en 2028, Cármen Lúcia en 2029 y Gilmar Mendes en 2030, a la cual se añade la vacante generada por la jubilación anticipada de Luís Roberto Barroso.

En consecuencia, el futuro mandatario brasileño dispondrá de la facultad de efectuar varios nombramientos y reconfigurar la balanza interna del Supremo. Algunos integrantes del STF alertan que una posible victoria de Flávio Bolsonaro podría orientar al tribunal hacia posturas más conservadoras.

La preocupación también abarca la eventual pérdida del llamado “papel contramayoritario” del Tribunal, es decir, su misión de salvaguardar los derechos de las minorías consagrados en la Constitución, aun cuando sean contrarios a la voluntad de la mayoría política.

Con el nuevo Congreso a punto de tomar posesión, la interacción entre el Poder Legislativo y el STF se perfila como uno de los focos de mayor fricción para 2027, independientemente del vencedor en la contienda presidencial.

Fuente: Ambito.com

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