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EEUU expresa su inquietud ante China: «El futuro inmediato está en juego si triunfa en la carrera de la Inteligencia Artificial»

El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent emitió una severa advertencia acerca de la rivalidad tecnológica con la República Popular China y sostuvo que, de consolidarse el triunfo de Pekín en la carrera de la IA, la nación norteamericana podría ver mermadas gran parte de sus ventajas económicas, militares y estratégicas que actualmente sustentan su preeminencia mundial.

«Si China se adelanta en inteligencia artificial, el mañana se vuelve incierto», aseveró Bessent, añadiendo que bajo esa hipótesis «todo lo demás perderá relevancia». Explicó que el dominio de dicha tecnología podría anular algunas de las principales fortalezas estratégicas de Washington, incluida su enorme capacidad militar.

En una conferencia celebrada en la capital, el funcionario recordó que EE. UU. dispone de un presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares, pero advirtió que tal cifra quizá no garantice la seguridad nacional si China logra imponerse en el desarrollo de la IA.

El secretario del Tesoro reiteró la amenaza que representa la competencia tecnológica entre la República Popular y Estados Unidos, señalando que ambas naciones podrían perder gran parte de los privilegios económicos, militares y estratégicos que hoy sostienen su posición de liderazgo global.

La inquietud de Bessent se origina en la trascendencia que la IA tendrá en ámbitos como la defensa, la inteligencia, la ciberseguridad, la producción industrial y la innovación tecnológica. En síntesis, la potencia que logre crear sistemas de IA más sofisticados obtendrá una ventaja decisiva sobre sus rivales en múltiples sectores simultáneamente.

«No podemos detenernos mientras los chinos siguen avanzando», declaró Bessent al referirse a la pugna tecnológica entre ambas potencias.

No obstante, el secretario también puntualizó que China aún enfrenta obstáculos para sobrepasar a EE. UU. En una intervención posterior en la Universidad Metodista del Sur (SMU) de Dallas, sostuvo que las firmas chinas dependen en gran medida de los avances originados por empresas estadounidenses.

En ese contexto, puso especial atención al uso de la denominada «destilación», método empleado para entrenar modelos de IA más compactos a partir de las respuestas generadas por sistemas mayores y más complejos.

Definición de la técnica de “destilación” en modelos de IA

La destilación constituye una práctica aceptada en el desarrollo de inteligencia artificial: permite que un modelo reducido asimile comportamientos y habilidades de uno más amplio. Así, es posible producir sistemas que demanden menores recursos y resulten más económicos y veloces de ejecutar.

La acusación de Washington adopta una perspectiva distinta. Según las autoridades estadounidenses, ciertas compañías chinas estarían aplicando esta técnica para reproducir a gran escala las capacidades de modelos creados por firmas estadounidenses, acelerando sus propios desarrollos sin invertir el mismo tiempo y recursos en investigación.

El FBI, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y otras entidades estadounidenses denunciaron el martes a seis empresas chinas, entre ellas DeepSeek, Moonshot AI y Alibaba, por emplear dicha metodología para copiar tecnología de EE. UU.

Bessent sintetizó su postura mediante una analogía: describió la práctica como «observar el trabajo de otro y reproducir sus tareas». A su entender, una estrategia basada en la imitación puede acortar la brecha, pero no garantiza la obtención del liderazgo tecnológico.

El enfrentamiento tecnológico entre Estados Unidos y China

Las observaciones de Bessent emergen en un contexto de intensificada rivalidad entre Washington y Pekín por la supremacía tecnológica. La IA se ha convertido en uno de los principales campos de disputa, junto a los semiconductores, las tierras raras y otras tecnologías catalogadas como estratégicas.

El debate cobra relevancia poco antes de la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Washington, programada para finales de este mes, tras varios meses de negociaciones destinadas a aliviar las tensiones entre las dos mayores economías del planeta.

Aunque ambas naciones mantienen una tregua comercial que ha permitido suspender o reducir parte de los aranceles mutuos, persisten numerosos roces vinculados al comercio y la tecnología.

Entre ellos se encuentran las restricciones impuestas a empresas de ambos países, el acceso a semiconductores de última generación, el control de minerales críticos y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Al panorama se suman también las nuevas sanciones de Washington contra Irán, que alcanzan a sociedades de Hong Kong y firmas chinas acusadas por EE. UU. de facilitar a Teherán compras, pagos, transporte marítimo y tecnología.

Fuente: Ambito.com

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