Espectáculos

Consecuencias letales: una noche adversa para la aviación

“Colisión fatal” (“Deep Water”) no constituye una opción acertada para que una compañía aérea lo incluya como entretenimiento a bordo. En realidad, resulta poco apropiado para cualquier contexto, aunque persistan espectadores que aprecian el popular género de catástrofe de los setenta y ochenta. En esa línea, la obra dirigida por R. Harlin ofrece al público una combinación doble: desastre aéreo y depredadores marinos.

Un itinerario que enlaza Los Ángeles con Shanghái reúne a una típica muestra de viajeros, a los que una película de catástrofe suele presentar brevemente para que el espectador intuye quién podría sobrevivir, quién lleva asuntos familiares pendientes y quién terminará como alimento de tiburones.

En la cabina aparecen el oficial Ben (Aaron Eckhart) y el capitán Rich (Ben Kingsley, galardonado con el Oscar por “Gandhi”), quien, en esta fase de su carrera, aceptaría cualquier papel para aparecer en la pantalla y realzar su cartelera. Un incendio provocado por una batería de litio introducida ilícitamente a bordo (obviamente por el antagonista, quien persiste en fumar dentro del aeropuerto) desencadena la combustión del avión, obligándolo a amerizar en el Pacífico. Los supervivientes quedan esparcidos por distintas secciones del fuselaje y por restos flotantes. A ello se suma el inconveniente de que la zona está poblada por tiburones hambrientos, aunque dichos náufragos parecen carecer de hambre, pues de lo contrario se añadiría una tercera catástrofe al estilo de “La sociedad de la nieve”, lo cual resultaría excesivo.

A partir de ese momento, “Colisión fatal” sigue al pie de la letra los cánones del género. Se observan pasajeros que discuten sobre la necesidad de colaborar, jóvenes en riesgo, familias con asuntos sin resolver, sacrificios, actos heroicos e incluso la condena moral de una pareja que abandona a sus hijos durante el vuelo para buscar intimidad en el baño. ¡Ignoraban el desenlace que les aguardaba!

Harlin posee experiencia en la recreación de accidentes. No obstante, el conflicto se intensifica cuando la aeronave se hunde y la película aún dispone de más de una hora de intentos de rescate fallidos y ataques de tiburones. Cada aparición de estos depredadores invita a anticipar la ominosa partitura de John Williams, lo que debió resultar frustrante para Harlin, pues podría imitar a Spielberg en casi todo: la aleta, el agua vista desde la superficie, la víctima que no percibe la amenaza y el ataque repentino, aunque la música resultaba inalcanzable.

Para compensar tal carencia, el film otorga a los tiburones habilidades cada vez más extravagantes, como desplazarse como delfines. En una escena de rescate con helicóptero, uno de ellos emerge del mar para atrapar a una persona suspendida sobre el agua, provocando un nuevo desastre. En ese punto se comprende que los tiburones de “Colisión fatal” no actúan por hambre, sino por necesidad dramática: atacan cuando el guion requiere eliminar a un personaje, esperan para cerrar una conversación y reaparecen en cuanto alguien se lanza al agua. Parecen más interesados, desde una lógica cinematográfica, en la víctima que aún puede gritar que en los cadáveres flotantes.

Lo más desconcertante es que “Colisión fatal”, por algunos de sus planteamientos, se toma mucho más en serio de lo que su premisa justifica. Mientras una película de serie B aceptaría el disparate, esta introduce conflictos familiares, culpas, reconciliaciones y lecciones tipo manual de autoayuda sobre lo esencial en la vida.

Resulta curioso que Harlin sea un veterano del género. Tras “Pesadilla 4” fue contratado para “Duro de matar 2” y vivió su apogeo en los años noventa. En 1993 dirigió la electrizante “Riesgo total”; posteriormente siguieron “La pirata”, “El largo beso del adiós” y, en 1999, “Alerta en lo profundo” (“Deep Blue Sea”). La comparación con esta última resulta particularmente cruel, pues Harlin ya había creado, hace veintisiete años, una película de tiburones desmesurada y conocía perfectamente sus fórmulas. Aquella obra poseía velocidad, imaginación, humor y un saludable deseo de sorprender al público, llegando incluso a subvertir las convenciones del género: su muerte más icónica ocurría cuando todo apuntaba a un discurso moralizador. “Colisión fatal”, en cambio, sigue obedientemente cada cliché.

“Colisión fatal” (“Deep Water”, EE. UU., 2026). Dir.: R. Harlin. Int.: Aaron Eckhart, Ben Kingsley, Angus Sampson.

Fuente: Ambito.com

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