Espectáculos

Los premios del festival de Berlín: buen cine y megáfonos políticos

Si la edición 76 del festival de Berlín abrió con comentarios políticos que colorearon la inauguración hace diez días, en el Berlinale Palast de Postdamer Platz, también terminó con fuerte tono político, no sólo por varios de los filmes premiados sino por los agradecimientos de los ganadores. Incluso al darse un premio al documental Chronicles of a Siege – con jurado propio, no el internacional – su director Abdallah Alkhatib, un realizador de origen palestino, nacido en Siria, y afincado en Berlín, se presentó con una bandera palestina, clamando por “Free Palestine”.

El Oso de Oro al mejor film recayó en el drama Gelbe Briefe / Yellow Letters, dirigida por Ilker Çatak, el realizador alemán de origen turco, que saltó a la fama con Teacher’s Lounge (2023). Retoma el tema de la “cancelación” ideológica, de manera sorprendente. Se les desbarajusta la vida profesional y la familia a un matrimonio de gente de teatro, perseguidos por el gobierno autoritario de Turquía. El desbarranque ocurre Berlín – reconocible geográficamente – pero son Ankara y Estanbul, ya que el director establece una analogía explícita con acontecimientos en Europa. (Además, no hubiera podido rodarla en la Turquía de Erdogan. La necesidad tiene cara de hereje). El film es un alegato, bien armado cinematográficamente, contra la persecución ideológica – un largometraje que coincide con el perfil del festival.

El Oso de Plata – Gran Premio del Jurado – recayó en Kurtulu / Salvation, otro film de director turco, Emin Alper, y financiado, como Yellow Letters con fondos europeos. Es un drama político sobre la radicalización de ideas musulmanas en una comunidad rural, dirigida por un fanático religioso. El título es irónico porque no hay salvación en el fanatismo ideológico, que el equipo detrás de la producción extiende más allá del islamismo.

Sandrá Hüller volvió a ganar en Berlín.

Si los dos premios más importantes del Jurado, presidido por Wim Wenders, encarnan la tradición política del festival, el Oso de Plata del Jurado, destacó en cambio un profundo drama familiar, Queen at Sea, rodado en Londres por el norteamericano Lance Hammer (su segundo largometraje en 18 años), sobre un matrimonio anciano, ella con demencia, cuya hija, intepretada por Juliette Binoche, entra en crisis sobre cómo resolver la logística de la vida diaria.

La observación afinada de lo que se puede / debe hacer con padres viejos refleja una situación real para mucha gente. Con generosidad, la película observa que no hay soluciones integrales sino decisiones que arreglan parcialmente los dilemas enfrentados. De allí el final abierto, donde los gestos reemplazan las palabras. Los veteranos Tom Courtenay y Anna Calder-Marshall – en trabajos notables por su hondura y reserva emocional – recibieron el Oso de Plata como actores de reparto.

Los otros ganadores

El Oso de Plata para el mejor actor / actriz (como el de reparto, no hay distinción ahora entre actores y actrices) recayó en la alemana Sandra Hüller por Rose, un drama histórico, en blando y negro, muy estilizado, sobre una mujer que en el siglo XVII, pasa por ser hombre. En clave histórica, el realizador Markus Schleinzer habla con cierto didacticismo de la gente diferente y la tragedia que se desencadena cuando por razones de tradición y religión no se las acepta. En ese sentido, Rose también es un film político en el contexto del festival.

Grant Gee, el realizador y director de fotografía británico, recibió el Oso de Plata al mejor director, por Everybody Digs Bill Evans, una visión notable de la crisis artística del pianista de jazz norteamericano Bill Evans. Rodada en blanco y negro en Iranda, y adaptación de una novela que imagina los contornos dramáticos de un caótico mundo interior, la película usa la banda de sonido y un montaje fragmentado, para explicitar un artista al borde del colapso.

El largometraje canadiense Nina Roza, escrito y dirigido por Geneviève Dulude-de Celles, recibió el Oso de Plata al mejor guión. Traza la crisis emocional de un crítico de arte búlgaro, afincado en Canadá, que vuelve a su país para ver si una niña pintora, la Nina del título, es una Frieda Kahlo en potencia. Esta temática de desplazamiento y el costo que se paga por cortar con las raíces de familia, lengua y cultura – una realidad en el mundo globalizado de hoy – tiene una dimensión universal.

Abdallah Alkhatib, un realizador de origen palestino, nacido en Siria, y afincado en Berlín, se presentó con una bandera palestina, clamando por “Free Palestine”.

El último de los Osos de Plata fue el de contribución artística, y recayó en el documental Yo (Love Is a Rebellious Bird), realizado durante 16 años, codirigido por el matrimonio norteamericano Anna Fitch y Banker White. Los autores complementan las entrevistas a una querida amiga de la directora, cuarenta años mayor, con secuencias de animación, fotos de familia, una marioneta de la protagonista Yo / Yolanda, y la casa de muñecas, que a lo largo del documental van construyendo y que deviene una metáfora sobre el espacion que nos construimos desde el cual manejar el caos de la vida.

Como siempre, los films premiados en la Berlinale, merecen circular internacionalmente. En el mundo de las plataformas, que buscan entretener, y la disminución de salas de cine, muchas de estas películas no tendrán larga vida … Son sólidos trabajos para conversar, temática y estéticamente, porque el cine, como escribió Scorsese, no es la vida, sino un diálogo con la vida.

Fuente: Ambito.com

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