Cuánto cuestan y cómo funcionan los detectores de monóxido de carbono

Todo sobre los dispositivos que salvan vidas: precios, ubicación estratégica, funcionamiento y claves para evitar intoxicaciones
La tragedia de Villa Devoto, barrio de Capital Federal en el que en las últimas horas murieron dos hermanitos de 2 y 4 años y la niñera que estaba a su cargo por la inhalación de monóxido de carbono, volvió a poner en el centro de la escena a este gas conocido como el asesino invisible por una razón letal: no tiene olor, ni color, ni sabor, y no genera irritación en los ojos ni en la nariz. Ante este escenario, la tecnología se convierte en la mejor aliada de la prevención ciudadana.
En los últimos años, la demanda de detectores de monóxido de carbono creció exponencialmente en los principales portales de comercio electrónico y ferreterías industriales del país. Lo que antes era considerado un lujo o un accesorio técnico para industrias, hoy es un elemento esencial en cualquier hogar que utilice gas natural o envasado. Entender cómo operan y qué inversión requieren es fundamental para dormir tranquilos.
Detectores de monóxido de carbono: precios y modelos
En cuanto a los costos, el mercado local ofrece una variedad que se adapta a distintos presupuestos. Los modelos más económicos son aquellos que funcionan exclusivamente con baterías (pilas AA o de 9V). Estos tienen la ventaja de seguir operativos incluso durante un corte de luz, un evento frecuente en épocas de alta demanda energética. Sus precios arrancan actualmente desde los $15.000 y llegan hasta los $55.000.
Por otro lado, existen versiones más sofisticadas que incluyen pantallas digitales. Estos modelos no solo disparan la alarma, sino que muestran en tiempo real la concentración de gas en el ambiente, lo que permite detectar fugas silenciosas o malas combustiones leves antes de que lleguen a ser letales. Estos equipos pueden rondar los $60.000 a $85.000. También están disponibles los detectores duales, que identifican tanto monóxido de carbono como gas natural (metano), brindando una protección integral por valores que superan los $140.000.
Al momento de comprar, es imprescindible verificar que el producto cuente con certificaciones de seguridad, como las normas IRAM en Argentina o estándares internacionales equivalentes (UL o EN). Invertir en un detector de marca reconocida asegura que el dispositivo pasó pruebas de laboratorio rigurosas. En un país donde se registran aproximadamente 200 muertes por año a causa de este gas, la instalación de un detector no es un gasto, sino una póliza de seguro para la vida de toda la familia.
Detectores de monóxido de carbono: cómo funcionan y dónde instalarlos
El funcionamiento de estos dispositivos es tan sencillo como eficiente. La mayoría de los modelos domésticos operan mediante un sensor electroquímico. Cuando las moléculas de monóxido de carbono entran en contacto con el sensor, se produce una reacción química que genera una pequeña corriente eléctrica. Si la concentración de gas en el ambiente supera los niveles de seguridad (medidos en partes por millón o PPM), el circuito activa una alarma sonora de alto impacto, generalmente superior a los 85 decibeles, diseñada para despertar incluso a una persona en sueño profundo.
A diferencia de los detectores de humo, que suelen colocarse en el techo, los de monóxido de carbono deben ubicarse siguiendo la lógica del flujo de aire. Aunque el monóxido es ligeramente más liviano que el aire, se mezcla fácilmente con él. Los expertos recomiendan instalarlos a la altura de la vista (aproximadamente a 1,5 metros del suelo) y a una distancia de entre uno y tres metros de los artefactos a gas. Es vital no colocarlos en rincones donde el aire se estanque, ni pegados a ventanas o puertas donde las corrientes de aire fresco puedan engañar al sensor.
Un detalle clave para el usuario es el mantenimiento. La mayoría de estos aparatos cuentan con un botón de «Test» que permite verificar el estado de la batería y del parlante. Además, tienen una vida útil limitada: los sensores electroquímicos suelen durar entre 5 y 7 años. Pasado ese tiempo, el dispositivo debe ser reemplazado por completo, ya que la sensibilidad del componente químico se degrada y pierde efectividad.





