Espectáculos

Ronnie Wood en Argentina: la auténtica esencia del rock and roll

La tierra de los Stones vivió su tan ansiada celebración. Ronnie Wood, el legendario guitarrista de los Rolling Stones, artífice fundacional de los Faces, compañero de ruta de Jeff Beck y pieza esencial en la construcción del mito del rock universal, arribó anoche al Movistar Arena para ofrecer un recital inolvidable que estuvo a la altura de su propia leyenda. A diez años de su última visita al país junto a Sus Majestades Satánicas, quedó patente que el vínculo entre el público argentino y el entrañable “Ronnie” sigue intacto, vigoroso y arrollador.

Desde la madrugada, el barrio de Villa Crespo se transformó en una pasarela continua de flequillos, camisetas ceñidas, zapatillas de lona y esa emblemática lengua roja que lo engalana todo. La espera de tantos años para volver a sentir esa energía en vivo era evidente, y nadie que pudiera asistir dejó pasar la ocasión de rendir tributo en carne viva a uno de los últimos héroes vivientes del siglo XX.

El ambiente ya estaba encendido gracias a una previa de peso. A eso de las 20 hs, Ratas Paranoicas encendió la mecha con un set demoledor cargado de clásicos. La elección del grupo liderado por Juanse no fue casual: el vínculo histórico entre la agrupación de Devoto y la casa británica es inquebrantable. En 1992 abrieron la primera visita solista de Keith Richards en Vélez; un año después acompañaron al propio Mick Taylor; y finalmente fueron teloneros de los Stones en sus míticas presentaciones de 1995 y 1998 en River Plate. Su presencia en el debut solista de Wood en la Argentina era un mandato espiritual inevitable.

Para reforzar la mística del encuentro, entre bastidores se dio uno de esos momentos que quedan grabados en los anales: Charly García y Ronnie Wood se abrazaron en los camerinos porteños. Dos titanes de continentes opuestos, cómplices de innumerables batallas musicales, sellaron una foto eterna que preparó el terreno para un espectáculo arrollador.

Ronnie posó junto a Charly en su paso por Argentina.

Un comienzo entre la propia historia y la raíz Stone

Acompañado por la potente AMMO Band —un conjunto de energía cruda liderado en teclados por el virtuoso pianista de boogie‑woogie Ben Waters—, Ronnie pisó el escenario con su característica sonrisa pícara y una soltura envidiable. El arranque no escatimó en potencia y se lanzó de inmediato a la yugular con “It’s Only Rock ’n’ Roll (But I Like It)”. La elección resultó sumamente simbólica: este himno no surgió en los estudios oficiales de los Stones, sino en el estudio casero que Wood tenía en Richmond en 1973, grabado junto a Mick Jagger, David Bowie y Kenny Jones dos años antes de que Ronnie fuera incorporado como miembro oficial de la banda. Escuchar esa guitarra resonar medio siglo después en Buenos Aires confirmó que esa sencilla premisa sigue siendo su mejor carta de presentación.

Sin pausa, el conjunto giró hacia la obra solista del guitarrista, rescate de “Am I Grooving You”, el incendiario funk‑rock escrito por Bert Berns y Jerry Ragovoy que abrió su debut solista de 1974 (I’ve Got My Own Album to Do), para luego arremeter con “Take It Easy”, demostrando desde el inicio que su repertorio personal no le envidia a ningún gigante del género.

El viaje retrocedió un escalón más en la cronología para invocar el espíritu festivo y desenfadado de los Faces, la mítica formación que compartió con Rod Stewart y Ronnie Lane. “Flying” (del disco First Step de 1970) sirvió para desatar el virtuosismo melódico de la banda y transportar al estadio a la era dorada del rock británico. Inmediatamente después, el perfume stone volvió a apoderarse de las tribunas con “Hey Negrita”, la joya bailable de Black and Blue (1976) cuyo riff principal de tintes reggae fue aportado originalmente por el propio Wood durante las sesiones de prueba que culminaron con su incorporación definitiva al grupo.

El tramo de piezas solistas y colaboraciones continuó con “Seven Days”, la joya que Bob Dylan regaló especialmente a Ronnie para su álbum Gimme Some Neck de 1979, ejecutada con una cadencia cruda y refinada que dejó en claro la complicidad artística entre ambos íconos.

Duetos de altísimo voltaje: del soul de Imelda May al torbellino de Chanel Haynes

La velada adquirió matices de gala cuando subió al escenario la cantante irlandesa Imelda May, invitada de honor de esta gira mundial. Su interpretación de “Remember (Walking in the Sand)” —el clásico sesentoso inmortalizado por The Shangri‑Las— imprimió un tono de elegancia soul y dramatismo vocal que encajó a la perfección con el entramado de guitarras de Wood, convirtiendo al estadio en un íntimo club nocturno.

Imelda May se lució junto a Ronnie.

Tras esa escala melancólica, el espectáculo mutó en una clase magistral de blues tradicional, el género que moldeó la juventud del guitarrista en el Londres de los años sesenta. Con “You’re So Fine” (homenaje al armonicista Little Walter) y el electrizante “Baby What You Want Me to Do” de Jimmy Reed, el británico dejó en evidencia que bajo la imaginería Stone habita un verdadero devoto del blues del Mississippi. La emoción íntima continuó con la conmovedora “Mystifies Me”, una de las baladas más bellas de su primer disco solista, donde las cuerdas acústicas hicieron erizar la piel del estadio.

Sin embargo, el instante de mayor voltaje vocal y dramatismo de la noche llegó de la mano de la deslumbrante Chanel Haynes. La cantante norteamericana —aclamada mundialmente por su interpretación de Tina Turner en el musical de West End y por sus recientes colaboraciones con los Stones— tomó el centro del escenario para abordar “River Deep” (la inmortal “River Deep – Mountain High” producida por Phil Spector para Ike & Tina Turner).

Lo de Haynes fue una auténtica muestra de poderío: con un rango vocal telúrico, desgarrador y de una potencia descomunal, Chanel hizo temblar los cimientos del Movistar Arena. Su ceremonia de premiación escénica, combinada con el solo incisivo de Wood, desató una de las ovaciones más ensordecedoras y prolongadas de la velada.

Guiños de complicidad, boogie desenfrenado y el cierre definitivo

Lejos de disminuir la tensión, la banda retomó la marcha con “Show Me” (joya de su etapa solista de los ochenta), pero no sin antes ofrecer un guiño irresistible: Ronnie introdujo de contrabando el legendario riff de “(I Can’t Get No) Satisfaction” en los primeros compases del tema, desatando la locura colectiva del público rolinga.

A continuación, el show dio paso a la versión acústica de “Country Honk” —la relectura al estilo country‑billy con la que los Stones concibieron inicialmente “Honky Tonk Women” en Let It Bleed (1969)—, seguida por el contagioso instrumental “Boogie”, donde los pianos de Ben Waters se batieron a duelo con las líneas melódicas de Wood en un festín de ritmo endiablado.

Ronnie desplegó su mejor repertorio ante un Movistar Arena cargado de emoción.

El bloque final fue un alud de sensaciones. Primero llegó la entrañable “Ooh La La” (1973), el himno de los Faces coescrito por Wood y Ronnie Lane, cantado a coro por miles de almas que acompañaron ese estribillo atemporal. Luego, Imelda May y Chanel Haynes volvieron a unir fuerzas en los coros para una versión volcánica de “Chain of Fools”, el clásico inmortalizado por Aretha Franklin en 1967.

Cuando resonaron los acordes de “Can’t You Hear Me Knockin’” (el clásico de Sticky Fingers), el público se entregó por completo al cierre, confirmando que la noche de Ronnie Wood en Argentina quedó grabada como una de las más épicas en la historia del rock.

Fuente: Ambito.com

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