El legado navideño del fútbol: hace 66 años llegaba al mundo Diego Armando Maradona

Al igual que cada 30 de octubre, la comunidad futbolística celebra su propia “Navidad”. En la fecha señalada, pero en 1960, en el Policlínico Evita de Lanús, vio la luz Diego Armando Maradona, el D10S del fútbol, ícono inmortal que permanece en el corazón de los argentinos, pese a su partida hace casi seis años.
Hijo de Dalma Salvadora Franco, conocida como Doña Tota, y de Diego “Chitoro” Maradona, el “Pelusa” se crió en la modesta Villa Fiorito, superando la indigencia para erigirse como el futbolista supremo de la historia, un verdadero artista del balón y símbolo de la identidad argentina.
Fue el primogénito y quinto de ocho hermanos en una familia obrera de escasos recursos. Su niñez transcurrió en una vivienda precaria de madera, chapa y ladrillos, situada cerca de la intersección de Azamor y Mario Bravo, en el cruce de Lomas de Zamora. A pesar de la escasez material, Diego creció inmerso en un entorno familiar cimentado en el amor, el esfuerzo y la dignidad del trabajo.
La pasión por el balón, esa compañera inseparable que lo acompañó hasta sus últimos momentos, surgió en su infancia. A los siete años ya disputaba partidos desde la tarde hasta el anochecer con los niños del barrio en el club Estrella Roja.
Ese terreno, una cancha de barro de siete metros, construido por su propio padre, se convirtió en la “Tierra Prometida” del D10S del fútbol mundial. Allí, con su agilidad innata, empezó a esculpir la dribla magistral que desconcertaba a sus adversarios.
Las canchas del Estrella Roja funcionaron como su universidad, donde Diego Maradona forjó los cimientos de su carrera, hasta coronarse como el mejor futbolista del planeta y, posteriormente, ceder el trono a su “mesías” y sucesor: Lionel Andrés Messi.
Con apenas nueve años, su amigo Gregorio “Goyo” Carrizo lo persuadió para presentarse a pruebas en Argentinos Juniors. A pesar de la lluvia, Diego deslumbró al técnico Francisco Cornejo. Ese episodio dio origen a la legendaria categoría «Los Cebollitas», la generación 1960 del Bicho de la Paternal, con Maradona como capitán destacado. Los Cebollitas alcanzaron la histórica cifra de 136 partidos sin perder, lograron el campeonato de octava división en 1974 y brillaron en torneos nacionales e internacionales.
Su destreza pronto llamó la atención de los medios. El 28 de septiembre de 1971, a los diez años, apareció por primera vez en la prensa argentina, describiéndose como “un pibe con porte y clase de crack”, aunque bajo el nombre de “Diego Caradona”.
Dentro de los Cebollitas, Diego era quien más destacaba. Su manejo del balón era tal que, durante los recesos de los partidos de la Primera de Argentinos, entretenía al público realizando malabares con su eterna compañera, la pelota.
Todos empezaron a preguntarse cuándo ese jovencito de rizos debutaría en la máxima categoría. Ese momento llegó el 20 de octubre de 1976, durante el Campeonato Nacional. Argentinos cayó 1-0 ante Talleres de Córdoba, y Diego Maradona ingresó como suplente vistiendo la camiseta número 16, sustituyendo a Rubén Aníbal Giacobetti.
El entrenador Juan Carlos Montes le indicó: “Juega como entrenas, como sabes, y si puedes, haz un caño”. Diego no defraudó y, en una de sus primeras jugadas, le ejecutó un caño a Juan Cabrera.
Pasaron algunas fechas antes de que llegara su primer gol en Primera: el 14 de noviembre, cuando el “Pelusa” anotó contra San Lorenzo de Mar del Plata.
Con Argentinos Juniors disputó, entre 1976 y 1980, un total de 166 partidos y encarnó 116 tantos. Maradona se consagró máximo goleador del fútbol argentino en los torneos Metropolitano 1978, Metropolitano y Nacional 1979, y Metropolitano y Nacional 1980.
En el campeonato de Primera de 1980, gracias al polémico gol de mano de Maradona, el Bicho finalizó en la segunda posición con 42 puntos, a nueve unidades del líder River.
En 1979, lideró al seleccionado sub‑20 que se alzó con el título mundial en Japón, un logro sin precedentes para esa categoría, y más adelante obtuvo su primer campeonato de clubes con Boca Juniors.
Tras dos temporadas en la Xeneize, fue transferido al Barcelona por 7,2 millones de euros, cifra récord en aquel momento. En el club catalán jugó dos campañas; aunque mostró destellos de su calidad, el conjunto no quedó plenamente convencido con el número 10, debido a conductas extradeportivas, lesiones (hepatitis y fractura de tobillo) y una suspensión tras una violenta riña tras una final perdida. Por ello, la dirigencia del Barcelona comenzó a contemplar su venta en 1984.
En ese contexto apareció Corrado Ferlaino, presidente del Napoli, que buscaba rescatar a su club de una grave crisis financiera. Aprovechó los roces entre Pelusa y la directiva del Barça, negociando con el representante Jorge Cysterpiller y gestó la llegada del astro italiano.
El punto álgido de la trayectoria de Diego Maradona se materializó al levantar la Copa del Mundo que la Selección Argentina conquistó en México 1986.
En Nápoles surgió la leyenda
El calendario indica que el 5 de julio de 1984, a los 23 años, Diego Maradona, ya reconocido como uno de los talentos más codiciados del fútbol, arribó al Napoli. Lo mejor aún estaba por venir.
La Società Sportiva Calcio Napoli era un club humilde, en una ciudad de escasos recursos y con escasos logros. Sin embargo, eso no desanimó a Maradona; al contrario, le entusiasmó el desafío. El 5 de julio de 1984, ante un Estadio San Paolo repleto, recibió el aplauso de una afición que ya lo veneraba, aunque aún no había lucido su camiseta.
En Nápoles nació el mito. Maradona revolucionó el fútbol italiano y, en siete años, condujo al club a la conquista de cinco títulos. El Napoli, que nunca antes había alzado un Scudetto, se coronó con dos bajo su liderazgo, transformando para siempre su historia.
Maradona también brilló con luz propia cada vez que vestía la camiseta de la Selección Argentina, guiándola hacia la gloria en el Mundial de México 1986 y ofreciendo una de las actuaciones individuales más memorables de la historia del torneo.
Se acercó al bicampeonato mundial en Italia 1990, pero la Albiceleste, dirigida por Carlos Salvador Bilardo, cayó en la final ante Alemania, tras el polémico penal ejecutado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal, jugada que gran parte del mundo del fútbol considera no haber sido una infracción.
En marzo de 1991, después de un encuentro del Napoli contra el Bari, dio positivo en un control antidopaje por consumo de cocaína. Fue sancionado con 15 meses de inhabilitación por la Federación Italiana de Fútbol, lo que precipitó su abrupta salida del club italiano.
Su etapa en Nápoli trasciende la mera presencia de un gran futbolista. Maradona puso en relieve los contrastes entre el norte próspero y el sur humilde, y, durante un tiempo, elevó al Napoli a la par de los equipos más poderosos, superándolos en varios momentos. Arribó a Nápoli como hombre y se marchó como deidad.
Tras esa etapa, jugó una temporada en el Sevilla, tuvo un breve paso por Newell’s Old Boys y regresó a la Selección Argentina para disputar su último Mundial en 1994. Tras la victoria sobre Nigeria en Estados Unidos, fue retirado del terreno de juego por Sue Carpenter, quien en realidad no era enfermera. Un control antidopaje reveló la presencia de cinco derivados de efedrina, sustancia permitida en el deporte local, y la FIFA lo suspendió nuevamente por quince meses.
Durante esa última sanción, asumió el cargo de director técnico en Racing y Deportivo Mandiyú. Regresó a los campos en 1995 para volver a vestir la camiseta de Boca, pero su carrera volvió a interrumpirse.
En 1997 realizó su última visita a Boca, se despidió dentro del estadio y, tras otro test positivo y una inhabilitación impuesta por la AFA que nunca se ejecutó, anunció el cierre de su trayectoria el día de su 37.º cumpleaños.
A partir de entonces, se dedicó a la dirección técnica, pasando por la Selección Argentina, los Emiratos Árabes, México y Bielorrusia, hasta que en 2019 regresó a su país para dirigir a Gimnasia y Esgrima La Plata.
En 2020, la pandemia marcó su 60.º cumpleaños, el más triste y definitivo. El 25 de noviembre de ese año, a causa de un edema agudo de pulmón secundario a una insuficiencia cardíaca crónica reagudizada, el D10S del fútbol abandonó la tierra para seguir jugando en la eternidad de la memoria futbolística.
Fuente: Ambito.com





