En Facebook, la hostilidad supera al afecto

“Ni siquiera Zeus lograría deshacer las tramas de piedra que me rodean”, anotó Borges en “El laberinto”, uno de los versos de “Elogio de la sombra”. Resultaría inesperado que, medio siglo después, el término “tramas” aludiera a otro tipo de entramado, esta vez forjado por algoritmos y habitado por miles de millones de usuarios. Un entramado donde las rutas aparentan elegirse libremente, aunque una mano no aleatoria determina cuáles serán las más transitadas. Ese es el núcleo de “El poder de la red” (“The Social Reckoning”) , la obra de Aaron Sorkin que explora los oscuros intereses corporativos de Facebook y la investigación periodística que los expuso.
En 1976, Alan J. Pakula dirigió “Todos los hombres del presidente”, con Dustin Hoffman y Robert Redford interpretando a Carl Bernstein y Bob Woodward, los reporteros del “The Washington Post” que ayudaron a desvelar el escándalo de Watergate que culminó con la dimisión de Richard Nixon. Cinco décadas más tarde, Sorkin retoma esa estructura narrativa, pero el poder investigado ya no se halla en la Casa Blanca, sino en las oficinas de una empresa tecnológica.
La diferencia en el enfoque cinematográfico también resulta notable. Hoffman y Redford transmitían la pasión, la incertidumbre y los temores de dos periodistas que descubrían una conspiración de alcance desconocido. El suspense se construía mediante silencios, llamadas telefónicas, fuentes reticentes y amenazas. En “El poder de la red”, basada también en hechos reales, los protagonistas parecen jóvenes geeks debatir el futuro de la democracia con la misma indiferencia con la que analizarían el lanzamiento de una aplicación. Casi todos dialogan a la misma velocidad, conocen las respuestas y siempre encuentran una réplica ingeniosa. En la película de Pakula, el peligro acechaba tras cualquier puerta; en la actual, se oculta tras una diapositiva de PowerPoint.
El personaje central es Frances Haugen (Mikey Madison), empleada de Facebook que descubre los efectos de los algoritmos y decide entregar documentos confidenciales a Jeff Horwitz (Jeremy Allen White), reportero de “The Wall Street Journal”. Haugen asume el papel del emblemático “Garganta Profunda” de Watergate, aunque aquí su identidad y motivaciones son reveladas desde el inicio.
Los encuentros clandestinos de ambos en un parque evocan las reuniones de Woodward con su fuente en un estacionamiento subterráneo. Sin embargo, el misterio y la amenaza que rodeaban esas citas han sido sustituidos por una sucesión de explicaciones sobre el funcionamiento de Facebook, como si el cine político de los setenta hubiera intercambiado su sangre por un fluido digital de refrigeración.
Delito sin sanción
La trama se inicia con un suceso aparentemente ajeno a la investigación: una joven protagoniza un violento enfrentamiento racial con policías que intentaban asistirla tras una avería de su vehículo en una carretera. El video se viraliza en Facebook y Haugen reconoce a la protagonista, una conocida suya que antes militaba en movimientos progresistas y ahora participa en colectivos de extrema derecha. Este episodio despierta su interés por los mecanismos que pueden propiciar tal transformación.
Uno de los hallazgos más impactantes es el conocido 64 %: según un estudio interno de 2016, esa proporción de los ingresos a grupos extremistas provenía de las recomendaciones de Facebook. El dato fue publicado por “The Wall Street Journal” en mayo de 2020, antes de las filtraciones de Haugen. Otro elemento clave es el MSI (Meaningful Social Interactions), introducido en 2018 por la plataforma para priorizar publicaciones que generaran comentarios, compartidos y otras interacciones entre usuarios.
Facebook alegaba que ello fomentaba relaciones personales, pero el algoritmo terminaba favoreciendo los debates con mayor cantidad de “haters”. Una acusación falsa, un mensaje racista o una teoría conspirativa provocaban una avalancha de comentarios indignados, logrando mayor difusión que una publicación sobre cumpleaños, recetas o mensajes “positivos”. En la lógica de la red, el odio resulta mucho más potente que el afecto.
Los documentos internos también revelaron que la empresa era consciente de los efectos adversos de Instagram sobre la autoestima y la salud mental de las adolescentes, derivado de la comparación con cuerpos idealizados y vidas aparentemente perfectas. Sin embargo, alterar el algoritmo podría reducir la actividad de los usuarios y, por ende, los ingresos publicitarios.
La película vincula estos mecanismos con la expansión de grupos de odio, campañas de desinformación política y el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 en favor de Donald Trump, cuyas imágenes se insertan en la narrativa. Horwitz comprende que los documentos de Haugen evidencian la brecha entre la narrativa pública de Facebook y sus investigaciones internas. El resultado son los artículos recopilados bajo el nombre de “The Facebook Files”, publicados por “The Wall Street Journal” a partir de septiembre de 2021.
Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg con una frialdad mecánica que, en ciertos momentos, recuerda a Lex Luthor. La representación posee un matiz satírico, aunque simplifica las contradicciones del personaje. El Zuckerberg que Jesse Eisenberg encarnó en “La red social” (2010), también escrita por Sorkin y dirigida por David Fincher, mostraba una complejidad mayor: arrogante y difícil de descifrar.
Existe, además, una curiosidad histórica en la recreación. La película transcurre parcialmente durante la pandemia, pero los mascarillas aparecen únicamente en los personajes secundarios, mientras los protagonistas conversan prolongadamente con el rostro descubierto.
Poco después de la publicación de “The Facebook Files”, Zuckerberg anunció que la compañía adoptaría el nombre de Meta y apostaría por el “metaverso”. Oficialmente, el cambio respondía a una nueva estrategia tecnológica, pero coincidió con uno de los mayores escándalos en la historia de Facebook. Simultáneamente, el servicio de streaming perdía atractivo entre los jóvenes y se transformaba gradualmente en la red de padres y abuelos.
El desenlace muestra a Haugen testificando ante el Senado, otorgando a la denuncia pública una dimensión heroica (algo que no se refleja en la actuación). La verdadera Frances Haugen asumió riesgos profesionales y personales al entregar los documentos que posibilitaron la investigación, aunque el cierre resulta algo engañoso.
En “Todos los hombres del presidente”, el público conocía las consecuencias de Watergate. En “El poder de la red”, cinco años después de las revelaciones, Zuckerberg sigue al frente de Meta, una de las mayores corporaciones tecnológicas del planeta, y el debate sobre la responsabilidad de las plataformas continúa abierto. Las denuncias permitieron visibilizar prácticas que Facebook mantenía fuera del escrutinio público, pero sus repercusiones en la operatividad de la empresa han sido considerablemente menores. De hecho, no sería sorprendente encontrar en Facebook, donde hoy predomina la publicidad sobre los contactos, un anuncio de la propia película. Los negocios siguen siendo negocios.
“El poder de la red” (“The Social Reckoning”, EE. UU., 2026). Dir.: Aaron Sorkin. Int.: Mikey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Wanmi Mosaku.
Fuente: Ambito.com




