Las crecientes obligaciones financieras del sector de la IA generan inquietud entre los inversionistas

Los mercados crediticios están siguiendo la evolución de CoreWeave. El valor de mercado de un bono a cinco años emitido por la compañía de “neonubes” (neocloud), que arrienda capacidad de centros de datos para entrenar modelos de IA, ha retrocedido un 16 % desde julio. El rendimiento del bono se sitúa ahora en torno al 15 %, nivel típico de empresas con dificultades financieras, frente al 10 % registrado en julio. Los precios de los CDS que cubren un posible impago de CoreWeave indican que la probabilidad de que la empresa no honre sus obligaciones en los próximos cinco años supera el 60 %.
Los inversores temen cada vez más que los pilares del auge de la IA no logren generar los flujos de efectivo necesarios para atender sus abultadas deudas. Esta inquietud se ha trasladado desde los mercados de crédito al sector bursátil: tras una fuerte caída, el índice NASDAQ, con una alta ponderación de compañías tecnológicas, retornó al nivel que ostentaba a mediados de mayo. Los participantes del mercado están descontando una carga de deuda cada vez más opaca y riesgosa.
CoreWeave no es la única fuente de preocupación. Los rendimientos de los bonos emitidos por sus rivales en el segmento de neonubes, como Nebius y TeraWulf, también están en ascenso. Estas compañías dependen del endeudamiento. De las diez neonubes cotizadas, sólo dos reportan beneficios. El endeudamiento consolidado de este grupo asciende a US$100 000 millones, cifra que triplica sus ingresos anuales. De ese pasivo, US$57 000 millones fueron emitidos durante el presente año.
Y esas sumas representan apenas una fracción del creciente volumen de deuda vinculada a la IA. Oracle, originalmente proveedora de software y ahora también de servicios en la nube, ha acumulado US$169 000 millones en deuda, de los cuales US$25 000 millones se emitieron este año. SoftBank y SpaceX, con ambiciones significativas en el negocio de la nube, han contraído otros US$91 000 millones desde enero.
Luego están los cuatro gigantes estadounidenses de la computación en la nube —Alphabet, Amazon, Microsoft y Meta—, que han tomado prestados US$214 000 millones entre los cuatro en 2026, frente a los US$83 000 millones del año anterior. Otros US$79 000 millones en deuda para centros de datos fueron emitidos por vehículos de propósito especial (SPV), mayoritariamente consorcios entre proveedores de nube e instituciones financieras. A esto se añaden US$84 000 millones obtenidos por fabricantes de chips como Nvidia y otras firmas de la cadena de suministro de semiconductores. Si se suman los bonos de proveedores de equipos para centros de datos y los compromisos de las compañías eléctricas estadounidenses, que también deben invertir para seguir el ritmo del auge de la IA, el total de deuda contraída hasta la fecha supera los US$850 000 millones, aproximadamente cuatro veces la cifra emitida por el mismo conjunto de empresas en 2023. En conjunto, sus balances acumulan más de US$3 billones de pasivos.
Hasta hace poco, el impulso de la IA se financiaba con los flujos de efectivo de los hiperescaladores. Sin embargo, la inversión ha crecido más allá de lo que sus líneas de negocio consolidadas pueden absorber y supera con creces el gasto actual de consumidores y empresas en IA. JPMorgan Chase estima que se requerirán alrededor de US$5,5 billones en gasto de capital para sostener esta tecnología entre ahora y 2030, de los cuales tres cuartas partes se financiarán mediante deuda. Los prestatarios están recurriendo a estrategias de financiación cada vez más sofisticadas y a una amplia gama de acreedores.
Los bonos, incluidos los de gran envergadura como la emisión de US$32 000 millones de Alphabet en febrero, siguen siendo una vía popular. No obstante, la magnitud requerida obliga a los emisores a explorar alternativas creativas, recurriendo cada vez más a los mercados de crédito internacionales. Hasta la fecha, aproximadamente el 30 % de los bonos emitidos este año por los cinco principales proveedores de servicios en la nube —los cuatro hiperescaladores y Oracle— se han denominado en divisas distintas al dólar, como el euro, la libra esterlina y el yen.
Al mismo tiempo, otros instrumentos están ganando terreno. Los vehículos de propósito especial se han convertido en una práctica habitual. Un ejemplo es “Sopaipilla”, proyecto impulsado por Meta (nombrado así por un pastel típico). Consiste en diez centros de datos ubicados en El Paso, Texas, que en conjunto ofrecerán cerca de un gigavatio de capacidad de cómputo. El complejo pertenece a la sociedad de cartera Wurldwide, en la que Meta posee el 20 % y BlackRock el 80 %. En agosto, Wurldwide emitió US$13 000 millones de deuda para financiar la construcción del proyecto, el cual Meta acordó arrendar durante 20 años.
Estas estructuras persiguen varios objetivos. BlackRock y sus clientes obtienen un flujo de ingresos estable garantizado por Meta, mientras que Meta mantiene la deuda fuera de su balance. Las agencias de calificación asignaron al SPV una nota un escalón por debajo de la de Meta.
La financiación respaldada por chips, que utiliza los semiconductores instalados en un centro de datos como garantía, también está en expansión. Según fuentes, SpaceX pretende conseguir US$40 000 millones mediante este mecanismo para adquirir más chips de Nvidia. Con frecuencia, este tipo de financiación se estructuran a través de un SPV. Oracle está negociando con Apollo, un actor destacado del mercado privado, y con Goldman Sachs, para financiar una compra masiva de semiconductores que quedarán en manos de una entidad separada y serán arrendados a Oracle. Anthropic y OpenAI, dos de los principales desarrolladores de modelos, estarían explorando acuerdos similares para adquirir grandes volúmenes de chips directamente.
Roelof Steenkamp, de Fitch, advierte que la financiación respaldada por chips hace que la valoración del riesgo sea “infinitamente más compleja”. Una consecuencia de estos pactos es que la infraestructura física de un centro de datos, sus chips y, en algunos casos, su fuente de energía independiente, pueden financiarse mediante capas de deuda distintas.
A estos compromisos se añaden obligaciones que, sin ser deuda pura, se asemejan mucho a ella. Los cinco mayores proveedores de servicios en la nube registran pasivos por arrendamientos que superan los US$250 000 millones, según CreditSights. Además, han suscrito contratos de arrendamiento por otros US$1,2 billones que aún no han comenzado. Asimismo, existen compromisos de compra de productos a proveedores por un valor adicional de US$1,5 billones.
Una última capa de complejidad proviene de las garantías que ofrecen empresas con balances robustos dentro del ecosistema de IA para respaldar la deuda de otras compañías. Nvidia ha sido particularmente activa, comprometiéndose a cubrir hasta US$300 000 millones de deuda vinculada a la adquisición de sus chips en caso de que los clientes incumplan. Alphabet y Broadcom, que fabrican chips a medida para proveedores de nube y desarrolladores de modelos, también han ofrecido garantías a ciertos clientes. Estos acuerdos dificultan aún más que los inversores identifiquen con precisión los focos de riesgo y la posible magnitud de pérdidas.
A cada cual, su crédito
¿Quién está expuesto? La respuesta breve es: todos. Las instituciones financieras de todo tipo poseen alguna exposición a la deuda vinculada a la IA, en parte porque la oferta es abundante. Los grandes gestores de activos han sido los compradores predominantes. Por ejemplo, Pimco, uno de los mayores gestores de bonos a nivel mundial, adquirió US$18 000 millones de la emisión total de US$27 000 millones destinada al complejo de centros de datos Hyperion de Meta, en Luisiana. Posteriormente, se vendieron tramos de esa emisión a inversores institucionales, como fondos de pensiones y compañías de seguros.
Los prestamistas privados, entre ellos Apollo y Blackstone, están impulsando muchos de los acuerdos más ingeniosos. En ocasiones, los préstamos se sindican y se distribuyen entre inversores institucionales, incluidas aseguradoras vinculadas a los propios proveedores de crédito privado: según se informó, una parte sustancial de la deuda que Apollo concedió a Broadcom en junio terminó en los libros de Athena, la división de seguros de Apollo. Los fondos de cobertura también se han volcado al mercado de deuda asociada a la IA, mostrando especial interés en las neonubes.
A pesar de las recientes turbulencias del mercado, los inversores en general no han entrado en pánico ante esta ola de endeudamiento. Sólo alrededor del 15 % del valor de los bonos vinculados a la IA emitidos este año cuenta con una calificación especulativa. Y aunque la variedad de garantías vigentes complica el análisis del volumen total de deuda de la IA, los balances con abundante liquidez de empresas como Nvidia podrían amortiguar cualquier impacto. El 15 de octubre, Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, defendió las perspectivas de CoreWeave, cuya deuda está parcialmente garantizada por su empresa, y sostuvo que su «costo de capital en realidad está disminuyendo» con el tiempo.
No obstante, persisten riesgos en el horizonte. Uno de ellos es el alza de los costos de endeudamiento. Los conflictos en el Golfo, la inflación persistente y la preocupación por el aumento de la deuda pública han provocado un rápido incremento de los rendimientos de los bonos soberanos en los últimos meses, elevando a su vez las tasas de interés para los prestatarios corporativos. La magnitud de la deuda emitida para sustentar el auge de la IA también ha contribuido a ese repunte. Para los hiperescaladores con amplios recursos financieros, esto supone una presión adicional; para prestatarios más vulnerables, como CoreWeave —cuyo gasto en intereses ya absorbe una cuarta parte de sus ingresos anuales—, podría resultar fatal.
El riesgo más grave sería una desaceleración de la demanda de IA. Datos de Ramp, proveedor de tarjetas de crédito corporativas, indican que el gasto en IA entre sus clientes se ha mantenido estable desde julio, mientras las empresas intentan contener costos descontrolados. Una ralentización del crecimiento podría llevar a que Anthropic u OpenAI pospongan indefinidamente sus esperadas salidas a bolsa, lo que podría inducir a los inversores a replantearse su exposición al sector. Cuanto mayor sea la torre de deuda vinculada a la IA, más vulnerable será y más severas podrían resultar las consecuencias.
Fuente: Ambito.com





