Tecnología

Alerta incisiva de un especialista en IA sobre la ‘colonia digital’ y sus implicaciones para las propuestas de Javier Milei

Argentina corre el peligro de transformarse en una “colonia digital” si no logra crear capacidades autónomas para diseñar, regular y mantener la infraestructura requerida por la inteligencia artificial. Esa alerta la emitió Mark Esposito, catedrático de Política Tecnológica en Northeastern University, asociado del Berkman Klein Center de Harvard y economista jefe de micro1, durante su ponencia en el 62° Coloquio de IDEA.

El planteamiento del especialista reviste gran importancia, pues ataca directamente el eje de la estrategia tecnológica que Javier Milei pretende proyectar: posicionar a Argentina como un polo atractivo para centros de datos, compañías de IA y capitales de Silicon Valley, gracias a su energía, recursos naturales, regulación ligera y ventajas fiscales. En su intervención ante la Asamblea General de la ONU la semana pasada, el presidente declaró que el país aspira a estar “a la vanguardia de la libertad” en materia de IA, comprometiéndose a “no regular de forma preventiva”, a ofrecer responsabilidad limitada a las empresas que operen con agentes de IA y a conceder incentivos fiscales.

El debate ya no se reduce a captar anuncios. Esposito centró la atención en una cuestión preliminar: ¿dispone la nación de energía, redes, centros de datos, agua, minerales, talento y normativas suficientes para convertir esos proyectos en desarrollo interno y no en una nueva dependencia tecnológica?

Energía antes, datos después, IA al final

La idea central de Esposito fue inequívoca: “Energía antes, datos después, IA al final”. En el marco del Coloquio de IDEA, cuya cobertura especial realiza Ámbito, el experto sostuvo que invertir el orden deja a los países con grandes anuncios, pero con escasas posibilidades de materializarlos. “No se trata solo de la voluntad política de contar con centros de datos. ¿Contamos con la infraestructura necesaria para esos centros?” preguntó a los empresarios reunidos en Mar del Plata.

Esta advertencia reviste especial relevancia para Argentina, ya que los centros de datos no constituyen una industria ligera; demandan suministro energético estable, redes de transmisión, disponibilidad hídrica para refrigeración, conectividad, marcos regulatorios de datos y comunidades preparadas para acoger instalaciones de gran escala.

Esposito describió como “colonias digitales” a aquellos países que no logran simultáneamente gestionar la transición energética, tecnológica y geopolítica. En otras palabras, naciones que no desarrollan infraestructura propia, temen abrir y usar sus datos, adoptan tecnologías foráneas y pierden la capacidad de decidir las condiciones de su inserción en la nueva economía digital.

El conflicto con el proyecto de Milei

El diagnóstico se presenta cuando Milei está construyendo una narrativa de oportunidad en torno a la inteligencia artificial. En la ONU, el presidente sostuvo que Argentina posee minerales críticos, energía, talento y capacidad para competir en cada eslabón de la cadena de valor de la IA, y que aspira a ser “el lugar más competitivo del mundo” para su desarrollo.

Ese discurso se sustenta en varias iniciativas. Una de ellas fue la presentación del Plan Nuclear Argentino, anunciado por el Gobierno como una vía para edificar nuevos reactores y atraer inversiones vinculadas a la IA. Milei había afirmado que el país cuenta con “energía abundante, tierras frías e inhóspitas de sobra y capital humano de calidad” para captar inversiones de alto nivel en IA.

Otro elemento es el Súper RIGI, el régimen de incentivos para nuevas industrias que obtuvo una sanción parcial en Diputados. El proyecto contempla inversiones superiores a US$1.000 millones y brinda beneficios fiscales, aduaneros, cambiarios y regulatorios por 30 años. Entre las áreas beneficiadas se incluyen inteligencia artificial, centros de datos, semiconductores, hidrógeno verde, baterías de litio, vehículos eléctricos, biotecnología y reactores nucleares modulares.

Stargate Argentina, el espejo gigante

Uno de los casos más llamativos de esa apuesta —aunque aún distante de su concreción— es Stargate Argentina. OpenAI y Sur Energy firmaron una carta de intención para erigir un centro de datos de gran envergadura en la Patagonia, dedicado a la inteligencia artificial. El proyecto prevé una capacidad de 500 MW alimentada con energía renovable y una inversión estimada entre US$20.000 y US$25.000 millones.

OpenAI presentó la iniciativa como el primer Stargate de América Latina y aseguró que Sur Energy liderará los componentes energéticos e infraestructurales. La compañía también indicó que mantiene conversaciones con el Gobierno argentino para explorar oportunidades de adopción de IA, incluso en el sector público.

La lectura de Esposito no niega la oportunidad, pero la condiciona. Según el experto, Argentina parte de una base creíble: capital humano, recursos minerales, energía disponible y una sociedad con alta adopción digital. El reto radica en la forma en que se empleen esos recursos. Un país puede limitarse a extraer minerales y ofrecer energía barata, o bien transformar esos activos en poder de negociación dentro de la cadena global de la inteligencia artificial.

Musk, Thiel y el vínculo con Silicon Valley

La apuesta oficial también se refleja en los lazos políticos con empresarios tecnológicos. Milei se reunió con Elon Musk en Nueva York en septiembre de 2024, donde conversaron sobre el RIGI, la Ley Bases, la desregulación y el proceso económico argentino. Posteriormente se dieron otros encuentros.

Otro nombre clave es Peter Thiel, fundador de PayPal y Palantir. Milei lo recibió en la Casa Rosada en abril de 2026 junto al canciller Pablo Quirno, en una reunión a la que también asistieron Matt Danzeisen, de Thiel Capital LLC, y Matías Van Thienen, socio de Founders Fund.

La presencia de Thiel en Argentina coincidió con la definición del Súper RIGI. En esos días, el magnate adquirió una lujosa mansión en el barrio de Belgrano.

La crítica del New York Times

El debate también tomó una dimensión internacional. The New York Times sostuvo que Milei promociona a Argentina como un “refugio sin reglas” para la inteligencia artificial, aun cuando otros líderes buscan regular una tecnología que genera controversias por sus riesgos.

El artículo citó el caso de Lucía Libertaria, una influencer creada con IA que fue inicialmente tomada por real por Santiago Oría, cineasta personal y estratega de medios del presidente. Según la reconstrucción del medio estadounidense, Oría describió el episodio como “inofensivo” y no vio nada negativo, postura que el diario vinculó al enfoque más amplio de no intervención gubernamental frente a la IA.

Esa crítica dialoga con la advertencia de Esposito desde otro ángulo. Para el especialista, la IA no se resuelve con la fascinación por los modelos más novedosos ni con una apertura ilimitada a las grandes tecnológicas. Su recomendación a los empresarios fue enfocarse en la adopción real, la penetración y la expansión horizontal de la tecnología en operaciones, proveedores y cadenas productivas.

El reto de no quedar como mero usuario

Esposito dejó una hoja de ruta a corto plazo: definir normas, decidir el papel que desea desempeñar el país, lanzar proyectos piloto, experimentar, errar, recopilar datos, construir redes e institucionalizar lo que resulte efectivo. Además, marcó un horizonte político de 24 meses.

La diferencia entre oportunidad y dependencia puede radicar en ese punto. Argentina dispone de energía, minerales, talento, recursos naturales y una ubicación que atrae a empresas globales. Sin embargo, la advertencia de “colonia digital” indica que esos activos, por sí solos, no garantizan soberanía tecnológica, empleo calificado ni desarrollo industrial.

En el nuevo mapa de la inteligencia artificial, los centros de datos requieren energía, agua, chips, minerales, conectividad, marcos de datos y licencia social. La interrogante que planteó Esposito es si Argentina negociará a partir de esos recursos o si se limitará a cederlos para que otros construyan, procesen y tomen decisiones desde el exterior.

Fuente: Ambito.com

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