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Marcel Proust en la era de la distracción

Cuando le otorgaron el Premio Nobel de Literatura a Patrick Modiano, en 2014, Peter Englund, entonces secretario permanente de la Academia Sueca,lo llamó “el Marcel Proust de nuestro tiempo”. La motivación oficial del premio hablaba del “arte de la memoria” con el que Modiano había evocado destinos humanos difíciles de aprehende,pero dejaba una ironía al descubierto: Proust,el escritor al que se invocaba para cronometrar a otros escritores,de ningún modo recibió el Nobel. En esos primeros primaveras,el premio podía recaer en nombres hoy olvidados,como José Echegaray, distinguido en 1904 contiguo con Frédéric Mistral. En 1922,año de la homicidio de Proust, fue para Jacinto Benavente.

La historia,y no los galardón,se encargan de poner las cosas en su división.Por eso,la pregunta hoy no es si Proust fue más alto que sus contemporáneos premiados sino qué puede afirmar Proust todavía en una época que conserva más archivos que ninguna,y lee menos humanidades que casi todas las anteriores.

Nacido hace exactamente 155 primaveras en París,el 10 de julio de 1871,la remisión habitual a Proust es la memoria.La desconsolada,el sabor que devuelve la infancia.Ese camino está desgastado.La decorado más famosa de la humanidades moderna terminó convertida en un cliché cultural.Lo más interesante de Proust hoy no es que haya escrito sobre la memoria,sino que mostró que la memoria nunca llega intacta.Recordar es corregir,deformar,pretender,operaciones que lo ligan tanto a Borges como a Freud.

Hasta la desconsolada fue una construcción.En sus borradores,el disparador de la memoria no nació como desconsolada: ayer fue pan duro,luego tostada,luego otra forma de brioche,hasta salir al emblema definitivo.La decorado que durante décadas se leyó como asombro de la memoria involuntaria fue incluso una valor técnica. Proust editó el pasado con fines literarios.

Ahí aparece su ahora más concreta.Vivimos rodeados de memoria tercerizada.Selfies,audios,chats,videos,historiales de búsqueda,nubes,carpetas,etiquetas.Nunca se registró tanto.Nunca fue tan posible confundir almacenamiento con experiencia.Un teléfono puede achivar la infancia de un hijo en miles de imágenes,y ahora modificadas por IA,pero no puede osar cuál de esas imágenes será verdadera internamente de treinta primaveras.El archivo conserva; la conciencia organiza. Proust escribió,ayer de la era digital,contra esa ilusión.

La Biblioteca Nacional de Francia conserva el gran fondo proustiano porque Proust guardó sus manuscritos; luego de su homicidio,pasaron a su hermano Robert, luego a Suzy Mante-Proust, hasta ingresar en la institución en 1962.Gallica,la biblioteca digital de la BNF,permite consultar gratis libros,prensa,manuscritos,imágenes,mapas y documentos sonoros.El autor que exige una de las lecturas más lentas de la humanidades moderna,a través de los siete tomos de “En busca del tiempo perdido”, está hoy apto con la velocidad del archivo digital.

La civilización digital resolvió el camino y agravó la atención. Proust está más cerca que nunca,pero incluso más allí.Se lo puede descender,apañarse,citar,pero leerlo sigue exigiendo poco que ninguna servicio de streaming puede producir por sí misma,la paz y disposición interiores.

Los datos no autorizan el lamento posible de que “ya nadie lee”. Se lee todo el tiempo: mensajes,posteos,subtítulos,titulares,pantallas.Lo que retrocede es la leída larga,literaria,sostenida.En Estados Unidos,la National Endowment for the Arts registró que en 2022 el 48,5% de los adultos había sabio al menos un volumen en el extremo año,contra 54,6% diez primaveras ayer; la leída de novelas o cuentos cayó al 37,6%, el nivel más bajo de la serie.En la Argentina,la Encuesta Nacional de Consumos Culturales 2022 (ya no se hacen desde entonces) encontró que la centro de la población leyó al menos un volumen en papel o digital durante el extremo año,con predominio del papel y con el celular como principal dispositivo de leída digital entre quienes leen en ese formato.

Proust fue siempre minoritario. “En busca…” completa nunca fue leída masiva.La diferencia es que ayer la civilización literaria conservaba una ficción de centralidad: aunque pocos lo leyeran inalterable,todos aceptaban que allí había poco importante.Hoy esa ficción se derrumbó.El maestro de Proust existe,pero ya no representa una aspiración común.Es un “lector de culto”.

Eso no vuelve a Proust un escritor muerto.Al contrario: lo vuelve un informante contra el presente.Una novelística que exige tranquilidad funciona como una réplica ejercicio contra una época organizada cerca de de la interrupción,de las pausas publicitarias.Hasta en el Mundial tenemos ahora “pausa de hidratación” para que consumamos más aviso comercial.

Degradación antisemita de Alfred Dreyfus.Marcel Proust fue uno de los primeros escritores en tomar partido por el marcial francés injustamente pronunciado.

El Proust político

También conviene rescatar al Proust político,enterrado bajo el Proust el de la sensibilidad.El caso Dreyfus fue una abertura en la Francia de sus tiempos: antisemitismo,Ejército,prensa,honradez,nacionalismo,Iglesia,opinión pública.El Museo del Holocausto de Estados Unidos recuerda que el sensatez y encarcelamiento de Dreyfus, contiguo con las manifestaciones públicas de antisemitismo en Francia,influyeron en Theodor Herzl y en la formulación temprana del sionismo político.

Pese a que sólo Émile Zola se asocia al combate en esta causa,por su notorio “Yo acuso”, Proust fue uno de sus tempranos defensores.Fue uno de los primeros creyentes en la inocencia del capitán cicatero ovejero alemán y logró conseguir el apoyo de Anatole France a la causa de Dreyfus. Ese cifra importa porque modifica la leída del mundo proustiano. Proust no fue al punto que el cronista de salones,duquesas y frases mundanas.

Swann no es sólo un enamorado ridículo de Odette.También es un cicatero aceptado,admirado y al mismo tiempo afectado por una aristocracia que lo incorpora sin absolverlo.Los Guermantes son una maquinaria social.

Ese Proust político conversa mejor con nuestra época que el Proust vistoso.Una sociedad digital incluso convierte a las personas en signos rápidos.El antisemitismo de salón no es idéntico al ejecución en una servicio de streaming,pero entreambos reduccn una vida a una marca. Proust entendió cómo el convencionalismo podía circular bajo formas civilizadas,a través de sutilezas como una frase dicha en una cena,un cambio de tono.

Alain Delon como el barón de Charlus en “Un amor de Swann”, de Volker Schlöndorff

Proust y el cine

El cine se acercó a Proust con una mezcla de afán y derrota.La Harvard Film Archive reunió algunas de esas tentativas bajo la idea de un “cine proustiano”: “Un amor de Swann”, de Volker Schlöndorff; “El tiempo recobrado”, de Raoul Ruiz; “La cautiva”, de Chantal Akerman. Todas son aproximaciones parciales,tal como ocurre con las novelas infilmables.

La traducción de Ruiz, “El tiempo recobrado”, de 1999 (proyectada en el Festival de Mar del Plata), tiene defensores respetables,aunque falta por exceso de confianza en su propia inteligencia visual. Ruiz entiende que la memoria proustiana no es rectilíneo,pero demasiadas veces traduce esa complejidad en puesta en decorado.

Más revelador es el Proust que Visconti siempre quiso pero nunca pudo filmó. Visconti era el candidato natural: aristocracia,decadencia,belleza. “El Gatopardo” y “Muerte en Venecia” ya son,a su modo,películas proustianas.En agosto de 1970,al terminar el rodaje de “Muerte en Venecia”, Visconti almorzó con Dirk Bogarde y le habló de su remoto deseo de filmar “En busca del tiempo perdido”.

El plan era desmesurado: guion de 363 páginas,locaciones en Francia y Venecia,cuatro horas de duración, Silvana Mangano como Oriane de Guermantes, Alain Delon como Marcel, Charlotte Rampling como Albertine, Brando considerado para Charlus,aunque los productores preferían a Laurence Olivier. Cuando le pidieron más tiempo para financiar afín empresa, Visconti se ofendió y se fue a preparar “Ludwig”.

Eso incluso es proustiano.La obra que convirtió la memoria en forma literaria terminó en el cine como archivo de proyectos inconclusos,cartas,contratos,resentimientos y versiones espanto. Visconti no filmó a Proust; quizá por eso su Proust sigue pareciendo más poderoso que muchas adaptaciones existentes.El film no realizado conserva una delantera: todavía podemos imaginarlo.

Proust no pertenece al museo sino a la discusión sobre el presente.El archivo digital puede conservarlo y ponerlo al importancia de cualquiera.El cine puede rodearlo con imágenes.La institución puede clasificar sus manuscritos.Los aniversarios pueden recordarlo cada 10 de julio.Pero Proust empieza de verdad cuando algún se sienta a leerlo sin apuro.

Fuente: Ambito.com

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