A velocidad extrema y con 2.700 °C: así amerizó Artemis II en el Pacífico tras su viaje a la Luna

La representación Artemis II terminó con éxito este viernes, cuando la cápsula Orión amerizó de forma segura en el océano Pacífico y completó así el primer viaje tripulado aproximadamente de la Luna en más de medio siglo. Pero antaño de tocar el agua, la tripulación tuvo que atravesar la instancia más crítica de toda la representación: el regreso a la Tierra.
Ese tramo final concentraba los mayores riesgos del revoloteo. La nave debía ingresar a la ámbito con un ángulo extremadamente preciso, soportar una fricción capaz de elevar la temperatura externa hasta unos 2.700 °C y resistir un período de incomunicación provocado por el plasma generado aproximadamente de la cápsula durante la reentrada.
Según el detalle difundido sobre la maniobra, todo comenzó cuando Orión se desacopló del módulo europeo de servicio para dejar expuesto su escudo térmico. Desde ese momento, la nave inició el descenso con destino a la ámbito terráqueo a una velocidad superior a los 40.000 kilómetros por hora, en una secuencia que exigía máxima precisión: si el ingreso era demasiado pronunciado, la carga térmica y estructural podía resultar devastadora; si era demasiado bajo, la cápsula corría el peligro de rebotar sobre la ámbito y perderse en el espacio.
Calor extremo y seis minutos sin contacto
Superado ese punto, comenzó la grado más temida. Durante varios minutos, la cápsula quedó envuelta en una burbuja de plasma incandescente generada por la fricción y la compresión del distinción, un engendro que bloqueó por completo las comunicaciones con la Tierra. La NASA describía ese tiempo como un “apagón planificado” de seis minutos, durante el cual la tripulación debía amoldarse a monitorear sistemas y esperar que la secuencia siguiera según lo previsto.
En ese pasaje, el escudo térmico fue la habitación esencia: la protección de la cápsula estaba compuesta por una estructura de titanio recubierta con 186 bloques de Avcoat, un material ablativo diseñado para disipar calor a medida que se degrada de forma controlada. La atención sobre ese componente era particular, ya que en Artemis I la NASA había detectado desprendimientos de material durante el reingreso de la nave no tripulada en 2022, lo que obligó a revisar el perfil de descenso para esta representación.
Amerizaje exitoso.
Los cuatro astronautas –Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen– atravesaron ese momento encerrados adentro de una cápsula convertida, en los hechos, en una engaño de fuego. Desde la propia tripulación habían admitido antaño del regreso que esa etapa era una de las más exigentes de toda la experiencia espacial.
El papel cardinal de los paracaídas
Una vez atravesada la zona más caliente del descenso, la cápsula comenzó a desacelerarse de forma pronunciada. Según el detalle técnico difundido, a unos 8.077 metros sobre el océano la velocidad ya se había limitado a unos 523 km/h, lo que permitió activar el sistema secuencial de paracaídas. Primero se desplegaron los paracaídas piloto y luego los de frenado; más debajo, entraron en entusiasmo los tres paracaídas principales, encargados de disminuir la velocidad a un rango compatible con un amerizaje controlado.
Ese momento igualmente implicaba riesgos. La cápsula podía caer en distintas posiciones al tocar el agua, por lo que estaba equipada con sistemas de flotación y estabilización. Para la NASA, los hitos centrales del final de la representación eran tres: comprobar que los tres paracaídas principales se hubieran extenso correctamente, corroborar que la nave fuera segura para aproximarse y confirmar que la escotilla pudiera relacionarse sin inconvenientes.
Welcome home Reid, Victor, Christina, and Jeremy!
The Artemis II astronauts have splashed down at 8:07pm ET (0007 UTC April 11), bringing their historic 10-day mission around the Moon to an end. pic.twitter.com/1yjAgHEOYl
Finalmente, a las 21:07 (hora argentina), Artemis II amerizó con éxito en el Pacífico, frente a la costa de San Diego, y dio paso al operante de recuperación coordinado por la NASA anejo con fuerzas militares estadounidenses. Tras tocar el agua, la cápsula fue asistida por embarcaciones, helicópteros, buzos y personal especializado, mientras la tripulación era preparada para su evaluación médica a borde del USS John P. Murtha.





