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El cine y las experiencias bélicas: un curioso caso cubano

Dentro de pocos años, si las cosas marchan como Donald Trump quiere, veremos películas donde valientes y atléticos héroes norteamericanos conducen algún pueblo del Tercer Mundo hacia el triunfo contra los regímenes tiránicos, tipo Rambo y los talibanes contra el gobierno filocomunista de Afganistán. Así le fue después a Norteamérica con los talibanes.

Ya hubo películas similares, con resultados también similares en la vida real. Por ejemplo, “Cuban Rebel Girls”, 1959, escrita y producida por Errol Flynn y coprotagonizada por su novia de ese momento, la adolescente Beverly Aadland. En ese entonces, cuando enfrentaba al dictador Fulgencio Batista, Fidel Castro decía luchar por la democracia, las elecciones libres y la libertad de prensa, y aseguraba que no le interesaba quedarse en el poder. Apenas pudiera iba a retirarse a una vida tranquila y apolítica. Ante tales declaraciones, todo el mundo simpatizaba entonces con Fidel Castro y sus barbudos de Sierra Maestra, sin percibir que su campaña publicitaria ninguneaba a los demás grupos de luchadores, como los del Segundo Frente de Escambray, que se afeitaban e iban a misa. Ya hablaremos de eso.

Errol Flynn, el galán aventurero de “Robin Hood”, “Capitán Blood”, “Murieron con las botas puestas”, “Contra todas las banderas” y tantas otras películas de vibrante repercusión, admiraba a ese Fidel Castro. Le dedicó una serie de notas en el “New York Journal American”, y produjo en forma independiente la antedicha “Cuban Rebel Girls”, que se filmó en 1958, durante los últimos combates, y donde él mismo aparece como un reportero entrevistando a Fidel Castro, y la chiquita Beverly interpreta a una joven norteamericana que se involucra en la lucha transportando desde Florida un cargamento de armas para los rebeldes.

Impresionante, en los títulos aparece un entusiasta agradecimiento “al Nuevo Ejército de Cuba”, y la escena final contiene todo un alegato para que los jóvenes idealistas se decidan a luchar contra las demás tiranías de Latinoamérica.

Flynn no alcanzó a ver cómo Castro se iba sacando la máscara. Murió en octubre de 1959, no por una bala en combate sino por causa del hígado graso. A su lado estaba Beverly Aadland, de apenas 17 años (tenía 15 cuando empezó la relación, estilo Pedro Infante). La película se estrenó en Navidad de ese año, sin mayor éxito. En Navidad la gente prefiere ver a otra clase de barbudo, y además el director contratado, Barry Mahon, era bastante malo.

Acá viene la otra realidad. En 1957 un joven exmarine, católico y republicano, William Morgan, conoció en Florida a unos cubanos que desde el exilio luchaban contra Batista. Ellos lo orientaron hacia el Segundo Frente Nacional del Escambray. Ahí fue, y durante buen tiempo formó a muchos combatientes, enseñándoles el uso de explosivos y la lucha cuerpo a cuerpo que había aprendido en el Army. Con ellos triunfó en varios encuentros y participó en la marcha triunfal del 1° de enero de 1959, cuando los diversos grupos entraron unidos a La Habana.

Morgan no aceptó cargos políticos del nuevo gobierno. Se mantuvo a un costado, formó familia con una guerrillera cubana, Olga Rodríguez Farinas, y tuvieron dos hijos. Todo parecía hermoso. Poco después, sabiendo que era norteamericano, lo tentó el dictador dominicano Rafael Trujillo para colaborar en una invasión contrarrevolucionaria, pero él en ese momento se mantuvo fiel a la Revolución Cubana, haciendo fracasar la intentona. Por ese motivo Castro lo llenó de elogios, lo nombró comandante y aseveró “Morgan es cubano, no es americano”. Enterado de esto, el gobierno de EEUU le quitó la nacionalidad.

Había entonces tres comandantes extranjeros: el Che Guevara, el español Eloy Gutiérrez Menoyo, hijo de un médico republicano, y Morgan. La historia se complica, hubo idas y vueltas, incluso se habla de intentos de sublevación y atentados por parte de combatientes revolucionarios decepcionados y agricultores. Crítico acerbo de los métodos castristas, Menoyo terminó pasando 22 años en la cárcel, por “antirrevolucionario”. La condena era de 50, pero intercedió el gobierno español. Morgan no tuvo esa suerte. En un juicio de apenas un día lo acusaron de “agente de la CIA” y a los dos días, el 11 de marzo de 1961, lo fusilaron junto a Jesús Carreras Zayas, otro comandante que tampoco quiso transitar el famoso “camino al comunismo”.

Lo último que alcanzó a decirle a su esposa, y lo dijo en voz baja, fue “Fúgate”. Como no quiso arrodillarse, primero le dispararon a las piernas. Ella fue condenada a 12 años de prisión, por “cómplice”. Cuando al fin en 1980 ocurrió el fenómeno de los “marielitos”, donde unos 125.000 cubanos aprovecharon para irse aunque sea en balsas improvisadas, Olga y sus hijos salieron de la isla. Allí los esperaba la madre de Morgan. Ahora vive en Ohio, desde donde sigue reclamando la entrega del cuerpo de su marido.

Sobre estos asuntos se han hecho libros y documentales. En 2020 George Clooney estuvo a punto de producir una película protagonizada por Adam Driver y dirigida por Jeff Nichols, “Yankee Comandante”, pero lo detuvo la llegada del Covid. El peligro de la enfermedad siguió hasta 2021, y el proyecto se fue diluyendo. Quizás hubiera sido una buena película. El guión de David Grann (autor de un libro sobre Morgan y coguionista de “Los asesinos de la luna”, de Martin Scorsese) no daba ilusiones falsas.

Fuente: Ambito.com

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