«Las cosas maravillosas» va por su cuarto año en el Multiteatro

“El público sale de la función con una sensación positiva, con un optimismo tierno y sensible. Es un tema que hoy nos toca muy de cerca”, dice Sofi Morandi en torno a “Las cosas maravillosas”, que se presenta en el Multiteatro los lunes, viernes y sábados.
La obra se estrenó en 2022 con Peter Lanzani como narrador de la primera versión argentina bajo la dirección de Dalia Elnecavé. Rápidamente se agotaron todas las entradas y así continuó con las versiones de Lali González, Franco Masini, Andy Kusnetzoff, Cande Vetrano, Victorio D’Alessandro, Florencia Otero, Natalie Pérez , Fer Dente, Juan Pablo Geretto y ahora Morandi, con quien conversamos. La dirección de Mey Scápola.
Periodista: ¿Cómo encarás “Las cosas maravillosas”, esa obra tan dura y luminosa a la vez que deja ver criaturas atravesadas por un mundo que les duele?
Sofi Morandi: Es una obra que te incita a estar 100% en el momento abierta a ver qué es lo que el público te propone porque hay una interacción con la gente que cuando vengan a verla por primera vez se van a dar cuenta y van a entrar en ese código enseguida. La obra cuenta la historia de una chica que escribe una lista de cosas maravillosas a sus 7 años. Las cosas maravillosas que hay en el mundo según ella a sus 7 años y es una lista que es un regalo para la mamá que tiene depresión. Y si bien es una obra que toca temas como salud mental y depresión, no va al golpe bajo, sino que tiene una mirada bastante luminosa de la vida y salís de la función y del teatro con una sensación positiva, con un optimismo tierno y sensible. La obra la hago desde un lugar de respeto porque es un tema que hoy nos toca muy de cerca. Todos tenemos algún familiar o amigo que ha pasado por algo así. Pero siento que está bueno rescatar que hay momentos de ternura, hay momentos hasta de humor o comedia, hay momentos de música. La obra tiene esas cosas, tiene altibajos y vuelve a remontar con una anécdota linda, y en el medio de todo esto el público es parte y me ayuda a narrar la obra, por eso siento que no estoy sola. Se genera algo colectivo; durante una hora estamos todos ahí en ese mundo que construye esta protagonista.
P.: Por qué crees que agotan entradas obras que golpean con cuestiones como la depresión, el trastorno de ansiedad, el suicidio, las drogas y la rehabilitación, a la vez buscan dejar un mensaje esperanzador?
S.M.: Estas obras generan identificación, nos pasa a todos hoy en día y lidiamos con eso. Creo que estamos viviendo un mundo de mucha exigencia en el que uno tiene que estar a la par, no perderse nada, rendir todo el tiempo. El que el que frena pierde y para eso está el teatro para poder ver a alguien que diga, «Che, yo no puedo con esto. Yo caí acá o yo sufro de tal cosa. Hay veces que no podemos con todo.» Eso genera una complicidad con el público que es como un momento de descanso, decir, «Ah, okay, no soy la única que vive esto”. Se puede ver reflejado en una actriz como Flor Otero que encarnó de manera increíble un personaje así en en “Personas, lugares y cosas” ayuda a entender, porque por más que no le haya pasado al espectador todos tenemos un amigo o familiar que lo pasó o lo padece. El teatro es maravilloso cuando genera eso. Y más en Latinoamérica que son temas que están totalmente ahí, a flor de piel.
P.: ¿Cómo te manejás en “Las cosas maravillosas” donde no hay escenografía, sólo objetos específicos y se apela a la participación de los espectadores?
S.M.: Al principio era una de las cosas que pensaba, «Ay, no puedo creer que acepté esta propuesta donde voy a estar sola arriba del escenario.» Después, a medida que pasaron los ensayos, me fui desenvolviendo más en el escenario y, obviamente, no se ve textualmente pero hay toda una coreografía que está dirigida por la directora Mercedes Scápola. También me fui dando cuenta en la interacción con el público, que no estoy sola y que todo eso se va haciendo en conjunto. Eso no me hace sentir como que estoy sin recursos. Hay de todo para hacer desde la música, los objetos, los papeles, la lista, el piano; hay un montón de cosas que me ayudan a contar la historia que está buenísimo y capaz de lejos dice, «Uy, pobre, está solita” pero se genera algo colectivo que no me hace sentir sola.
P.: En estas obras de McMillan se vislumbran madres frágiles y a la vez queda en evidencia que hay revancha cuando logran, por fin, sobreponerse al dolor. ¿Cómo lo ves?
S.M.: La obra insiste en seguir para adelante, no de una manera ingenua, sino francamente seguir para adelante. Hay una frase que me gusta mucho cuando ella se da cuenta cuánto cambió la lista su forma de ver las cosas y creo que va por ahí. Como quizás a veces uno no puede ayudar a la otra persona o hace todo para ayudar y habla y las cosas no salen como uno espera. Al fin y al cabo uno solo nunca se puede salvar. Y eso es tierno. Que solo no se salva nadie y que en algún momento las cosas mejoran. Se hablan temas que hoy (a veces) son tabú. Poner estos temas con amigos o familia te salva muchas veces.





