Javier Milei y los gobernadores ratificaron su luna de miel con una holgada victoria legislativa

Habían pasado apenas minutos de las 14 del jueves 19 de febrero cuando la foto empezó a tomar forma. Diputados que responden a los oficialismos de Misiones, Salta, Catamarca, Tucumán y Santa Cruz ocupaban sus bancas. La Casa Rosada celebró. Fue la piedra angular de una noche victoriosa para Javier Milei, que tuvo a los gobernadores como actores centrales. Por control remoto, los caciques comandaron los votos que terminaron apuntalando la reforma laboral.
En poco menos de dos años y monedas de gestión, el Presidente quedó al borde de tener una ley que da vuelta de cuajo al país, al menos en materia de trabajo. Lo hizo sin mayoría en las cámaras y con ninguna provincia en su poder. Desde la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) hasta la derogación del estatuto del periodista, desde la ampliación de la jornada laboral para trabajadoras de casas particulares hasta la instauración del banco de horas, La Libertad Avanza (LLA) ganó por amplio margen todas y cada una de las votaciones.
Nada de eso hubiera sido posible sin la participación directa de mandatarios subnacionales que reportan a distintas escuderías: provincialistas, radicales, PRO y hasta peronistas. Todos ellos prestaron, a través de sus alfiles legislativos, manos para el desenlace.
Ante la inminencia del triunfo, Karina Milei, Manuel Adorni y Diego Santilli, entre otros funcionarios, se acomodaron en el palco para contemplar el artefacto que crearon, o que al menos fogonearon: un Congreso atomizado, sin conducciones claras en la oposición, con el justicialismo fracturado y los partidos distritales atados a la administración central.
En algunos casos, el apoyo de los caciques fue explícito. Por ejemplo, los siete diputados del bloque Innovación Federal, integrado por alfiles del salteño Gustavo Sáenz y del misionero Hugo Passalacqua, votaron a favor del proyecto. Lo propio hicieron Elía Fernández de Mansilla y Gladys Medina, de Independencia, la bancada del tucumano Osvaldo Jaldo. El tercero de ese entente, Javier Noguera, se ausentó comenzado el debate, pero ya había jugado su partido al sentarse para dar quórum.
Su situación es particular. El año pasado, el peronismo selló la unidad en Tucumán y se encolumnó detrás de Jaldo. Noguera llegó a la lista amparado por el kirchnerismo, sin reportar al gobernador. Sin embargo, una vez que asumió su escaño, sorprendió al dar el salto de Unión por la Patria hacia el espacio que lidera el norteño.
Dentro de la órbita PJ, el peronista Raúl Jalil también auxilió a Nación, ordenando que sus tres espadas en Diputados, todas de Elijo Catamarca, ocupen sus bancas para iniciar el debate. Luego, se opusieron al texto, pero el resultado ya estaba sentenciado. En La Neuquinidad, monobloque que responde al provincialista Rolando Figueroa. Karina Maureira aportó su luz verde y ratificó la alianza de Neuquén con la Casa Rosada. Un día antes, Figueroa había suscripto con el ministro de Economía, Luis Caputo, la incorporación de las inversiones vinculadas al upstream de gas y petróleo al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).
NEUQUÉN PAÍS
Fruto del trabajo realizado con el ministro de Economía, @LuisCaputoAR, hemos logrado dar otro paso fundamental en la consolidación de la industria hidrocarburífera y la aceleración de las inversiones en nuestra provincia.
El RIGI aplicable a la producción… pic.twitter.com/E5nDRhmE29
Una vez más, el pelotón de peronistas díscolos y provincialistas ofició como aliado del mileismo y aisló a la tropa de Germán Martínez, que chocó repetidamente contra la negativa del correntino Lisandro Almirón (LLA) para introducir cambios en el articulado final, una suerte de premio consuelo esquivo, que al menos le alcanzó para explicitar aún más su posición.
Por su parte, el santacruceño Claudio Vidal acaparó las luces de escena. El rol que cumpliría en este debate sería observado con atención, ya que Vidal viene del gremialismo, el sector que mayor oposición planteó contra la reforma laboral. De hecho, sus dos senadores habían sufragado en contra la semana pasada. Sin embargo, no hubo continuidad. José Garrido, su único representante en Diputados, fue quien definió que haya quorum y luego apuntaló la iniciativa con su voto.
El patagónico integra Provincias Unidas (PU), escudería que intentó volar por debajo de los radares, con algunas ausencias sugestivas. Por ejemplo, faltaron a la cita Juan Schiaretti, Alejandra Torres e Ignacio García Aresca, todos cercanos al gobernador Martín Llaryora. Se esperaban votos negativos de ellos, al menos para el capítulo del FAL.
De los 15 presentes de PU, nueve estuvieron en contra y solo seis a favor. En este entramado talló el santafesino Maximiliano Pullaro. Su exvice y actual titular de la bancada, Gisela Scaglia, respaldó el texto, al igual que el santafesino José Nuñez. Por el contrario, sus coterráneos Esteban Paulón y Pablo Farías bajaron el pulgar. Mismo camino siguió el chubutense Jorge «Loma» Ávila, proveniente del gremialismo petrolero y cercano a Ignacio Torres.
En tanto, el sanjuanino Marcelo Orrego acompañó con los votos positivos de sus dos alfiles en la Cámara baja: Carlos Quiroga y Nancy Picón Martínez, de Producción y Trabajo. Picón Martínez ya había dado señales de su postura, al firmar la convocatoria a sesión.
Se descontaba, por supuesto, el apoyo de los caciques que trabaron alianzas electorales con LLA en sus pagos chicos: Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos). Todos cumplieron con las expectativas del oficialismo.
El peronismo, más aislado
Del otro lado de la arena, los gobernadores del peronismo opositor cerraron filas. Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja), Gildo Insfrán (Formosa), Sergio Ziliotto (La Pampa), Elías Suárez (Santiago del Estero) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur). Antes del debate, publicaron un comunicado conjunto rechazando de plano la reforma laboral. No sirvió de mucho, porque el justicialismo parace tener un piso demasiado bajo para ampliar sus horizontes, al menos en terreno legislativo.
Los gobernadores peronistas no lograron hacer valer su poder de fuego en el Congreso.
El bloque de UP se mostró monolítico y exhibió 91 votos en contra, el total de sus presentes. Hubo solo dos ausencias. El fueguino Agustín Tita, alfil de Melella, y el exgobernador de La Rioja Sergio Casas. En el entorno de Tita aclararon que su faltazo estuvo vinculado a una «situación personal vinculada al estado de salud de un familiar». No trascendieron mayores detalles, en cambio, sobre la situación de Casas.
De esta manera, el Gobierno renovó su idilio con el grueso de los jefes provinciales y se entusiasma con más victorias legislativas. La última gira de Diego Santilli lo llevó a visitar ocho jurisdicciones, que terminaron aportando respaldos clave en el Congreso. El retroceso con los cambios en Ganancias que incluía el proyecto original fue la alfombra para recibirlos. Tampoco extrañaría que en los meses venideros se reactiven obras y otros proyectos de infraestructura a cargo de Nación.
Lejos quedaron el fuego cruzado y los escarceos que encendieron las campañas electorales del 2026. ¿Qué cambió en el medio? La amplia victoria de La Libertad Avanza en octubre pasado. «Ahora la agenda la lleva el Presidente», había admitido, en su derrota, un cacique patagónico tras los comicios. Más allá de la buena sintonía, los mandamases no terminan de decodificar el fenómeno Milei. Muchos, en su fuero íntimo, temen perder el pago chico el año próximo. Y los libertarios afilan los colmillos.





