Huelga ferroviaria golpea a España con servicios mínimos y caos en las estaciones de trenes

El sistema ferroviario España afrontó este lunes una jornada de fuerte conflictividad, con cancelaciones, demoras y escenas de enojo en las principales estaciones del país, luego de que los trabajadores del sector iniciaran una huelga de tres días. La medida de fuerza se activó tras dos accidentes ocurridos a mediados de enero que provocaron 47 muertes y reavivaron los reclamos por el deterioro de la infraestructura y la falta de mantenimiento.
Desde las primeras horas del día, empleados y delegados sindicales se movilizaron en distintas ciudades. En Madrid, durante una protesta, Daniel Hidalgo, vocero ferroviario del sindicato CGT, explicó que los reclamos no son nuevos.
“Llevamos años reivindicando que tiene que haber mayor mantenimiento”, afirmó, y agregó que los trabajadores “están cansados del sistema” y decidieron poner un límite.
Reclamos por inversión y sobrecarga del sistema
En la misma manifestación, Arturo Vega, referente nacional del sindicato CSIF, advirtió sobre el crecimiento sostenido de la demanda sin una inversión acorde. Recordó que hace una década se transportaban unos 10 millones de pasajeros y que hoy la cifra oscila entre 22 y 23 millones, lo que vuelve imprescindible “una mayor inversión en mantenimiento y revisiones”.
Las condiciones provocaron algunos accidentes.
Como establece la legislación española en este tipo de conflictos, el Gobierno fijó servicios mínimos: hasta el 75% de los trenes de corta distancia en horas pico y el 50% el resto del día. Sin embargo, esas previsiones no evitaron las complicaciones.
En la estación de Atocha, en Madrid, la franja más crítica se vivió entre las 7 y las 8 de la mañana. Miles de usuarios que intentaban llegar a la capital o desplazarse hacia los suburbios se encontraron con demoras prolongadas y escasa información. Los andenes se colmaron al punto de que el acceso debió ser regulado por el personal.
Militantes del sindicato Comisiones Obreras repartieron volantes en los que pedían “comprensión y apoyo”, mientras los viajeros mostraban sentimientos encontrados entre la solidaridad y el fastidio por comenzar la semana con dificultades.
“El problema no son hechos aislados: es el resultado de decisiones que priorizaron el recorte y la fragmentación del servicio frente a un ferrocarril público y seguro”, sostenía el texto distribuido por CCOO.
El enojo de los ferroviarios
Entre los pasajeros, las reacciones fueron dispares. Mari Carmen González, de 58 años, intentaba viajar de Madrid a Aranjuez sin éxito. “No he podido salir. No se han respetado los servicios mínimos, me parece vergonzoso”, se quejó.
Distinta fue la mirada de Victoria Bulgier, profesora de inglés que debía trasladarse a Getafe. “Entiendo completamente las razones de la huelga. No deberían trabajar en condiciones que los ponen en peligro”, afirmó.
En Barcelona, la estación de Sants mostraba una postal inusual para un día laborable: menos gente de lo habitual. Israel Fernández, auxiliar de enfermería de 19 años, llevaba dos horas esperando un tren después de trabajar toda la noche. “El servicio está en un momento un poco lamentable, pero al final los que quedamos colgados somos muchos”, resumió.
Una empleada de un puesto de café en la estación, que prefirió no dar su nombre, explicó que el impacto se sentía con claridad. “A esta hora suele haber el doble de gente y hoy no damos abasto”, comentó a uno de sus pocos clientes.
Preocupación por los accidentes
El trasfondo del conflicto es la crisis de seguridad derivada, según los sindicatos, del abandono del mantenimiento. Uno de los episodios clave fue el accidente de Gelida, en Cataluña, donde el derrumbe de un muro de protección de la vía causó la muerte de un maquinista y dejó cinco heridos graves.
Ese hecho obligó a suspender el servicio durante varios días en una región donde unas 400.000 personas utilizan a diario los trenes para entrar y salir de Barcelona. En los días posteriores, los maquinistas de Cercanías se negaron a circular sin garantías de seguridad, una demanda histórica que, aseguran, nunca recibió respuesta.
La tensión se agravó el 18 de enero, cuando dos trenes de alta velocidad descarrilaron y colisionaron cerca de la localidad andaluza de Adamuz. El siniestro dejó 46 muertos, entre ellos uno de los maquinistas, y terminó de encender la protesta.
“Es una situación que veníamos denunciando desde hace mucho tiempo y que, por desgracia, recién ahora empieza a recibir atención”, señaló Pau Mercè, dirigente de CCOO.
España cuenta con la mayor red de alta velocidad por habitante del mundo, un símbolo de modernidad durante años. Sin embargo, ese logro también implica costos elevados: el mantenimiento puede alcanzar los u$s150.000 por kilómetro de vía al año, una cifra que hoy aparece en el centro del debate sobre la sustentabilidad y la seguridad del sistema ferroviario.





