jueves, 13 de junio de 2024

Eleonora Wexler y Guillermo Navarro hablan del thriller «Historias invisibles»

 

En la ficción testimonial del director, la actriz encarna a una madre que busca a su hija de 18 años, secuestrada por una red de trata de personas.

«Un thriller en donde el horror es la realidad». Con esa frase empezó a promocionarse Historias invisibles, la nueva película de Guillermo Navarro interpretada por un elenco que incluye a Eleonora Wexler, Antonella Ferrari, Vanesa González, Pablo Pinto, Pablo Tolosa y Mariano Bertolini, entre otros. El estreno en salas será el 6 de junio y la frase, trágicamente, resulta muy acertada porque la película aborda la problemática de la trata de personas y está inspirada en historias reales que ocurrieron en la Argentina.

Cuando Navarro empezó a escribir el guión no estaba en el país, pero leía en la prensa noticias vinculadas a este tema. Así apareció la idea. La trama plantea dos historias separadas por varios kilómetros que, en algún momento, se unen. Dos chicas son secuestradas por la misma organización: Cecilia (Ferrari) tiene apenas 16 años y viene de una familia pobre de Catamarca, vive con su padre y su hermano y es captada por un novio más grande que ella; Paula, de 18, es una chica de clase media que vive en Mendoza con su madre y es secuestrada violentamente cuando sale de su casa para ir a una consulta médica. Jorge (Tolosa), el padre de Cecilia, pierde la esperanza de encontrarla ante la falta de colaboración de la policía hasta que recibe un llamado de su hija y decide hacer un viaje de 2 mil kilómetros para rescatarla. Graciela (Wexler), la madre de Paula, desde el primer minuto sale a recorrer burdeles y se enfrenta a la violencia que circula en esos antros porque la justicia no responde.

Wexler es madre de una joven de 20 años que al momento de rodar la película tenía 18, es decir, la misma edad que su hija en la ficción. Cuando se le consulta cómo fue encarar este personaje desde lo emocional siendo madre, dice: «En este caso me re costó. Por lo general, suelo separar sin problemas, pero en muchos momentos sentí que podía involucrarme hasta cierto punto porque, más allá de estar muy comprometida, me costaba un montón. Creo que descubrí esto recién cuando me vi. Tengo una hija de la misma edad y era algo inimaginable. Cuando me metí a fondo, entendí que había un límite. ‘Todo bien, pero hasta acá’, pensé. Y también entendí que no podía recurrir a otro lugar porque estaba demasiado cerca».

La actriz comenta que tomó algunos casos reales como disparadores –el de Susana Trimarco y su incansable lucha para conocer el paradero de su hija–, pero aclara que lo que tenía más a mano era «el sentimiento de madre, nada más y nada menos». Wexler define esta producción como una ficción testimonial y agrega que «estas historias tienen un plus, llegan de otra manera y pueden aportar a la educación, porque la idea es que pueda proyectarse en colegios y fundaciones para generar concientización entre las y los adolescentes».

–La película narra historias de dos clases sociales que terminan siendo la misma, porque las complicidades de la Policía y el Poder Judicial empujan a los padres a hacerse cargo de la búsqueda, ¿no?

Eleonora Wexler: –Sí, cuando leí el guión me pareció interesante ver cómo esas personas de diferentes mundos y estratos sociales tenían un punto en común. Son tres historias en las que a los protagonistas les pasa exactamente lo mismo y quedan presos de un sistema de corrupción del que no pueden salir. Mi personaje toma ese dolor y lo convierte en una lucha para poder salvar a otras chicas, transforma la angustia en algo colectivo. Ella es una luchadora y toda la libido está puesta en ese lugar, pero las familias están atravesadas por el mismo dolor.

¿Qué poder tiene la ficción a la hora de abordar estos temas? Por lo general están narrados desde el periodismo, pero acá se trata de un thriller policial.

Guillermo Navarro: –Es extraño porque vengo de una familia de periodistas y en algún momento dije «Quiero hacer ficción». Tuve una etapa en la cual hice varios documentales en campos de refugiados en el Sahara, con niños de la calle en Brasil, cubrí huracanes y desastres naturales. Siempre hubo un amor por la ficción, pero por lo visto esa mirada social se me quedó pegada porque todas las historias que se me ocurrieron hasta ahora tienen algún abordaje social. Estoy tratando de cambiar eso: mi próximo guión será una historia de amor, porque estos son temas muy intensos. Creo que como espectadores nos proyectamos en la pantalla, los personajes nos gustan porque encontramos algo que nos identifica, entonces entramos en ese juego de creer y aceptar la historia que se nos cuenta. Siempre me fascinó eso del arte.

Durante la conferencia de prensa, Navarro contó que al testear el film con espectadores de distintas partes del mundo, algunos le preguntaban si se trataba de la historia de una activista mexicana y otros le mencionaban a una mujer de Tailandia que había liberado a varias chicas de la trata. «Ahí me di cuenta de que esto pasa en todos lados, existen heroínas en todas partes del mundo». Durante la charla con Página/12, agrega: «Lo único que me llamó la atención es que muchas veces la gente se acerca y me pregunta si en la Argentina es tan mala la Justicia y la Policía. No sé bien si acá es más mala o en otros lugares eso se oculta mejor, quizá no quieren verlo. Espero que la película interpele a la gente, incluso a nosotros, quienes no tenemos absolutamente nada que ver y sin embargo permitimos que esto ocurra a la vuelta de la esquina».

Historias invisibles propone un relato con matices: el personaje más interesante para ver esas contradicciones quizás sea el de Ringo (interpretado por Pinto), un proxeneta que al inicio se lo ve interactuando con sus hijas en el rol de padre de familia. También instala debates complejos en relación a la figura del cliente y el abolicionismo. «La película polemiza, deja abierta la posibilidad de que cada uno pueda preguntarse cómo se termina esto, de qué manera. En definitiva, es un negocio y, si se le pone fin, se termina para todos los que están enganchados en ese círculo mafioso», opina Wexler. El director, por su parte, asegura: «Yo no me animo a juzgar a una chica que se dedica a la prostitución porque no tengo la estatura moral para hacerlo. Sí me siento con autoridad para levantar el dedo contra alguien que explota a mujeres u hombres, porque también existe la trata laboral en talleres textiles o plantaciones, pero no es algo que esté tan visibilizado. Que un ser humano se aproveche de otro y lo ubique en una posición de servidumbre para lucrar es algo horrible».

Wexler celebra la proyección y asegura: «Poder estrenar una película hoy es algo que me
da orgullo porque Guillermo lo hizo solo y a pulmón junto a Sofía Toro Pollicino (productora) en el Polo
Audiovisual de Mendoza». Consultada sobre la situación actual del INCAA, responde: «Es muy
preocupante. Seguramente se
puede hacer una revisión de las políticas, pero no desfinanciar y tirar por la
borda todo lo que se construyó en
materia de derechos humanos, política, cultura. Puedo compartir con la conciliación, pero no puedo compartir nada con un
gobierno que propicia la agresión y la violencia».

Fuente: Pagina12

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