domingo, 21 de abril de 2024

Julieta Lande investigó la historia de sus abuelos en el documental «Hemshej» 

 

La cineasta asegura que al desandar los silencios familiares terminó resignificando el modo en que concebía su identidad como judía.

La cineasta Julieta Lande tenía inquietudes sobre sus abuelos desde pequeña. En 2014 se inscribió a un taller de escritura y comenzó a trabajar con una serie de fotos de sus abuelos en su pueblo polaco antes de que tuvieran que abandonarlo por la Segunda Guerra Mundial. «Eran fotos que me parecían muy atípicas. No sabía mucho de su historia y empecé a escribir alrededor de esas fotos», cuenta Lande. Después de ese trabajo de escritura, se dio cuenta de que lo que estaba haciendo podía tomar la forma de una película documental. El resultado es Hemshej, documental que se estrena el próximo jueves 4 en salas.

En 1939 Joel y Jana escaparon de su pueblo en Polonia por la llegada de los nazis, convirtiéndose en los únicos sobrevivientes de su familia. En la Argentina, tuvieron un hijo al que apodaron Hemshej, una palabra que en ídish y hebreo que significa continuidad. Hoy,  Julieta decide desandar sus pasos para entender qué hay detrás del silencio de su padre. Comienza a sospechar que hay una parte de su propia historia que le fue omitida.

Julieta Lande es Licenciada en Artes Combinadas de la Universidad de Buenos Aires y posee un Máster en Investigación en Prácticas Artísticas y Visuales de la Universidad de Castilla-La Mancha, como becaria de la Fundación Carolina de España. En 2022, participó del Programa de Cine de la Universidad Torcuato Di Tella. Realizó obras de video e instalaciones exhibidas internacionalmente, entre ellas el cortometraje Arjiv (2021). Su ópera prima, Hemshej, fue estrenada en el Doc Buenos Aires.

«Yo viajé a Polonia en 2012 en el contexto de un viaje educativo. Tuve la oportunidad de visitar los campos de concentración y exterminio. Era un viaje que te contaba distintos aspectos de la historia de los judíos antes, durante y después de la guerra. Y cuando volví, sentí que había participado de esa experiencia y que había aprendido sobre esa historia, pero que me faltaba saber de la historia propia», relata la directora. «Estaba el germen de saber más sobre la propia historia familiar. Me pareció un poco contradictorio que en los mandatos de la identidad judía está el inculcar querer saber sobre la memoria del Holocausto, pero cuando preguntaba por la historia de mis abuelos, no sabía nada. Entonces, el viaje ayudó a poner más sobre la mesa esto de ‘están diciendo que esta historia es importante, pero ¿qué pasa con la historia familiar?’. Eso confluyó también con el querer trabajar con esas fotos y de avanzar con la película después», afirma Lande.

-¿La idea fue desandar el camino de los secretos familiares?

-Más que secretos, de los silencios. Había algo que sentía: había como una carga de ese pasado que no se ponía mucho en palabras. Por un lado, tanto en el plano familiar como, por otro lado, en el plano educativo institucional. En la escuela venía escuchando siempre de chica ese mandato, pero sentía, de alguna forma, que en la narrativa que recibía también en la escuela, revisándola de adulta, hubo omisiones de nuestra historia o de cómo se terminó construyendo mi identidad judía.

-¿De qué manera se resignificó tu identidad como judía?

-El proceso que hice a lo largo de la película tuvo un arco en mi propia transformación personal. Empecé haciéndome una pregunta sobre la historia de mis abuelos y, en un primer momento, pensé que la película se trataba de ellos, de esa historia. Y en el proceso fui entendiendo que esa historia la tenía que contar desde mi punto de vista y, por otro lado, que la película sobre su propia identidad llevaba necesariamente a preguntarme sobre la mía. Fue ahí que empecé a hurgar en ciertos recuerdos, tener conversaciones con otras personas de mi familia y con otras personas que habían tenido una educación parecida a la mía. También empecé a ver unos VHS que tenía de mi escuela primaria. Y traté de entender un poco más cómo esa identidad que se había ido construyendo en un contexto determinado había sido conformada. Y me hice algunas preguntas que tenían que ver el Estado de Israel y la narrativa que me enseñaron también sobre el mismo en relación a cómo yo concebía esa identidad judía.

-¿Por eso es que señalás que cambió tu identidad en términos políticos y afectivos?

-Claro. No sé si cambió, sino que empezó a transformarse. Me hice preguntas que no me había hecho antes, que tenían que ver justamente con la historia que me contaron de la creación del Estado de Israel y su historia, no sólo de la creación. Y tuve algunas preguntas que me fueron despertando: ¿qué otra historia hay del otro lado? En la escuela o en las cosas que fui escuchando de chica, había cosas que quedaban afuera, como todo relato institucional. Entonces, cuando empecé a hacerme algunas preguntas porque sentía que había un tema: que la guerra estaba siempre presente. No solo era la historia de mis abuelos, sino en la actualidad. Yo me crié en los ’90 en la Argentina escuchando cosas de muy chica con el tema de los atentados a la AMIA y a la Embajada de Israel, entendiendo como que siempre teníamos una amenaza encima, pero sin entender del todo por qué pasa eso, qué implicó también el nacimiento del Estado de Israel en esa región, qué implicó para el pueblo palestino, cómo se moldeó la identidad judía a partir del Estado de Israel. De alguna forma, esa identidad israelí tomó más lugar por sobre la identidad judía. Fueron un montón de preguntas que fueron apareciendo.

-¿De qué manera pensás el Estado de Israel de la actualidad?¿Te sentís representada?

-La verdad es que, en este contexto, es muy difícil sentirse representada por las decisiones que toma el gobierno israelí. Es un momento muy bisagra. Lo que está pasando es terrible. No solamente es terrible el atentado que realizó Hamas en Israel a partir del 7 de octubre sino también la respuesta israelí en Gaza. En este momento, es muy difícil poder dar opiniones sin que queden puestas en un lugar de los extremos. Uno puede condenar lo que pasó con Hamas y también puede condenar lo que haciendo Israel, no solo en Gaza sino también en Cisjordania, la ocupación de los territorios. Y, en un punto, como judía que vive en la diáspora me hago esas preguntas porque justamente hay algo, como comentaba antes, de que la identidad judía está muy atravesada por el Estado de Israel. Venimos de una historia que nos habla de la opresión de un pueblo y por lo menos yo tengo el deseo de que deje de existir hoy esa opresión.

Fuente: Pagina12

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