miércoles, 24 de abril de 2024

«Ghostbusters: Apocalipsis fantasma», el mal uso de la nostalgia

 

Ghostbusters: Apocalipsis fantasma 4 puntos 

Ghostbusters: Frozen Empire, Estados Unidos, 2024 

Dirección: Gil Kenan 

Guion: Jason Reitman y Gil Kenan 

Duración: 115 minutos 

Intérpretes: Mackenna Grace, Paul Rudd, Carrie Coon, Finn Woolfhard, Dan Aykroyd, Ernie Hudson, Bill Murray, Annie Potts, Kumail Nanjiani. 

Estreno: Disponible en salas.

Desde su origen, el cine se debate entre su doble naturaleza de ser al mismo tiempo arte y negocio. Algunas veces la sinergia entre esas genealogías da a luz obras inolvidables, pero hay otras en las que el vínculo termina a las patadas, como si se tratara de dos ADN incompatibles. Ghostbusters: Apocalipsis fantasma, última encarnación de la saga que alguna vez se llamó Cazafantasmas, resulta una muestra cabal de esto último. 

¿De qué trata esta quinta entrega de la serie cinematográfica nacida con el estreno de Cazafantasmas, título ineludible de la cultura pop de los ’80? Ese es uno de los problemas: no importa de qué trata. Primero porque, aun incluyendo algunos elementos nuevos, la película no realiza ninguna contribución nuclear al universo alimentado por las cuatro anteriores (la citada de 1984; su secuela directa de 1989; el reboot en clave femenina de 2016 y la última de 2021, que vuelve a entroncar con el linaje original). 

Luego, incluso aquello que pueda resultar un aporte no lo es tanto en el plano de lo narrativo o lo estético, sino que más bien tiene que ver con la decisión de acumular la mayor cantidad de puntos de la agenda políticamente correcta. Decisión que tampoco parece ser una declaración de principios sincera, sino un recurso comercial que por un lado busca evitar críticas provenientes de las llamadas «minorías» y, al mismo tiempo, ampliar lo más posible las aspiraciones multitarget, objetivo básico de cualquier superproducción. 

Claro que los problemas más serios de Ghostbusters: Apocalipsis fantasma no provienen de ahí. Poco importa que el elenco se parezca a una de las clásicas publicidades de Benetton en lo ’90. Tampoco que la trama incluya a una adolescente que transita una sexualidad divergente. Todo eso podría seguir ahí y la película ser extraordinaria. Las grietas de la quinta entrega de la saga -cuyo título vaya a saber por qué dejó de expresarse en castellano- tienen su raíz en cuestiones estrictamente cinematográficas y son ellas las que revelan que todo lo anterior es mera pose.

Acá hay un mal uso de la nostalgia, personajes chatos como el Coyote después de la aplanadora, abuso del CGI y la enésima versión del fin del mundo en Nueva York. Pero tan básica que da lo mismo si sus protagonistas son cazafantasmas, superhéroes luchando contra Thanos o bomberos rescatando a los sobrevivientes de un tsunami provocado por extraterrestres. Por último, se trata de una historia que en 1984 podría haber funcionado, pero 40 años después los espectadores están en todo su derecho de exigirle a sus responsables, tanto desde lo comercial como desde lo artístico, algo más de ingenio. Y, por qué no, también dignidad.

Fuente: Pagina12

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