lunes, 22 de abril de 2024

La paradoja de Kristen Stewart: cuanto más «outsider» quiere ser, se torna más popular

 

Mientras la actriz se prepara para interpretar a Susan Sontag, el thriller noir de Rose Glass tuvo su estreno en la Berlinale.

En el comienzo de Love Lies Bleeding, Kristen Stewart intenta desbloquear un inodoro. Es un espectáculo realmente asqueroso cuando ella mete su mano en la taza – sombras del «peor inodoro de Escocia» de Trainspotting. Pero hace poco, en 2021, Stewart interpretaba a la realeza como una atormentada princesa Diana en Spencer. Pero Love Lies Bleeding lo deja en claro: ella todavía no tiene miedo de ensuciarse las manos. 

Dirigido por Rose Glass, el nuevo film es un sarpado thriller noir lésbico ambientado en los ’80. La exestrella de Crepúsculo interpreta a Lou, la manager descuidada manager de un gimnasio de Nuevo México que fuma un cigarrillo tras otro. En la película, Lou rápidamente se enamora de Jackie (Katy O’Brian), una joven homeless levantadora de pesas. Se convierten en amantes y en compañeras de diabluras, pero se enfrentan con dos hombres completamente repulsivos: el padre de Lou, psicótico y obsesionado con los insectos (un Ed Harris de pelo lacio), quien maneja el polígono de tiro local, y su sórdido cuñado (Dave Franco), que golpea a su esposa. Probablemente sea la performance más audaz en la carrera de Stewart a la fecha, y la película en sí es vigorizante, oscuramente graciosa y llena de sexo y violencia.

Pero, otra vez, Stewart ha recorrido un largo camino desde la mujer a la que en un momento se refirieron como «la actriz más odiada del mundo». El apodo se diseminó después de su poco natural papel como Bella Swan en la saga de Crepúsculo, cuando algunas fans adolescentes se volvieron en su contra debido a su relación con su coestrella Robert Pattinson. Fue criticada por verse «taciturna» y «desagradecida» en la alfombra roja, y luego fue más atacada por pivotear hacia películas independientes oscuras y supuestamente pretenciosas (Welcome to the Rileys; Personal Shopper). Sin embargo, con el paso de los años quedó en claro que ella era genuina. 

Cuando Stewart entró a los saltitos al escenario del Verti Music Hall después de la premiere de Love Lies Bleeding en Berlín, el público pareció fascinado por su rebeldía juguetona. «Tuve una sensación con una persona», se entusiasmó Stewart, explicando por qué tenía tantas ganas de trabajar con Glass, una joven directora británica cuyo único antecedente era la sórdida película de horror Saint Maud  (2019). La actriz amó el film y reconoció a Glass como un espíritu afín que compartía sus instintos anárquicos. 

Después de pasar buena parte de su carrera en Hollywood interpretando a «personas aspiracionales en las que en realidad no creo», Stewart también estaba claramente encantada de hacerse cargo de un personaje tan roñoso y franco como Lou, en una película que originalmente iba a llamarse Macho Sluts. «Para mí, sencillamente era muy obvio que Kristen estaría fantástica como una versión actualizadad del antihéroe melancólico de un film noir al que atormenta su pasado», dijo Glass. 

Stewart transmite una sensación de imprudente desenfreno en Love Lies Bleeding que tipifica su forma de encarar la actuación cinematográfica en años recientes. En la película, Stewart no se opone a nada, ya sea el sexo explícito o los momentos en los que se le pide que limpie después de asesinatos violentos. Se la ve pasando un trapo pacientemente para sacar la sangre de portarretratos y sacando con un hisopo los pedacitos de carne y cerebro que se quedaron pegados al techo.  

Sin embargo, no todo es sangre y vísceras: Stewart también muestra un agradable sentido del timing de comedia. Sabe cómo hablar sin expresión, como con su gato robaescena o cuando cuando trata de sacarse de encima a su insegura exnovia y compañera de trabajo Daisy (Anna Baryshnikov).

El marketing para la película ha sido igual de osado. Stewart aparece en una pose provocadora en la edición actual de Rolling Stone, mirando desafiantemente a cámara y agarrándose la entrepierna de su suspensor. La imagen causó furia entre los estadounidenses más mojigatos; la propia Rolling Stone se ha jactado de que los derechistas están «aterrados» con la nota de tapa de Stewart.

Al explicar la idea detrás de la pose, Stewart remarcó alegremente: «Ahora quiero hacer la cosa más fucking gay que hayas visto en tu vida. Si pudiera dejarme un pequeño bigote, si pudiera hacerme crecer un fucking rastro feliz y desabrochar mis pantalones, lo haría». 

«La existencia del cuerpo femenino expresando cualquier clase de sexualidad que no haya sido exclusivamente diseñada para o deseada por los varones cis heterosexuales no es algo con lo que algunas personas se sientan súper confortables, así que estoy muy feliz con esa imagen», dijo más tarde la actriz queer defendiendo la seción. 

Desde Jane Fonda en su fase «Hanoi Jane», ninguna estrella de Hollywood había adoptado un enfoque tan subversivo para la industria al promocionar sus propias películas. Stewart, a quien pronto se verá como la escritora y filósofa feminista Susan Sontag en una nueva biopic, está usando su propia fama para abogar por «una nueva era de films queer».

A menudo, cuando figuras mainstream comienzan a cuestionar a la maquinaria hollywoodense, muy rápidamente sienten las consecuencias. Las carreras tropiezan. En casos trágicos, pueden terminar como Jean Seberg (a quien Stewart interpretó en la película Seberg, de 2019), muriendo como figuras marginalizadas y casi olvidadas. Cuando Fonda hizo campaña contra la Guerra de Vietnam a principios de los ’70, fue acusada de traición y se convirtió en objeto de rabia indignada en Estados Unidos. 

Stewart conoce muy bien cómo sortear una respuesta negativa. Y, crucialmente, nunca ha perdido realmente su atracción popular: cuando elige hacer films independientes no convencionales, de inmediato se hace más fácil para esas películas conseguir financiación. Es por eso que las compañías más aventureras quieren trabajar con ella. (Love Lies Bleeding fue hecha a través de las británicas Film4 y A24, cuyos otros créditos recientes incuyen la apirante al Oscar The Zone of Interest y la película de lucha de Zac Efron The Iron Claw). Rose pudo hacer una película grande, enorme. ¡Vamos! ¡Está buenísimo!», dijo Stewart en Berlín. Estaba encantada por su ayuda a que la joven directora británica pudiera hacer despegar un proyecto tan improbable.

El público en la premiere en Berlín claramente adoró a Stewart. Igual sucedió con los organizadores del festival. El año pasado, ella fue la presidenta del jurado -y fue crucial para darle el Oso de Oro, el premio más importante de la Berlinale, a On the Adamant, un documental francés de bajo presupuesto sobre un hospital de salud mental. 

El discurso de la estrella al entregarle a Nicolas Philbert, el director del documental, un premio que nunca esperó ganar fue una Stewart vintage – un monólogo inconexo sobre cómo se define el arte, a quién se le permite «hacerlo» y por qué es tan importante empujar los límites. Citó a todo el mundo, desde Aristóteles y Roland Barthes hasta el pueril dibujo animado Beavis and Butt-Head. Y concluyó repentinamente diciendo que cuando algo es bueno, «simplemente lo sabés cuando lo ves». Es una frase que aplica a ella al igual que a cualquiera. 

En su perfil, Rolling Stone captó una paradoja sobre Stewart: ella es la «elección natural para roles contraculturales» pero también tiene la «habilidad de hacer que sus personajes parezcan contraculturales por el mero hecho de que ella los interpreta».

Pero habría que agregar otra paradoja: cuanto más intenta Stewart ser una outsider, más popular parece volverse. Ya sea que interprete a una manager de gimnasio cubierta de sangre o a una princesa, de algún modo siempre termina con el público de su lado.

The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Fuente: Pagina12

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