Espectáculos

‘Tenemos la argentinidad recargada después del Mundial’

Foto: Diego Izquierdo

Protagonistas de la comedia dramática «Laponia», Héctor Díaz y Paula Ransenberg se sumaron a la temporada teatral de verano en Mar del Plata, con una gran repercusión en el «boca a boca» del público que quedó maravillado de ver una obra que se presenta como un espejo donde se reflejan las costumbres de los argentinos.

«Tenemos la argentinidad recargada después del Mundial», coinciden los actores, en diálogo con Télam, en relación con la obra donde una pareja viaja a Finlandia para pasar las fiestas de Navidad en la casa de la hermana de una las protagonistas y eso detona una serie de tensiones y cuentas pendientes.

Protagonizada por Ransenberg, Díaz, Jorge Suárez y Laura Oliva, en «Laponia» dos parejas contraponen dos maneras de educar a los hijos totalmente opuestas, debaten sobre la verdad y la mentira, las tradiciones, los valores familiares, e inevitablemente salen a la luz secretos del pasado que nadie quería desenterrar.

Además de tomar parte del elenco de la obra dirigida por Nelson Valente y con funciones en el teatro Bristol, de miércoles a domingo, Ransenberg y Díaz también participaron del elenco de «Argentina, 1985», la película de Santiago Mitre, nominada al Oscar.

– ¿Cómo fue la repercusión de «Laponia» durante la temporada?
– Héctor Díaz: Tenemos una buena temporada, arrancamos un poco por debajo de nuestras expectativas pero es una obra muy noble que tiene un boca a boca excelente y eso hizo que a partir de la segunda semana creciera, siempre con la ayuda y acompañamiento de nuestro productor Sebastián Blutrach.

– ¿Cuáles son las temáticas de la obra?
– Paula Rasenberg: La obra tiene un arco que va desde la diferencia entre los argentinos y los finlandeses, la forma de criar a los hijos, la forma de entender temas como la verdad, y cuestiones de idiosincrasia o la forma de comportarse en sociedad. Provoca un efecto muy hilarante, se ríen mucho. Y a medida que se va pelando la cebolla, cuando empiezan a aparecer capas más íntimas de los personajes, y se empiezan a develar sus zonas más emotivas, sus carencias y dolores, y también lo que los une a los otros, el público comienza a identificarse y empiezan a escucharse algunos llantos en la platea. El aplauso final siempre es muy emotivo. Queda una sensación de mucha comunión con lo que está pasando. Muchos nos esperan para saludarnos y contarnos de sus vínculos de hermanos o pareja.

– Esos vínculos familiares que recrean, ¿los interpelan en su vida?
– HD: A veces es inevitable, en estos procesos hay cosas que impregnan. Yo fui padre hace 3 años y me reflejo mucho en esa zona. La obra se ocupa de bucear en ese mundo, entre lo mágico y lo racional, habla por ejemplo de las auroras boreales, donde se cruza el efecto de lo mágico con algo puramente científico. Me parece que la obra tiene un valor como dramaturgia que es esa vuelta que pega hacia lo interior, ingresa en lo personal pero muy naturalmente. La obra se mete cerca de los corazones, cuenta un tema muy simple pero de un modo único.

– ¿Qué les pasó como actores con esta obra?
– HD: A mí me dio un fuerte nivel de confianza en el trabajo en equipo. Ahora tengo mucha seguridad como actor. Sé que estoy descansado en ellos, porque la misma obra lo pide al ser muy coral. Hay dos personas debatiendo frontalmente sus ideas, nosotros tratando de moderar y luego haciendo catarsis de lo propio. Tuvimos que entrenar las antenas de los cuatro para saber en qué están los demás y sumarnos a eso. El objetivo es que el espectador vea lo que está pasando en esa casa como a través de una cerradura.

– PR: El teatro siempre es colectivo y es un juego que se hace en grupo. Más allá de las inquietudes particulares, cuando uno crece, crece todo, como en el amor. Es una sinergia positiva. Hay reacciones naturales del público que tenemos que recibir muy atentos, si hablo encima de una carcajada no se va a entender. Tenemos que hacer de cada pausa por una risa o algún «uhhh», algo natural.

Foto Diego Izquierdo
Foto: Diego Izquierdo

– ¿Fueron moldeando la obra con esas reacciones del público?
– HD: Exacto, fue el público el que nos dio la clave en un montón de cosas que no hubiésemos descubierto de otra manera. Son ellos los que dan la puntada final del espectáculo.

– La obra puede ser leída como un elogio a la argentinidad. ¿Lo incentivó la obtención de la Copa del Mundo de fútbol, en Qatar?
– PR: Obviamente sí, es todo distinto y más cercano. Tenemos la argentinidad recargada después del Mundial. Me gusta ese tipo de lectura pero me inclino más por la que celebra el encuentro. Yo soy de ascendencia judío-alemana y me tocó vivir con gente muy distinta, eso me identifica, en aprender a conocer sin juzgar. El personaje de Olavi (Suárez) se ve primero como un duro y después como alguien totalmente querible. Creo que todos somos parecidos, queremos que nos quieran, que nos valoren y nos respeten.

– HD: Podemos hablar de las diferencias y nos genera gracia como cuando se cae alguien en la calle, pero el texto trabaja de forma muy sofisticada los estereotipos para permitirnos dar ese giro del final que sorprende a todos.

Foto Diego Izquierdo
Foto: Diego Izquierdo

– ¿Creen que después de la pandemia la relación del público con el teatro cambió?
– HD: Fue tan oscuro el período de la pandemia que cualquier cosa que uno ahora pueda analizar la va a sentir como más potente o mejor.

– PR: Por suerte somos animales de costumbre, decíamos no nos íbamos a volver a besar y ahora te agarran más fuerte y te dan un beso. Por suerte volvimos a los besos y los abrazos.

– ¿Hicieron teatro por streaming?
– HD: Hicimos todo lo que pudimos para sobrevivir, entre esas cosas los streaming.

– PR: Hacer ese tipo de puestas era como ponerse una máscara abajo del agua y respirar por una pajita para no morirse. Recuerdo mis primeros ensayos «presenciales» y me parecía increíble todo lo que hacían mis compañeros, me reía más de lo que me reía antes y me emocionaba mucho más. 

Paula Rasenberg y Héctor Díaz cuentan secretos del rodaje de «Argentina, 1985»

Paula Rasenberg y Héctor Díaz son dos de los cuatros protagonistas de «Laponia», la comedia dramática que viajó de Buenos Aires para hacer temporada en el teatro Bristol de Mar del Plata, pero además tienen la particularidad de haber sido parte del gran éxito cinematográfico del año, «Argentina, 1985», que viene de obtener el premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana, es candidata en los Bafta británicos que se entregan mañana y continúa con expectativas su carrera hacia los Oscar.

– ¿Cómo afectó la pandemia el rodaje de «Argentina, 1985»?
– PR: Muchísimo, nos hisopaban todos los días, comíamos en unas mesas separadas por unos paneles, como los que dividen las cajas de los bancos, y estaba todo organizado para que coman primero los actores y después el equipo técnico. Cuando en los rodajes uno se acostumbra a entremezclarse, a sentarse donde quiera. Y te ponían un cartel de «libre» o una cruz para que sepas si ese lugar ya había sido completamente desinfectado y habían vuelto a poner la mesa para que se siente otra persona. Estábamos con doble barbijo hasta la toma, que recién ahí nos los podíamos sacar.

– HD: Comíamos enfrentados como si fuera una cárcel. Nosotros podíamos sacarnos el barbijo en las escenas pero el equipo técnico no lo hacía prácticamente nunca. Hace poco apareció una persona y me dijo «yo trabajé con vos», le pregunté dónde había sido y fue en «1985», pero como lo vi siempre tapado completé su cara de una manera distinta.

– ¿Eso le dio algo de épico a la filmación o los condicionó?
– PR: Nos dijimos entre todos nosotros «vamos a hacerla». Empezamos a filmar en julio o agosto de 2021 y nos propusimos que no se enferme nadie. Además, nos decían, cuando terminaban las jornadas, cuídense, no vayan a jodas, porque esto es algo que no se puede frenar.

– ¿Hubo contagios en el equipo?
– HD: Al comienzo pasó con alguien del equipo técnico y lo reemplazaron. Pero había siempre una gran tensión, porque frenar era un problemón para volver a hacer funcionar ese elefante. En Tribunales estaban en período de feria y había que filmar en ese momento porque después iba a ser muy conflictivo. Los productores se la pasaban rezando.

– ¿Qué es lo más valioso que dejó la película en la sociedad argentina?
– PR: Lo que pasa con la gente es el premio mayor, que se paren en los cines a aplaudir el «Nunca más», que se pase en las escuelas, que la gente más joven se ponga a hablar de cosas que nunca habló. Transformar esa información que todos tenemos en algo concreto, palpable, y ponerte a pensar «el tipo que hizo el juicio tenía familia y miedo de hacer eso», es muy importante. Que todo esto haya tenido tanta repercusión en Argentina y, en el buen sentido del término, que le pegue a la gente y ponga luz a ese momento tan horroroso, negro y oscuro, ese es para mí el premio.

– Hay una valoración casi ecuménica.
– HD: Creo que coincidió con el espíritu futbolero del Mundial, que produjo ese efecto de reunión entre diferentes. Desagrietó algo en un sentido y nos puso a todos del mismo lado, sabiendo que las diferencias, aunque sean irreconciliables, nos hicieron en esa ocasión pensar como un organismo único. Todos padecimos la dictadura y todos salimos de ella.

– PR: Después de los juicios de Núremberg fue lo más importante, por eso es muy valioso que la película haya permitido que se pueda transitar ese período y valorarlo de otra manera.

– ¿En qué momento se dieron cuenta que iba a ser una película que pasaría a la historia?
– HD: Desde la primera lectura del guion, que me atrapó. Había trabajado con Santiago Mitre pero no con Mariano Llinás, y hay algo de esa escritura que lograron que te agarra de un tirón. Sin embargo, hay zonas de la película muy bien logradas, de tomar cierto aire en lo familiar y el humor. Se puede contar una historia de esa naturaleza con esos guiños porque así es la vida. Había dictadura pero le gente también vivía. En la vida hay ocurrencias, pasajes de comedia, personajes patéticos o irónicos, la vida sigue en todos los planos. En épocas terroríficas como la que cuenta la película, o en la Primera o Segunda Guerra Mundial. Fuimos a una muestra de Ana Frank, en el Unzué (de Mar del Plata), donde se muestra eso también. Que la vida sigue latiendo.

– ¿Qué otras cosas los sorprendieron de la película en su etapa inicial?
– PR: Me sorprendió el casting, cómo lo hicieron y todo lo que pasaba con los «fiscalitos», esa pluralidad diferente que tenía, la que era troska, sus compañeros, ese grupo nos encantó a todos. Algo que es maravilloso es que no eran actores conocidos y es algo que yo celebro como espectadora y me ayuda a sumergirme en la ficción.

– HD: La producción y el casting fue espectacular. La hermana de Santiago (Mariana Mitre), que fue directora de casting, hizo un trabajo buenísimo y cuando me nombraron en el elenco y me comentaron quienes iban a estar flasheé porque armaron un elenco/familia. Muchas personas que participan de la película son gente con la que tengo contacto, vinculados al teatro, o que trabajamos juntos. No fueron, por suerte, en una dirección más espectacular y entendieron que la vedette tenía que ser la historia.

Fuente: Telam

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